- Obituario Robert Frank, el mejor espía de América
- Errante en la Sombra Revista Ajoblanco, 1994
Me hizo gracia: ante el Reina Sofía, en la plaza de siempre (descubro que se llama plaza Juan Goytisolo), se reúne ahora la misma gente que siempre ha poblado la explanada del Macba en Barcelona: los skaters, los futbolistas en chanclas, las fumadoras que se arriman al museo para embellecer sus pellas... En Barcelona, hace años, su imagen me resultó atractiva, como de película de Larry Clark. Luego, hubo un momento en el que los pelotazos dieron miedo. En Madrid, ahora, los chicos de la Plaza Juan Goytisolo parecen ensimismados. No intimidan pero dejan desasosiego. En realidad, tampoco creo que ellos disfruten mucho de su far niente.
Yo fui bastante al Macba, mucho más que al MNAC. Una vez viajé a Barcelona sólo para ver una exposición de Robert Frank y allí encontré a un amigo madrileño a quien jamás hubiera esperado ver. Aquel día, el Macba exponía también una de esas muestras/ensayo sobre la «intersección» entre contracultura y política en «el Estado español». Busco y veo que se llamaba Desacuerdos y que sintetizaba el estilo y el éxito del Macba de Manuel Borja-Villel. Había un televisor que emitía vídeos de Kortatu y había fanzines como los que ojeaba yo en COU, sin pillarles bien la gracia. Da igual: había gente también, ¡había público! Si alguien dice que aquella exposición fue woke antes del woke, me parecerá bien. Pero, pese a todo lo que hoy suena a tópico, disfruté mucho en aquel día que fue de tormenta y no estuve solo, que conste.
20 años después, aún me dejo caer, un poco por inercia, por el Macba y veo a algunos turistas, no muchos, vagabundeando por salas que, en vez de cuadros, muestran fotocopias con mensajes del tipo «1984 is now». En la última visita, un poco hastiado, di con un Tàpies solitario y pensé que, qué bien, una pintura al fin. Que esto conste también: Tàpies me parece bien, és clar, pero no es el pintor con el que fantaseo.
De modo que los skaters no entraron nunca al Macba y está por ver que lo hagan en el Reina. Lo pensé en agosto, al leer que Donald Trump ordenaba «liberar» de arte woke los museos de Washington DC. La noticia me encontró en Barcelona, precisamente, dudando si ir o no a la muestra de Borja-Villel en el Pabellón Victoria Eugenia, el spin-off de su Macba. Es «la exposición más woke del mundo», se ha escrito y, al final, no fui. Hacía calor, el sitio quedaba a desmano, iba justo de tiempo para el tren... Fui perezoso y no debo hacer juicios aunque creo que hay un hecho cierto: poca gente va. ¿Qué decir? La melancolía del arte contemporáneo, su desconexión con el público, es un hecho conocido y complejo que no sólo ocurre en Barcelona y que no sólo se explica con frases como «la gente odia el woke», que, en el fondo, son autocompasivas. La gente no odia trumpianamente, más bien se aburrido.



