- Llama la atención este tema ‘buenrollero’, como de anuncio veraniego de cervecita.
- Tampoco es ninguna ficción en mí. Nunca he sido un tipo de decir cosas con músicas muy agresivas o muy disonantes.
- La canción habla de que nos gustaría ser de otra manera.
- Nos hacen creer que queremos otras cosas. Pero en el fondo queremos eso: Queremos ser un poquito más listos, un poquito más fuertes, un poquito más constantes. Pero bueno, todo va bien. No cuesta mucho. Tampoco creo que sea muy original en eso.
- ¿Por qué compramos esa burra?
- Si lo quieres comprar es que no te va bien algo. Lo que está claro es que muchas veces la vida de los demás es maravillosa. Y tendemos a pensarlo con mucha facilidad cuando nos lo dicen: Mira la casa donde vive y el curro que tiene... Sí, me ha convencido. No sólo eso, sino que creo que también sucede que las vidas que no has vivido son fantásticas. Si hubiera dicho aquello ahora estaría de puta madre. Si me hubiese quedado con esa pava... Y además tenemos ese pequeño orgullo de "yo habría podido cobrar mucha pasta". Todo lo que no somos y todo lo que no hemos hecho puede ser estupendo en la imaginación.
- Se ha montado una interesante con lo que dijo de las herencias. ¿Qué le parece que la gente se tome tan en serio lo que usted dice?
- No sé hacer otra cosa. Y soy así. Hago lo que hago, pienso lo que pienso y hago las canciones y los espectáculos que hago... Sí que sucede que a veces hay gente que le da mucha importancia a cosas que yo no le doy. Y cuando suelto una opinión, como le da tanta importancia, se cree que soy su enemigo o algo. Cuando, insisto, yo no le doy la más mínima importancia. Además, tampoco considero que me haya perdido nada que yo hubiera querido.
- Aunque no le dé importancia, ¿siente algo con la reacción?
- A veces me sorprende. Vivo en un mundo donde el 80% de la humanidad sigue creyendo que existe Dios. Vivo en un país donde a la gente le parece normal el Rey... No es que me parezca una barbaridad, pero me llama la atención que no se cuestionen cosas evidentes. De repente te das cuenta, joder, de que hay una mayoría de gente que piensa cosas que tú no piensas. Y es chocante.
- ¿Algo más?
- Con lo del catalán y el castellano pasa lo mismo. Yo lo vivo con mucha normalidad. Y desde aquí, en España, a veces se ve como una cuestión política. El otro día escuché una entrevista a Bardem, que decía algo así: "Me gusta Estados Unidos, me han tratado de puta madre, son una gente fantástica, pero me gusta ir a mi casa y hablar con mi gente en mi idioma". Y creo que es una cosa muy normal.
- ¿Siente que ha perdido algo por decir lo que pensaba?
- La primera canción que canté ya vi que de esos diez que estaban ahí había una persona que más o menos le gustaba y otra que había conseguido escucharme aunque todavía no entendía muy bien. Y los otros ocho... A mí eso me daba mucho porque hay millones de personas en el mundo. Y me ha permitido cantar, e ir a teatros, y poder hacer discos. No he renunciado a nada, he trabajado siempre con quien he querido. Me considero afortunado. No quiero que Feijóo diga que le encanto, ni quiero trabajar con Bad Bunny.
- ¿Cómo ve que la industria de la música se sostenga en las redes sociales?
- Es promoción. Instagram es como colgar pósteres en Madrid cuando vienes a cantar.
- ¿Qué le parece vivir en una sociedad dominada por el móvil?
- Me parece estupendo. Son los mismos que antes se pasaban el día mirando la tele y mirando el periódico. La gente, con tal de no pensar es capaz de todo. Si me pasa a mí también... Estoy encantado de la vida. Además me gusta mucho ir en el tren y que todo el mundo esté mirando el móvil. Así soy yo el único que miro el paisaje... Lo siento más mío.
- ¿Pero no cree que está afectando a las relaciones humanas, sobre todo entre los jóvenes?
- Quiero decir que me importa un pito. Me parece que las relaciones humanas siempre han sido un desastre; demostrado está. Y me gusta todo lo que hagan los jóvenes. Me gustan los traperos. Me gusta que un chaval de 18 años me suelte un rollo de 5 minutos, aunque no me interese el tema. Me gusta que se relacionen por el móvil. Me gustan todas las cosas que aparentemente me dan miedo porque no las entiendo. Me encanta. Y me acuerdo de que cuando era joven la gente mayor tenía miedo. Y lo de: "Es que los jóvenes...". Como si fueran una raza.
- Cierto.
- Por otra parte, es un mundo muy anciano. Que yo, o que tíos de 50, 60 o 70 años, políticos muchos de ellos, siempre estén hablando de lo preocupados que están por la juventud. Pero si te vas a morir mañana, imbécil, retírate ya, que no entiendes nada. Si no lo entiendes, al menos ten la humildad de callarte. Eres un viejo inculto, tú que pensabas que lo sabías todo y resulta que no sabes nada. En definitiva, los jóvenes y el móvil no me preocupan. Me preocupa que yo no sea joven y que no tenga móvil.
- ¿Cómo entiende usted el acto de colaborar con otros músicos como, en este caso, Kase.O?
- Tenemos una amistad de hace muchos años, hemos intentado hacer cosas muchas veces. Y a veces llega el momento y a veces no. Sí que es cierto que ahora ya forma parte de la promoción. Lo más probable es que si vas a una casa de discos y presentas una canción te digan: "La podrías cantar con...". Porque él tiene muchos ‘followers’ y vas a ganar... Y se ha convertido también en algo de marketing, de aprovechar fuerzas no sé para qué... Para doblar público. He trabajado con Fermín Muguruza, o con Pascal Comelade, o con Tortell Poltrona. Y yo lo he vivido como algo hermoso, de amistad y de admiración.
- ¿Y el componer en solitario?
- Cuando haces una canción es entre un placer y una lucha. Una cosa guapa. Siempre que hablamos de canciones son momentos bonitos lo que te da la profesión. Pero el subidón de tener una canción unos meses aquí dentro. Fua, eso es mi vida. Todo el rato
- ¿Se ve algún día dejándolo?
- No sé cómo me lo puedo quitar de la cabeza, solamente con el ‘stock’ que ya tengo, con las estanterías que tengo para ordenar. Me voy a morir componiendo.
- ¿Por qué hacer canciones?
- La música me ayuda a explicarme. Me ayuda a contar cosas. La mayoría de gente hace música para bailar. Me gusta la música, la tengo, no sé de dónde sale, pero la intento juntar para que me resulte algo cómodo, práctico. Que me ayude expresarme. No a que me entiendan, pero que al menos quieran escuchar la frase siguiente.
- ¿Cómo definiría el punto exacto en que se encuentra ahora?
- Mi mejor momento [risas].
- ¿Tiene sentido algo?
- La vida es absurda. Me parece un chiste, un delirio muy gracioso. Pero yo soy muy absurdo. Porque se ve a cada momento. Te dicen: "Te quiero. Te respeto mucho. No he amado más a otra persona". Y luego: "Te voy a matar". O escuchas un político: "Tenemos que luchar por la paz. Bueno, vamos a comprar metralletas". Es lo que hace absurdo todo. Somos así.
- ¿Sirven para algo las palabras? No sé, para definir el sexo, por ejemplo.
- El sexo aún... pero intenta describirme qué sabor tiene una hamburguesa. O cómo huele Guatemala.
- ¿Qué lugar ocupan las palabras en ese absurdo del que usted hablaba?
- Desde las primeras palabras que fueron escritas, las primeras leyes, el código de Hammurabi se decía eso: "Hasta ahora te he matado porque soy el jefe, estoy más cachas, tengo hacha y tú no. A partir de ahora, te voy a matar porque no has cumplido eso que está escrito y que dije yo que escribieran. Entonces, eres culpable. La culpa es tuya". Es el principio de la humanidad, de la organización social. Y empieza diciendo un absurdo... tan absurdo como éste: que quien muere, la víctima es el culpable. Y no sólo es el culpable, sino que se llega al punto de que la misma gente piensa que le ha fallado al jefe, que le ha fallado a la ley. Antes te mataban a golpe de hacha y ahora el hacha es la palabra.
¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
Me han hecho muchas, pero recuerdo una vez que me preguntaron cuándo fue la última vez que había hecho el amor y contesté: "Ahora". Y él: "¿Cómo que ahora?". Y yo: "Sí, porque creo que te estoy dando un poco por culo con esta entrevista, ¿verdad?". Y otra vez: "En serio, venga, con quién". Y yo: "Va, no seas celoso".

