La libertad de expresión tiene una compañera de rango aún superior, pero de la que se habla poco, que es la libertad de pensamiento. Hoy vemos a diario cómo las dos son atacadas y falseadas por esa misma revolución tecnológica, la de internet y sus plataformas, que debía convertirse en el libérrimo vehículo de comunicación de toda la humanidad. Las variopintas muestras de esos ataques, de esas insuficiencias de la nueva tecnología, que ha sido aprovechada para fines bien diferentes de los que buscaban Sir Tim Berners-Lee y otros padres de la red.
Esta semana hemos tenido dos de las muestras más claras en los últimos tiempos de las desviaciones de las nuevas tecnologías, en dos terrenos diferentes: la protección de datos personales y la salud mental de los más jóvenes.
Por una parte, la ya antigua batalla de la Unión Europea contra la manga ancha de los gigantes tecnológicos norteamericanos conoce un importante episodio con lamulta de 1.200 millones de eurosque el Comité Europeo de Protección de Datos (CEPD) ha impuesto aMeta, es decir, a su filial Facebook dentro del enorme emporio de Mark Zuckerberg, y a través de la filial de Meta en Irlanda. La razón: la transferencia masiva de datos de millones de usuarios europeos de esos servicios a la sede de Meta, en contravención del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) europeo, más severo que las reglas de Estados Unidos sobre protección de datos personales.
Meta va a recurrir, con pocas probabilidades de éxito, y sigue en el aire la amenaza de retirar Facebook de Europa. Pero el desahogo en la captura y uso de datos personales son cruciales para defender las libertades. En la actualidad, en EEUU, los derechos individuales están desgraciadamente menos considerados que en la UE.
De América, en cambio, nos llega una severa advertencia de su surgeon general, cargo equivalente al de ministro de Sanidad, doctor Vivek Murthy, quien afirma que existe "un riesgo profundo de daño" para los adolescentes en las redes sociales, e insta a las familias a imponer límites de uso y a las autoridades a dictar normas de empleo más severas.
La prensa estadounidense describe el comunicado del doctor Murthy como "una extraordinaria advertencia pública". Reconoce que para algunos usuarios jóvenes las redes pueden tener efectos beneficiosos, pero insiste: "Hay amplios indicadores de que los medios sociales pueden entrañar también un riesgo profundo de daño a la salud mental y el bienestar de niños y adolescentes".
¿La solución? Límites legales y técnicos a la edad de uso de esas plataformas, frenando su degradación hacia -millonarios- negocios que no facilitan la comunicación sino que distribuyen desinformación y fomentan los disturbios mentales.
Conforme a los criterios de The Trust Project
