La reunión se llamaba M-20 (o Media 20 Online Summit) y se ha celebrado la semana pasada en Nueva Delhi, simultáneamente a la del G-20, que es la de los líderes de las principales economías del mundo. Se reunían directores de medios de nueve países de todo el mundo, convocados por el indio Siddharth Varadarajan, de The Wire, quien de entrada recalcó que la libertad de información no estaba en el orden del día de los políticos del G-20, y debería estarlo, porque las amenazas a esa libertad, en unos casos sólo económicas y en otros también políticos, no han hecho sino crecer en todo el mundo que se dice democrático.
En su resumen de las intervenciones en esta cumbre a la sombra de otra cumbre, el Instituto Reuters de la Universidad de Oxford resalta estas palabras de Varadarajan: "Ninguno de los problemas que el G-20 espera resolver puede resolverse si los medios en cada uno de esos países no tienen libertad". Y resulta que, por la terrible y abusiva competencia económica de los medios digitales -ahora reforzada por los plagios acrecentados por el uso de la inteligencia artificial- se une en muchos países la censura y la represión ejercida de una forma o de otra por los poderes políticos.
Así, el director de La Repubblica enumeraba las agresiones: la apropiación de material de la prensa por los diferentes actores digitales, la proliferación de las falsas noticias en las redes sociales, que desvirtúan las noticias verdaderas que da el periodismo, y esa inquietante tendencia, también en Occidente donde las libertades parecían mejor establecidas: "Los que detentan el poder quieren concentrarlo más y más en sus manos, y creen que sin unos medios independientes lo lograrán mucho más".
Después están los ataques específicos en cada país, como por ejemplo la necesidad que existe de publicidad institucional para equilibrar la economía de los medios en Brasil, y el golpe que supuso su retirada por el Gobierno de Bolsonaro.
El francés Edwy Plenel, de Médiapart, resume bien el duro desafío: "Hay esperanza para el periodismo mientras luche por su independencia económica y su independencia editorial y demuestre su utilidad social", lo cual choca con el estallido de fake news y el uso arrojadizo de ciertas formas de comunicación contra los hechos reales: "En todas partes, los políticos y los intereses económicos utilizan la opinión contra la información".
Mucho depende de los ciudadanos de los países aún democráticos, de que se den cuenta de que sin información veraz los poderes acabarán con su libertad. La búsqueda de medios que digan lo que a cada cual más nos gusta, no lo que sucede en realidad, es el peligro mortal de nuestro tiempo.
