El exilio ha sido la condición de supervivencia de los dos ganadores de los premios internacionales de periodismo 2023 de EL MUNDO, la escritora y columnista turca Ece Temelkuran y el periodista salvadoreño Carlos Dada, honrados esta semana en Madrid. Exilio físico en el caso de Temelkuran, que lleva años viviendo en varios países europeos occidentales por temor a la persecución del presidente Erdogan, quien la hizo perder su último trabajo en su país natal por despido del canal Habertürk. Exilio fiscal de la sociedad editora del diario digital El Faro que Dada fundó hace 25 años, que ahora se radica en Costa Rica para frenar los intentos del presidente Nayib Bukele de acallarlo, aunque la redacción resiste en San Salvador.
Los avatares de El Faro demuestran el nuevo entorno del acoso a la libertad de prensa en mundo, desde la masiva utilización de las redes sociales por el populista y popularísimo Bukele para desprestigiar al periódico -que, por ejemplo, ha demostrado los pactos del mandatario con las bandas de delincuentes que prometía derrotar cuando llegó a su alto cargo- hasta el empleo de la tecnología de origen israelí Pegasus para espiar los dispositivos móviles de todos sus redactores y conocer así todos los datos de sus fuentes. Organismos internacionales de defensa de la prensa ayudan a El Faro, por ejemplo, en su querella criminal contra Pegasus en California, pero Dada reconoce que la tarea es abrumadora para sus recursos económicos.
Temelkuran, cuyos artículos y libros han mostrado un creciente pesimismo ante el poder y la fascinación social de los populismos autoritarios en el mundo, demostrado por ejemplo con el entusiasta seguimiento que mantiene un Donald Trump pese a que sus mentiras y trampas han sido demostradas una y otra vez, muestra algún mayor optimismo en escritos recientes en los que anima al activismo realista. Pero en la clase magistral celebrada el lunes en EL MUNDO acabó reconociendo que frente a los autoritarismos reforzados hoy por la tecnología y las abrumadoras redes sociales, lo que mantiene viva la profesión es el "sentido de la dignidad".
No muy diferente es la conclusión de Dada, asediado por las nuevas armas de que disponen los autoritarismos en esta era en la que la tecnología sirve más a los poderes que al conjunto de la sociedad. Dice que "no hay que pretender ser héroes", pero reconoce que el periodismo está hoy más inerme que nunca frente a los poderosos.
Son conclusiones muy duras las que nos han trasladado este año los ganadores de estos prestigiosos premios de EL MUNDO. Pero las nuevas circunstancias políticas en España, con el orden constitucional más que amenazado, nos permiten comprenderlas mejor. Es un problema de fondo para el periodismo libre en todo el mundo.
