HISTORIAS
Historia

La leyenda negra y otros topicazos que hicieron creer que 'Spain Is Different': "La España de Franco se regodeaba en su singularidad"

El historiador Nigel Townson refuta en su último ensayo la supuesta excepcionalidad de nuestro país y analiza por qué se ha insistido en ver su singladura como una sucesión de tropiezos: "Con la Transición fue considerado un modelo universal"

Clientes en un bar próximo a la Plaza Mayor de Madrid conocido por sus bocadillos de calamares.
Clientes en un bar próximo a la Plaza Mayor de Madrid conocido por sus bocadillos de calamares.JAVI MARTÍNEZ
Actualizado

El muñón de Valle-Inclán. La restauración del Ecce Homo de Borja (y la más reciente de La Macarena de Sevilla). Los gritos del copiloto de rallies Luis Moya a Carlos Sainz padre frente al coche que los dejó tirados: "¡Trata de arrancarlo, por Dios!". Las mil imitaciones del Guggenheim Bilbao con goteras y sobrecostes. El parche de Millán-Astray. Los cero puntos en Eurovisión para ¿Quién maneja mi barca? El naufragio de Curro antes de la inauguración de la Expo 92. La nariz rota de Luis Enrique tras el codazo de Tasotti...

El catálogo del fatalismo español es casi inabarcable. Se podría decir que la derrota en sus muy variadas formas parece -o pareció- tan incrustada en el imaginario autóctono como el carajillo de solisombra o los acordes de Paquito el chocolatero. Sin embargo, hay una imagen más lastimera que ninguna, porque tuvo consecuencias nefastas y prolongadas. Fue la que dejó el hundimiento del buque insignia Infanta María Teresa tras ser cañoneado por la Armada estadounidense el 3 de julio de 1898 en Santiago de Cuba. Al frente de la flota española estaba el almirante Cervera, contrario al enfrentamiento con la superpotencia americana y, a la vez, consciente de su destino. Ese día, su hijo le escuchó decir en cubierta: "Vamos al sacrificio, al desastre; o mejor dicho, vamos al cumplimiento del deber".

El Infanta María Teresa sufrió el impacto de 33 proyectiles. Pese a todo, no se fue a pique. Se estrelló contra la costa, a la que milagrosamente también consiguió llegar Cervera a nado y medio desnudo. Aquel día, 323 marineros españoles murieron y otros 151 resultaron heridos. El resto de navíos con pabellón patrio acabó en el fondo del Caribe. Allí siguen.

Con el último buque del Imperio español y el descalabro militar que supuso la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico arranca precisamente el hispanista Nigel Townson su nuevo ensayo: Spain Is Not Different (Espasa). En él repasa la dolorosa Historia de nuestro país a lo largo de casi todo el siglo XX no para echar vinagre en la herida, sino justo lo contrario: para rechazar el tópico de la excepcionalidad española y, de paso, analizar por qué se ha insistido en ver su singladura como una sucesión de tropiezos.

"La autopercepción de España como país diferenciado de su entorno nace claramente en 1898 con la pérdida de las últimas colonias, cuando se da cuenta de que ya no es una gran potencia", señala Townson, ex periodista de la BBC y profesor de Historia en la Universidad Complutense de Madrid. "En realidad, el Imperio español llevaba más de dos siglos de declive. Fue un declive lento, porque conservaba los territorios ultramarinos, que para los españoles tenían menos prestigio que los europeos, pero 1898 tuvo un impacto importante en una conciencia nacional que ya estaba desarrollada".

Para saber más

Desmontar el cliché de que España es una rareza entre sus vecinos, idea aferrada cual garrapata a la cultura política, la historiografía popular y el imaginario colectivo, es un trabajo hercúleo. "Nos habían formado con la idea de que la Historia de España era una anomalía, un fracaso", cita a Santos Juliá el autor de Spain Is Not Different. Townson (Kent, Inglaterra, 66 años) arma su relectura apoyándose en los hitos que habrían propiciado esa supuesta singularidad: el Desastre del 98, la inestabilidad de la Restauración, la fractura de la Segunda República, la Guerra Civil, el aislamiento del primer franquismo y la modernización del Desarrollismo, que culminó en la Transición y en la integración plena en las instituciones europeas. "Hay una tendencia innata aquí a pensar que España es diferente, pero cuando pones su situación en contexto el retrato resultante es otro", tercia Townson.

El hispanista defiende con análisis comparativos rebosantes de estadística que España no fue una excepción en el marco de las transformaciones sociales, económicas y políticas que experimentaron otros Estados del Viejo continente en la centuria anterior. Su investigación le permite afirmar que la percepción del país como nación rezagada, extraña o esencialmente peculiar se debió sobre todo a dos mitos: la leyenda negra -identificada con la Inquisición y Hernán Cortés- y el romanticismo exotizante.

"Uno proyectó a los españoles como fanáticos, sádicos, supersticiosos, tiránicos y ultracatólicos", recopila. "El otro los presentó como íntegros, auténticos y fieles a sus sentimientos. Los viajeros que llegaron en los años 40 y 50 se encontraron con un lugar bucólico que no estaba contaminado por los horrores del capitalismo industrial, la urbanización masiva y la desintegración de la sociedad tradicional. Por eso Hemingway diría después que era un país 'virgen, increíblemente duro y maravilloso' y sus habitantes, 'la única gente buena que quedaba en Europa'".

"Hemingway dijo que era un país ‘virgen, duro y maravilloso’; y los españoles, ‘la única gente buena que quedaba en Europa’"

Nigel Townson, autor de 'Spain Is Not Different'

Usted denuncia que "España ha sido objeto de estereotipos condenatorios, despectivos y destructivos a lo largo de muchos siglos". ¿A quién hay que pedirle cuentas?
En primer lugar, a los extranjeros. La leyenda negra fue probablemente la primera campaña de propaganda de la Historia. En el siglo XVI, cuando los ingleses y los holandeses luchaban contra el Imperio español en Europa, recurrieron a la imprenta porque no podían imponerse con medios militares. Publicaron folletos y libros en 15 idiomas distintos. Fue, diríamos hoy, una forma de guerra híbrida. Construyeron un estereotipo que pervivió hasta el siglo XX. Cuando estalló la Guerra Civil, fuera no sabían cómo interpretar lo que estaba pasando porque España no había sido noticia desde el 98.
¿Culpa a alguien más?
Los propios españoles han asumido demasiado alegremente la visión del país procedente del extranjero descuidando la propia. Primo de Rivera ya identificó lo español con lo andaluz en la Exposición Internacional de 1929, celebrada en Sevilla. Que los españoles han aceptado los clichés de los guiris es algo que se ve en la película Bienvenido Mister Marshall o en las tiendas del aeropuerto de Barajas, donde conviven toros y flamencas.

Repasemos con Townson cada uno de los episodios históricos que dieron pie a la cacareada -y, a su juicio, infundada- excepcionalidad española. Para él, el sentimiento de humillación nacional y la obsesión por la regeneración que provocó el Desastre del 98 no fueron muy diferentes de los que afloraron en otras latitudes. "Los italianos sufrieron una derrota en 1926 ante una guerrilla libia y se hicieron preguntas parecidas; los portugueses también se preguntaron más o menos entonces si eran una raza inferior... Era la época del darwinismo social y la reacción fue generalizada", aclara.

El hispanista sí apunta al error que suponía medir a España con quien no correspondía. A principios del siglo XX, la esperanza de vida en nuestro país era de 35 años y el índice de alfabetización se situaba en el 44%. Datos inferiores a los de los de países del Norte de Europa, de acuerdo. No así a los del Sur y los del Este. En Rusia, de hecho, el 81% de la población no sabía ni leer ni escribir entonces, argumenta el autor.

"En términos europeos, España no ofrece cifras distintas ni en las tasas de natalidad o mortalidad ni en el crecimiento económico. En comparación con países como Portugal o Italia, sale bien parada. No es ningún fracaso", insiste. "Otra cosa es equiparar a un país que está en declive imperial o tratando de recuperarse de la pérdida de sus colonias con otros que las habían adquirido mucho más recientemente, como Gran Bretaña, Francia o Alemania. Esa no me parece una comparación justa".

La narrativa del fiasco sirvió igualmente para ponerle marco a las primeras décadas del siglo XX. Dos carencias -una industrialización exitosa y una revolución burguesa- habrían contribuido al supuesto carácter divergente de España. De nuevo Townson niega aquí la mayor. A pesar del lastre del caciquismo, la economía española creció sustancialmente y su retraso relativo se explica más por comparación con economías líderes -las de las tres potencias antes mencionadas- que por sufrir un estancamiento real.

El siguiente resbalón, según la tesis de la España tan empecinadamente impar como derrotista, lo protagonizaría la Segunda República y el colapso del orden liberal. El profesor advierte que las generaciones posteriores percibieron aquel periodo como otro fracaso más en la secuencia histórica del país y como un paso en falso en la consolidación de la primera democracia española. Y hace recuento: antes de la Primera Guerra Mundial se establecieron tres repúblicas democráticas en Europa, y 10 más al finalizar el conflicto. Pues bien, prácticamente todas acaban desintegrándose. Como la nuestra.

"La República española se instaura en un momento muy inoportuno: justo después de la Gran Depresión. Es un contexto muy poco favorable para la consolidación de la democracia. Sólo es fuerte en Gran Bretaña. En Francia e incluso en los países escandinavos tiene problemas. Cuando Franco ocupa el poder, la mayoría de los países europeos están gobernados por dictaduras de derechas. Hay líderes autoritarios en Portugal, Italia...", razona el autor. "Pensamos que la democracia en la Europa de entreguerras estaba consolidada, y no fue así en absoluto. Las democracias que aparecen en 1945 son completamente diferentes y nacen como reacción al fascismo y a la guerra con el apoyo imprescindible de Estados Unidos".

¿La Guerra Civil aquí no fue diferente? "En la primera mitad del siglo XX se produjeron numerosos conflictos fratricidas en Europa. Entre ellos, los de Finlandia, Hungría, Grecia, Yugoslavia y Rusia. Dicho esto, en lo que la española sí fue excepcional fue en que el origen del conflicto no se encontraba en otra guerra o en una invasión, sino en una lucha interna; también fue excepcional por la magnitud de las purgas anticlericales y porque fue la primera guerra mediática. Participaron artistas como Ernest Hemingway, George Orwell y Pablo Picasso".

Franco, junto a su Estado Mayor en el puesto de mando de los sublevados en Gandesa (Tarragona), en octubre de 1938.
Franco, junto a su Estado Mayor en el puesto de mando de los sublevados en Gandesa (Tarragona), en octubre de 1938.EFE

Townson se niega a aceptar que el cainismo sea algo característico de España. "La guerra civil en Yugoslavia en los años 40 fue brutal. En Rusia a la gente la enterraban o la quemaban viva, le arrancaban la piel, a las embarazadas les extraían los fetos... Se puede mencionar un montón de guerras civiles que fueron tan o mucho más crueles. Y fuera de Europa, ni hablemos", compara. Ni siquiera pestañea ante el hecho de que el lenguaje guerracivilista perviva en el Congreso de los diputados, en las redes sociales y en el bar de la esquina 90 años después de dispararse la última bala.

"Los españoles han asumido alegremente los clichés de los guiris. Se ve en las tiendas de Barajas, donde hay toros y flamencas"

Nigel Townson, autor de 'Spain Is Not Different'

"La Guerra Civil estadounidense tuvo lugar en los años 60 del siglo XIX y sigue influyendo en la política contemporánea", argumenta. "No con esa misma retórica, pero sí de un modo muy vehemente. Los del norte ven a los del sur como esclavistas y atrasados y los sur ven a los del norte como invasores y arrogantes. Recuerdo haber estado en Virginia hace años y ver la bandera de la Confederación en escaparates de tiendas a pesar de que estaba prohibida... Lo que quiero decir es que 200 años después sigue afectando a la vida de una manera profunda".

El historiador subraya que "la España de Franco se regodeaba en su singularidad". ¿Aquella dictadura fue sui generis por algún motivo real o escondía bajo la palabrería de la propaganda su condición de régimen autárquico forzoso? Según este experto, Franco no pensaba que el Eje iba a perder la Segunda Guerra Mundial. Incluso en 1943, cuando ya estaba bastante claro el desenlace, seguía creyéndolo. Sin embargo, cuando el embajador estadounidense visita al caudillo en su despacho en julio del 44, observa que ha cambiado las fotos de Hitler y Mussolini por la del Papa.

"Es evidente que al final de la guerra España estaba muy sola. Pero el régimen de autarquía ya estaba en marcha. Crearlo fue una decisión que se tomó antes", puntualiza. "No tenía que ver con el aislamiento internacional, sino con el control de la economía, que recayó en los militares. Después de la guerra, Franco entendió que Estados Unidos iba a ser la potencia hegemónica mundial y puso en marcha medidas para intentar seducirla. La propaganda oficial era muy desafiante, pero entre bastidores empezó a trabajar con los americanos. En el 47 se produjo la visita de una delegación militar estadounidense a España. Justo después, Franco logró un préstamo. En el 51 regresó el embajador estadounidense a Madrid y otros siguieron su ejemplo. Franco fue muy listo. Entendió que la Guerra Fría estaba a punto de empezar y vendió que España no era un régimen fascista, sino anticomunista. Eso le salvó".

El ingreso en Naciones Unidas (1955) y la posterior incorporación a la FAO, la OMS y UNESCO gracias al apoyo de Washington, visibilizó la convergencia española en el concierto internacional. ¿Qué se le ocurrió al régimen para atraer visitantes y divisas en lo que hoy se conoce como Desarrollismo? Lo ha adivinado: promocionarse como un destino único a través del eslogan Spain Is Different, que presentaba al país "como un paraíso premoderno de sol, mar y arena" y al que Townson le da réplica en el título de su ensayo.

"No fue una idea original del Ministerio de Información y Turismo de Fraga en los años 60, sino una copia de otra campaña de Rusia de 40 años antes", contraviene una vez más el historiador a propósito del reclamo que hoy identificamos con Alfredo Landa y las suecas en top less. "Por cierto -reclama el historiador- Fraga es una figura un poco demonizada, pero muy interesante, porque fue de los pocos de la élite franquista que tuvo claro que España debía ser europea".

Y así llegamos al momento histórico en el que nuestro país se comportó de manera, ahora sí, singular. El camino de la dictadura a la democracia fue el mismo que recorrieron otros, como Portugal o Grecia. Pero aquí concurrieron circunstancias y actores que no se observaron en esos países. "La Transición española fue un gran éxito y un modelo muy difícil de replicar", sintetiza Townson. "Primero, porque sus impulsores iniciales, el rey Juan Carlos y Adolfo Suárez, procedían del régimen. Y segundo, porque aunque está considerada como transición pacífica, no lo fue. Sufrió terrorismo, un intento de golpe de Estado... Entre 1975 y 1982 murieron 665 personas por culpa de la violencia política. Fue un periodo muy incierto".

Justo después de que Suárez, Santiago Carrillo y Manuel Gutiérrez Mellado lograran encarrilar el proceso que desembocó en la convocatoria de las elecciones generales de 1977 y en la aprobación de la Constitución (1978), el propio historiador visitó España por primera vez. Llegó en la furgoneta Volkswagen de su padre, que preparaba un libro titulado La España musulmana, y estuvo en Girona y Granada. Después vendrían otras estancias, su tesis sobre la Segunda República tutelada por Paul Preston en Cambridge, sus dos matrimonios con otras tantas españolas y una bibliografía de la que Spain Is Not Different es casi una consecuencia lógica: La República que no pudo ser (2002), España en cambio (2007), ¿Es España diferente? (2010) y The Penguin History of Modern Spain (2023).

¿La visión derrotista surgida en 1898 duró hasta 1992, con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla? ¿Fue a partir de entonces cuando los españoles empezamos a sentirnos un poco orgullosos de nosotros mismos?
Yo diría que fue un poco antes, con la llegada del PSOE al Gobierno en 1982. Tenga en cuenta que en la Italia o la Alemania de la posguerra hay que esperar muchos años para que se produzca una alternancia de partidos en el poder. En España sólo hubo que esperar cinco años. Eso fue positivo porque representó la integración de muchos ciudadanos en el nuevo marco político. Además, los socialistas llevaron a cabo muchas reformas que eran necesarias. La entrada en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea (1986) mostraron al mundo que España ya era otro país. Después del éxito de la Transición, era la primera vez que España era vista como modelo universal.
¿Los excelentes deportivos resultados obtenidos en las últimas décadas han reforzado esa imagen?
Por supuesto. Albergar unos JJOO es una forma de decir: 'Somos un país moderno y contamos con la infraestructura necesaria para un evento como éste'. En los 40 años de dictadura, España ganó cinco medallas. Sólo en Barcelona fueron 22. En The Penguin History... menciono que, cuando Rafa Nadal gana Roland Garros en 2008, en la grada hay una pancarta con la leyenda Spain Is Different. Pero en este caso, entendiéndolo como algo positivo.
¿Se ha percatado de que cuando se produce algún escándalo político bochornoso o un trauma colectivo de la magnitud de la Dana de Valencia o el accidente ferroviario en Córdoba reaparece la coletilla 'Esto no ocurre en ningún otro país'? ¿Cree que España dejará en algún momento de verse a sí misma como un país diferente, con todo lo que eso conlleva social, política y culturalmente?
Si se ve con objetividad es una afirmación absurda. En Inglaterra acabamos de tener unas riadas muy destructivas... Accidentes de tren, de avión o de otro tipo se producen todos los días. Me suena un poco a autoflagelación.
¿Cree que este complejo de inferioridad -o de culpa- de España ha tenido que ver con la religión?
Es una buena pregunta. No lo sé. La economía británica desde la Segunda Guerra Mundial no ha ido mal. Debe ser la quinta del mundo. Pues bien, si escucha hablar a mi padre y a sus amigos pensará que es un desastre. O que un derrota al críquet con Australia es el fin del mundo...
Ya lo cantaba Caetano Veloso: "De cerca nadie es normal".
(Risas) Desde luego. La única que mantiene un discurso asertivo es la potencia de cada momento. Los estadounidenses tienen una imagen muy positiva de sí mismos por esa razón. Pero todos los países abrazan el discurso derrotista en algún momento.