- Ritorno a Via Dalma tiene algo de vuelta a casa. ¿Por qué ahora?
- Nunca me hubiera imaginado, de entrada, que aquel disco homenaje a la música italiana se convirtiera en una trilogía. Es verdad que se habían quedado muchas canciones por el camino. Nombres que me inspiraban un gran respeto, como Franco Battiato. Después de dos proyectos inéditos, nos reunimos todo el equipo para decidir qué haríamos después y nos dimos cuenta de que habían pasado 15 años desde Via Dalma. ¡15 años! Oye, ¿y si volvemos a transitarlo pero con algo más atrevido? Empezamos a soltar nombres y en ocho horas de reunión salieron que si Raffaella Carrà, que si Pino D'Angiò, yo que si Mina... Me encantan estos retos porque me alejan mucho de la canción melódica a la que yo estoy acostumbrado. No sabía si iba a poder hacerlo, pero empecé a probar cosas en un pequeño estudio que tengo en casa. Y las mandaba y les decía: «¿Verdad que sí?». Aquello fue cogiendo cuerpo y ha sido muy divertido. Tenía muy claro que no quería que se grabara en Italia porque muchos de los productores de aquí, la mayoría muy jovencitos, no conocían muchas de estas canciones, y eso para mí era un atractivo añadido para tener mayor libertad sin sentir ese peso de los clásicos.
- Ojo, que hay mucho tema de antaño viralizando entre las nuevas generaciones.
- Uy, sí, sí, eso ha pasado siempre. Mira, Toto Cutugno me contó una vez que después de un concierto en Marbella se le acercó un grupo de jóvenes y le felicitó por su versión de El italiano de Sergio Dalma. ¡Imagínate! La idea inicial de Via Dalma era dar las gracias a aquella generación que nos brindó estas canciones, pero lo que yo no imaginaba era que también serviría para descubrírselas a los más jóvenes. Me da mucha rabia cuando dicen: «ah, pero eso es de antiguo, ¿no?». La música no tiene edad, no la podemos tratar así.
- ¿Cuánto hay de homenaje y cuánto, de reinterpretación desde la madurez en estas nuevas versiones?
- Enfrentarte a estas canciones es más retador que enfrentarte a un disco inédito, porque yo todavía tengo en la cabeza los giros que dieron aquellos artistas y me resulta durísimo traérmelo a mi terreno. He tenido que convivir mucho con cada canción y hablar con el productor, pedirle que me enviara algo que fuera la absoluta antítesis para permitirme jugar con ella como si fuera un tema nuevo. Me ha gustado mucho el desafío.
- ¿Qué tiene la canción italiana que perdura, que logra sentarnos a escuchar un disco entero en un momento en que todo va muy rápido?
- Es muy importante el ejercicio de escuchar un disco de arriba abajo. El otro día decía Rosalía que Lux estaba hecho para escucharse así y me pareció maravilloso que se vuelva a recuperar esa mentalidad. Yo he trabajado cada álbum como una obra completa. Y en la canción italiana el equilibrio emocional que sustenta esa escucha lo da la melodía, tan difícil de encontrar. No me gustaría que se perdiera, aunque en Italia quieren mucho a los artistas ya veteranos, cosa que a veces en España no pasa. Aquí muchas veces los olvidamos.
- ¿Cómo sobrevive un artista maduro en la era de las redes sociales, tan voraces y veloces? No sé si terminaremos escuchándole cantando reguetón o trap...
- No, no, no, no... Evidentemente, hay que evolucionar, pero sin perder mi esencia ni que se me vaya la olla. He trabajando con autores más jóvenes, con productores más jóvenes, que refrescan y actualizan mi estilo. Pero no iré más allá.
- No se deja llevar por el ritmo frenético de los nuevos tiempos.
- Dejé Madrid hace siete años después de 27 viviendo aquí y vivo en un pueblo de mi tierra, de Cataluña. En este tiempo me he dado cuenta de que llevar otro ritmo ayuda a gestionar las cosas de otra forma, y cuando vengo a la capital intento no contagiarme de nuevo del frenetismo que no permite saborear las cosas. Eso también lo lleva la edad.
"En Italia quieren mucho a sus artistas veteranos. En España los olvidamos"
- ¿Cómo ve la industria musical actual alguien con su bagaje?
- Da la sensación de que es todo demasiado maquinal y rutinario, se ha perdido un poco el rollo artesanal. Cuando yo empecé recuerdo ir con el compañero de la compañía de discos en un coche radio por radio con el disco bajo el brazo. Todo era más personalizado, conocías a cada periodista, a cada locutor. Ahora lo ha matado la inmediatez. Estás en las redes, sí, pero no estás presente. Y eso yo sí lo he hecho un poco de menos.
- El siguiente paso es la inteligencia artificial. ¿Le da miedo?
- Mira, más que nunca la gente está acudiendo a los conciertos. Eso no lo va a poder suplir nunca ninguna tecnología. Podrá hacer una canción que se asemeje a la voz o a la inspiración de un artista. Pero a la hora de la verdad, la emoción de un show en directo es inimitable.
- ¿Qué le motiva a seguir creando nueva música?
- El día que no sienta ese gusanillo antes de salir al escenario será un síntoma importante para pensar en retirarme. Pero mientras haya gente que te diga que una canción tuya lo ha hecho sentir mejor en un mal momento... Es que hacer feliz a la gente es más fácil de lo que nos imaginamos.
"Hacer feliz a la gente es más fácil de lo que imaginamos. Mientras haya alguien que me diga que una canción mía le ha hecho sentir mejor, seguiré cantando"
- De los clásicos de otros, vayamos a los suyos. ¿Le cansa que le pidan Bailar pegados?
- Noooo, nunca me ha pasado con esa canción, tampoco he dejado que me pasara. Seguro de que si siguiera cantando la versión de aquellos inicios, me cansaría. Pero han pasado 34 años y la hemos actualizado muchas veces. Yo sé que en el momento en que empiezan los primeros compases pasa algo mágico con el público. Soy incapaz de terminar un show y no cantar esa canción.
- Se ha perdido aquello de bailar pegados...
- Sí, sí, se ha perdido. Yo era de aquellos que las pocas veces que iba a la discoteca estaba esperando a que sonara el Bailar pegados de turno. Ahora lo ponen para que la gente se vaya a casa...
- Se ha definido usted últimamente como «el yayo que canta». ¿Y qué canta el yayo?
- Me parece una pasada que todavía siga en activo y que mi nieto algún día me pueda venir a ver a un concierto. Tiene algo más de dos años, me ve por la tele y se pone a abrazar la televisión. He pasado de ser el padre que cantaba al abuelo que canta. Es de aquellas cosas maravillosas que te regala la vida.
P. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
R. Necesito sentirme cómodo en las entrevistas y que el entrevistador también lo esté. Me incomoda hablar de mi vida privada, así que he aprendido a, simplemente, no contestar.



