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Ha llegado el momento. Es el asunto principal en estas semanas para el tiempo libre de los amantes de lo silvestre. Ha estallado uno de los más espectaculares momentos de la naturaleza ibérica. De pasear bajo el dosel encendido de nuestros bosques, de pisar la mullida alfombra de tonalidades rojas, amarillas, ocres y oro que se extienden por sendas y caminos. De admirarse bajo las ramas y raíces enguantadas de verde musgo y ásperos líquenes, y ante el diminuto ejército de setas que brota en el pie de bosque. De sentir el viento frío que levanta torbellinos de hojarasca y trae el aroma de la tierra humedecida. Aflojada las riendas del estío, el frío anima a la clorofila a retirarse de la enramada. Poco a poco, los árboles caen en la dormencia invernal. Es tiempo de otoño.
La estación de las hojas secas acampa en nuestros bosques estas semanas y su llamada seduce. Hayedos, robledales y castañares. Entre las decenas de especies arbóreas caducifolias que prosperan en nuestro territorio, estas tres son las que ocupan las mayores extensiones y disfrutan de una distribución más amplia. Su abundancia permite que encontrar forestas de fácil acceso, recorridas por sencillas sendas accesibles para todos los públicos. Muchos de estos bosques se integran en espacios protegidos, con centros de interpretación de visita aconsejable.
Los hayedos están entre los bosques predilectos para la estación. Bosque caprichoso, según la naturaleza del suelo y el paraje donde crezcan, sus otoñadas pasan del amarillo pálido al rojo violáceo, con una interminable paleta de ocres y pardos. Árbol atlántico que necesita de áreas húmedas con altas precipitaciones, pueden formar bosques espaciados con ejemplares robustos de gran porte o cerradas espesuras de troncos tiesos que se elevan hacia el cielo.
Por su naturaleza, singularidad y cercanía a las dos grandes ciudades del territorio español, Barcelona y Madrid, incluimos dos hayedos excepcionales. Ambos son espacios naturales protegidos y por sus dimensiones accesibles para todos los públicos. El bosque catalán prospera en La Garrotxa, Girona. La foresta madrileña en la Sierra Norte. Situados a distancia similar de Barcelona y Madrid, 117 y 110 kilómetros respectivamente, son destinos otoñales recurrentes de sus ciudadanos, siendo aconsejable reservar la visita con antelación.
Fageda d'en Jordà
El hayedo más popular de Cataluña crece en una zona volcánica del Parque Natural de La Garrotxa. Su arbolado ha encontrado en las coladas de lava el mejor sustento. Con una extensión de 4,8 kilómetros cuadrados es un espacio fácilmente accesible. La gestión de las visitas e información sobre las actividades, como sendas y paseos a pie y a caballo, visitas guiadas y otras, se encuentra en la web de la cooperativa www.fageda.com.
Este bosque presenta un ecosistema en el que las hayas maduras son especie principal. Su altura y la cercanía entre los troncos, que crecen rectilíneos en busca de la luz solar, hace que su conjunto asemeje al más hermoso código de barras.
En el aparcamiento de Santa Margarida se inicia la excursión más sencilla y accesible. Con una longitud inferior a 1,5 kilómetros, recorre el hayedo hasta el interior del cráter de Santa Margarida, el volcán más conocido de Cataluña.
Hayedo de Montejo
Hace siglos, la mayor parte de las laderas del Sistema Central, estaban tapizadas por hayedos como este. El cambio climático junto con la acción del hombre, fue reduciendo sus extensiones primigenias, hasta la extinción.
Sólo se salvaron tres ejemplos mínimos, anacronismos arbóreos llegados a nuestros días gracias a su remoto aislamiento y las peculiares condiciones climáticas de su hábitat. Ocupan ambas vertientes de la sierra en el límite de Madrid, Segovia y Guadalajara. El más famoso se extiende en la solana del monte de El Chaparral, en Montejo de la Sierra. Declarado Sitio de Interés Nacional y Patrimonio de la Humanidad, pertenece a la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón.
La fragilidad de este hayedo y su reducido tamaño, apenas 250 hectáreas, obliga a una severa restricción de visitas. Las reservas se formalizan en la página web www.sierradelrincon.org. Se realizan en grupos, en compañía de un guía. Aguardan tres rutas: las sendas del Río, de la Ladera y del Mirador, con una longitud de entre 2 y 4,5 kilómetros y un desnivel máximo de 150 metros.
Castañar de Hervás
Heridas por el atroz azote de los incendios forestales del pasado verano - los peores desde que se recogen datos- las almas amantes de la natura han visto desaparecer cerca de medio millón de hectáreas de bosques. Las que más han ardido han sido especies perennes, pinos y eucaliptos principalmente, aunque también se han quemado caducifolias.
Tal vez la pérdida más dolorosa de estas últimas ha sido el castañar de Las Médulas. Este conjunto de árboles milenarios constituía el más espectacular castañar de España. No solo por la magnitud y porte de sus ejemplares, también por su historia y el marco donde crecían: Las Médulas, chimeneas, agujas y terraplenes de tierra rojiza que dejaron las explotaciones mineras de los antiguos romanos.
Homenaje a aquel bosque irrepetible, pero también llamada de atención para la protección de estos espacios naturales que tanto nos dan, proponemos esta sencilla peregrinación a otro de los grandes castañares ibéricos, el de Hervás.
El castañar es el bosque nutricio. Recorrer su foresta es obtener un doble retorno. El relajo del paseo por el interior de sus sombrías espesuras y la recolección de su tesoro: el fruto de cáscara de brillante rojo encendido y sabor irresistible. Desde el principio, las castañas han sido alimento de hombres y animales.
Especie amante de ambientes húmedos y frescos, el castaño prospera en zonas de influencia atlántica y áreas montañosas, como el Sistema Central, como este castañar. Cercano a Hervás, en el valle del Ambroz, conforma un bosque cerrado y homogéneo. En www.turismodehervas.com se recogen las rutas y paseos más aconsejables. La mayoría se inician en la propia Hervás, con longitudes de entre 3 y 16 kilómetros.
Robledal de Muniellos
El mayor robledal de España se extiende por los valles y recovecos del Parque Natural de las Fuentes del Narcea y del Ibias, en el suroeste asturiano. Su elevado grado de protección, le convierten en uno de los mejor conservados de Europa.
Desde antiguo se conoce su importancia maderera. Durante siglos se procedió a su explotación, en especial en el siglo XVIII, proveyendo sus troncos a la Armada Invencible. Las primeras voces conservacionistas que se escucharon en España en los años 60, entre ellas las de Félix Rodríguez de la Fuente, lograron fuese declarado espacio natural protegido. En 2000 fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco.
Aunque es el roble la especie arbórea dominante, no faltan hayas, castaños, fresnos, alces, avellanos, abedules y alisos. Dan cobijo a estrellas de nuestra fauna como el urogallo, el oso, el lobo, la nutria, el rebeco y el gato montés. Verlos es complicado. No tanto las aves del bosque, como herrerillos, carboneros, petirrojos, mirlos y águilas real y culebrera.
Es obligado reservar la visita con antelación, dado el reducido número de plazas permitidas, en www.muniellos.es. Existen tres rutas oficiales, con una extensión de entre 1, 2 y 20 kilómetros, se inician en el Centro de Recepción de Las Tablizas.
Urkiola
A caballo de Vizcaya y Álava, el Parque Natural de Gorbeia es, con 20.000 hectáreas, el más extenso del País Vasco. A los pies de sus montes, presididos por el mítico Gorbeia, se extiende un abigarrado conjunto de bosques, principalmente hayedos y robledales, que en otoño magnifican su halo de misterio. Cuando la niebla se adueña de sus paisajes montaraces, el caminante se siente abrumado por el peso de leyendas que aseguran que aquí está la morada de las lamias y el basajaun.
Junto a las espesuras boscosas, destaca un paisaje de rocas escarpadas y amplias praderías. Al ser terreno kárstico abundan las cavidades y fuertes desniveles donde se despeñan cascadas como la de Gujuli, de más de 100 metros. Escenario perfecto para actividades al aire libre, no faltan la equitación, la escalada, la espeleología y el ciclismo de montaña. Aunque el senderismo es el que ofrece infinitas posibilidades.
Recomendar una ruta sería aparcar otras muchas de igual interés. Lo mejor es dejarse asesorar en los Centros de Interpretación del Parque: Parketxe de Sarria, en Álava, y Parketxe de Areatza, en Vizcaya, y en la web www.gorbeiaeuskadi.com.
Decálogo senderista de urgencia
- Informarse sobre la actividad prevista y sus condiciones.
- No realizar ninguna actividad que supere nuestras posibilidades.
- Llevar vestimenta adecuada, con atención a la lluvia. El calzado impermeable y de perfil mordiente.
- Batería del móvil a plena carga.
- No dejar ningún residuo.
- No abandonar los caminos y sendas trazados.
- No causar molestias a la fauna local.
- No recolectar ningún elemento natural.
- Evitar salir con previsión de tiempo malo o inestable.
- Respetar las normas del espacio natural y las indicaciones de sus responsables.
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