Hay cosas de las que solo nos acordamos cuando 'truenan'. Y eso es, precisamente, lo que nos pasa con las hormonas, "unas moléculas que, habitualmente, no nos hacemos mirar hasta que tenemos un 'aviso' de que algo está cambiando dentro de nosotros, no va como debería o cuando ya ha arrancado un proceso, sobre todo, asociado a alguna enfermedad", señala Rubén Lechuga, especialista en nutrición clínica, deportiva y salud integrativa en Hospital Universitario La Luz y autor, junto a Antonio Hernández, de 'Cómo alcanzar la flexibilidad Inmunometabólica'.
Por ejemplo, prosigue este especialista, "hay mujeres que solo empiezan a tomar conciencia sobre cómo están sus niveles de estrógenos o progesterona cuando tienen sospecha de que se acercan a la perimenopausia cuando, antes, prácticamente ni conocían sus nombres. Lo mismo sucede con los hombres con la testosterona o con hormonas asociadas al estrés, como la prolactina o el cortisol".
Esta falta de interés o dejadez lejos de ser un asunto anecdótico, adquiere tintes dramáticos si se tiene en cuenta que hay un tipo de hormonas que inciden directamente en algo tan básico como es cómo nos sentimos. "Las hormonas denominadas neurotransmisores, como la dopamina, la serotonina, la oxitocina o las famosas endorfinas, juegan un papel muy importante en nuestro bienestar, tanto físico como emocional, y su actividad viene determinada por las acciones que realizamos a lo largo del día".
¿Qué son los neurotransmisores? "Son sustancias químicas que transmiten señales entre las neuronas, células nerviosas en el cerebro y el sistema nervioso. Esta comunicación, cuerpo y mente, permite el funcionamiento del organismo, lo que da cuenta de la importancia de la misión que desempeñan en nuestro día día".
¿Qué podemos hacer en nuestro día a día para desencadenar ese torrente de hormonas del bienestar? "Una de las hormonas que más actividad puede tener en función de nuestras actividades en el día a día es la dopamina. Es un neurotransmisor que está muy vinculado con el placer, la motivación y con el sistema de recompensa de nuestro cerebro. Se libera cuando experimentamos algo placentero, como, por ejemplo, cuando estamos disfrutando de nuestra comida favorita".
La dopamina está involucrada, incluso, "en funciones como el movimiento o el aprendizaje". Es decir que "la capacidad de nuestro organismo de liberar dopamina va a influir muy positivamente en todos los procesos de aprendizaje".
La serotonina es "otro neurotransmisor muy popular, por su influencia en el estado de ánimo o enel sueño. También, está ligada al apetito o la digestión".
Para que comprendamos mejor lo decisivo que es su papel, Lechuga señala que "los antidepresivos son inhibidores selectivos de recaptación de serotonina. Es decir, lo que hacen estos fármacos es ayudar a nuestro organismo a retenerla en mayor proporción, evitando los bajones anímicos. A niveles más altos de serotonina, mayor sensación de felicidad y bienestar. Y, al revés, los índices bajos se relacionan con trastornos del estado de ánimo, como la depresión o la ansiedad".
Es importante saber que "la serotonina depende de la dopamina y ambas son compensatorias la una de la otra".
Conocida como la hormona del amor y de los vínculos afectivos, "la oxitocina se libera, sobre todo, con el contacto físico, cuando nos damos un abrazo, cuando acariciamos... Es una hormona cuya producción aumenta con gestos tan cotidianos como dar un abrazo, besar o acariciar a nuestro perro". Este neurotransmisor que "juega un papel crucial en los lazos afectivos, las relaciones sociales y la confianza, se ve reforzado con gestos de cariño" y, en las mujeres, alcanza "su máxima expresión durante el embarazo, el parto y la lactancia".
Asociadas al subidón del corredor, "las endorfinas son analgésicos naturales que produce nuestro organismo, como una especie de ibuprofeno natural. Se liberan en respuesta al dolor o al estrés que se produce durante actividades que nos hacen subir las pulsaciones, agitándonos a nivel cardiorrespiratorio, generando una sensación de euforia".
Dopamina rápida y dopamina lenta
Pero volvamos a la dopamina, el neurotransmisor 'madre' y del que están profundamente arraigados los otros. "No solo es el que deberíamos tener más en cuenta si no que, además, es sobre el que más podemos influir con las acciones que desarrollamos en nuestro día a día. Es clave en el sistema de recompensa del cerebro. Esto es muy importante que lo entendamos, porque liberamos dopamina en respuesta a muchas actividades que realizamos en el día a día. Es decir, su producción está determinada por las decisiones que tomamos y por nuestros hábitos".
En este sentido, este especialista subraya la importancia de que se tenga en cuenta que hay dos manera de obtener dopamina: rápida y lenta. "Hay acciones con las que se libera dopamina de forma inmediata, como el consumo de azúcar, ofreciendo una gratificación instantánea y que pueden llevar a comportamientos compulsivos e, incluso, acarrear consecuencias muy negativas a largo plazo".
Estudios clínicos muy reconocidos sugieren que, efectivamente, "estas actividades de gratificación inmediata afectan muy negativamente a los circuitos de recompensa del cerebro, disminuyendo paulatinamente la capacidad de experimentar placer con otros estímulos que antes nos hacían felices y ya no lo hacen por estar 'enganchados' a esos subidones vertiginosos e intensos".
Se producen liberaciones instantáneas de dopamina por: "Consumo de azúcar, comidas ultraprocesadas e hiperpalatables, alcohol o tabaco; abuso de la cafeína; uso excesivo de redes sociales; adicción al juego, a la pornografía o a los videojuegos. E, incluso, adicción a coleccionar conquistas sexuales".
La dopamina lenta, en cambio, "se obtiene de una manera más gradual y se asocia con hábitos saludables que generan un bienestar sostenido a largo plazo".
Con estos datos en mente es fácil deducir que "la dopamina lenta se libera de forma primordial con el ejercicio físico regular, tanto cardiovascular como el fuerza, la meditación, la lectura, el aprendizaje, el contacto con la naturaleza, la práctica de 'hobbies' recreativos, las relaciones sociales y hacer el bien al prójimo".
Y, por su puesto, comiendo de forma sana y equilibrada. "Es fundamental que llevemos una dieta de calidad y bien estructuradas, sabiendo cuáles son los alimentos que necesita nuestro organismo y buscando siempre un equilibrio en la salud y ese disfrute social tan beneficioso para nuestro estado anímico", concluye.

