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Sonia Encinas (Madrid, 38 años) habla bastante deprisa y bastante claro. Es comunicadora, sexóloga y escritora y, puesto que divulga sobre temas tradicionalmente cubiertos por el tabú, el lenguaje directo es su arma decisiva. Además de acompañar a mujeres y parejas en consulta, es docente en la Fundación Sexpol e imparte charlas sobre bienestar sexual con perspectiva social y feminista.
Después del éxito de Feminidad Salvaje y Sexo afectivo, en su último libro, El sexo de las madres, aborda esta dupla tan compleja como interesante, con paradas especiales en el sexo a.C. (antes de la criatura), el posparto y el sexo d. C. (después de la criatura). En la contraportada, se lee una suerte de adelanto de su contenido: "No es que las mujeres deseen menos, es que están hasta el coño". Pues vamos allá.
- En la parte inicial del libro hay tres ilustraciones sobre la anatomía sexual femenina. Una dedicada a la vulva, otra al clítoris y la última a los órganos sexuales internos. ¿Todavía estamos así?
- En las formaciones que doy me he dado cuenta de que esas ilustraciones siguen haciendo falta. Tenemos mucho lío para colocar nuestros órganos, no sabemos el tamaño que tiene el útero, ni la posición que ocupan los ovarios, la diferencia entre la vulva y la vagina, creemos que el clítoris es solo el capuchón de fuera... No saber cómo es ni dónde es como borrarlo de su existencia y eso nos desconecta de nuestro cuerpo.
- Ahora que lo dices, ¿qué tamaño tiene un útero?
- Aproximadamente es como una pera. Y el clítoris no mide un centímetro, sino que si contamos su parte interna, está entre los ocho y los diez. En el colegio estudiamos el pene, pero no el clítoris. Ninguna niña debería ignorar esto, además de que es un órgano destinado a su placer.
- Hablas en el libro de que la falta de corresponsabilidad de las parejas puede estar detrás de la baja libido. El cansancio y la carga mental es lo que tienen. ¿No eligen bien las mujeres a los padres de sus hijos?
- La teoría es una cosa que no funciona tan bien en la práctica. En consulta, lo que veo sobre todo en ellas es decepción con respecto a lo que esperaban de los hombres como padres y como parejas. Los mandatos de género sobre las cargas y los cuidados son los culpables de ese bofetón. Antes de tener un hijo creen que van a ser corresponsables. Ni ellos ni nosotras sabemos ejercer de padres y madres la primera vez, pero esos mandatos nos llevan a las mujeres a asumir y a la autoexigencia, a preguntar, a leer, a aprender... A ellos no. Ellos tienen que espabilar y las mujeres también deben aprender a soltar y delegar. Si les solucionamos las cosas todo el rato no crecen. Si ponen el pañal al revés o se les olvida algo en la bolsa del bebé, ya lo harán bien.
- ¿Las madres hablamos entre nosotras del sexo perinatal?
- Acompaño a grupos de mujeres desde 2013 y me he dado cuenta de que hay muchas ganas de hablar de sexualidad, pero no tanto en la etapa del posparto. Los grupos se llenan, pero hablan poco. Mi conclusión es que ese momento choca con el guion sexual patriarcal. Hemos aprendido que sexualidad es coito y ese guion, que es muy estrecho, está escrito para los hombres. No contempla los embarazos ni otras etapas como la menopausia. Invisibiliza nuestra experiencia.
- ¿Qué es lo que nos pasa en el posparto?
- Que nuestro cuerpo está diseñado para que nos enamoremos de nuestra criatura, pero ese guion no lo contempla. Y entonces creemos que nuestra sexualidad está dormida. Y todo lo contrario: el posparto es un hito en nuestra historia sexual. Lo único que pasa es que estamos intentando validarla a través del deseo masculino y, claro, nada encaja. En el posparto el hombre no es protagonista.
- Después de tener un hijo muchas mujeres piensan en volver a tener sexo como una obligación. En el libro recoges testimonios de mujeres como este de una madre con una criatura de 14 meses: "Sin sexo desde dos meses antes de parir. No me apetece".
- Pregunté a las madres cuándo recuperaron las prácticas sexuales y cuándo su deseo. Si cruzamos los datos es alarmante. Lo recuperan entre los siete meses y el año y pico, pero al mes y medio o dos meses retoman el sexo. Eso quiere decir que lo tienen sin deseo. Esa fecha coincide con el fin de la cuarentena, con la visita a la matrona. A partir de ahí se nos pone el contador a cero y ya no tenemos permiso para no tener ganas. Y llega esa exigencia, que es brutal. Si en ese momento la pareja presiona, estamos perdidas.
- Llegan las culpas.
- Es que puedes no tener deseo perfectamente durante un año o más. Si has elegido lactancia materna, es muy probable que no lo sientas, por ejemplo, y si no se tiene en cuenta o no se sabe, llega la culpa y el malestar y la creencia de que la mujer tiene un problema, algo que arreglar. O si estás agotada tampoco deseas. Creemos que los hombres lo necesitan, pero pueden estar un año sin sexo porque no es una necesidad. El sexo solo se debe vivir desde el deseo. Y hay que cuidarlo, pero respetando los ritmos. La pareja no debe presionar para acelerarlo. Y tener sexo sin deseo nos aleja más de ese deseo, precisamente. Además, una mujer puede no querer genitalidad pero sí besos, caricias e intimidad, pero solo el sexo convencional es lo que valida la relación.
- Ellos dicen que siempre tienen ganas.
- No es verdad, pero es una creencia muy reforzada. Esta idea les genera ansiedad y frustración, pero tienen que saber y aprender que no es verdad. También deben identificar que si lo que precisan es una descarga sexual, pueden satisfacerse ellos mismos sin necesidad de esperar que lo haga tu pareja. Ellas tienen que hacerse cargo de reconectar con su erótica y ellos, de las razones de su frustración.
- Pero a las parejas les entra el susto sobre su relación si no tienen sexo...
- Es que luego os vais a ir encontrando. Es normal que el deseo sexual hacia la pareja brille por su ausencia durante el primer año del bebé. Hay razones fisiológicas, como que la lactancia materna precisa prolactina, que baja los estrógenos y, por tanto, el deseo, y que liberas oxitocina para vincularte con el niño, así que te enamoras de él. Luego hay otros factores que influyen, como el cansancio. El deseo necesita de un excedente de energía y en el posparto, normalmente, vives en déficit. Por no hablar de si te reincorporas a trabajar a las 16 semanas...
- Dices: "Es hora de que dejemos de pretender que todo esté hecho y colocado para ya luego disfrutar". O sea, que queremos que los niños estén dormidos y los platos, fregados antes de darnos un revolcón.
- Colocamos el placer al final de la lista y al final son las 11.30 de la noche, estás reventada y te vas a dormir. Día tras día y año tras año. Y si no hay corresponsabilidad, peor. Así nos desconectamos del placer y no lo priorizamos. Tenemos interiorizado que el placer es de vagas y no, forma parte de la vida y nacemos buscándolo. Conectarnos con él nos da salud y calidad de vida. Hay que renunciar a cosas y permitirnos disfrutar. Veo mujeres que llevan años en la primera etapa de la crianza y ya no saben ni lo que les pone y han perdido vitalidad.
El sexo de las madres
Roca Editorial. 374 páginas. Puedes comprarlo aquí

