- Crianza ¿Es 'obligatorio' dar paga a los hijos? ¿Cuánto y cuándo se empieza? Todas las respuestas, aquí
- Educación financiera Natalia de Santiago: "La paga de un adolescente debe incluir caprichos. Si sabe lo que cuestan, quizá no le parezcan tan fundamentales unas zapatillas de 150 euros"
- Tecnología Alberto Soler, psicólogo, sobre los regalos navideños: "Hasta que sean mayores de edad o, como poco, tengan 16 años, los adolescentes no deberían tener un smartphone de su propiedad"
Niños que abren paquetes sin parar, como si Papá Noel o los Reyes Magos (según proceda) no tuviesen fin. Niños que apenas se detienen en cada unboxing, expertos en el arte de descuajaringar envoltorios y dejar un cementerio de papeles y cajas a su paso. Niños, en definitiva, que nadan entre regalos que muchas veces no han pedido y ni tan siquiera desean.
Es fácil señalarlos a ellos como responsables, pero incierto, en tanto que somos los adultos quienes estamos detrás de tanta compra y tanto juguete. Esta sobreabundancia da lugar a niños y adolescentes hiperregalados, rodeados de estímulos sin límites. De muñecas a juegos de mesa, pasando por dispositivos electrónicos y experiencias lúdicas, muchos niños y adolescentes reciben tantas recompensas (y tan inmediatas), que disminuye su capacidad de valorar el esfuerzo y de encontrar la motivación para cumplir algún propósito si no es con el aliciente de recibir algo a cambio.
Hablamos de las consecuencias de todo ello y de las dificultades que puede suponer en el desarrollo emocional de los menores con Irene López, psicóloga y responsable clínica terapéutica de los centros anda CONMiGO.
- ¿Existe una edad en la que esta tendencia sea más frecuente o más preocupante?
- No hay ninguna etapa en la que el impacto de hiperregalar sea mayor, aunque en cada fase afecta de un modo diferente. En la primera infancia, preescolar, puede ser contraproducente porque asocian el esfuerzo, calmarse o portarse bien con un refuerzo inmediado. Tenemos que enseñarlos a autorregularse y a tolerar la frustración con espera, no con recompensas no coherentes. Así se sientan las bases de la motivación interna. Si un niño tiene una rabieta y le decimos que si se calla le compramos un peluche, no validamos su emoción ni le preguntamos qué le pasa. Lo mismo pasa si los hermanos se pelean por una galleta: muchas veces instamos al mayor que se la dé al pequeño con la promesa de que después le compraremos una chuche a él.
- ¿Y en niños mayores?
- En edad escolar, entre los 6 y los 12 años, uno de los síntomas es que pierden el interés muy rápidamente por las cosas y les cuesta mantener la atención en determinadas actividades si no hay una gratificación inmediata. Incluso necesitan estímulos nuevos constantemente para mantener la motivación. Hiperregalar interfiere en hábitos como la responsabilidad, disfrutar del aprendizaje, etc. Carecen de constancia o esfuerzo para hacer algunas actividades. Un ejemplo de esto es cuando prometemos un regalo por sacar buenas notas: pierden la motivación interna por la extrínseca.
- ¿Y en la adolescencia?
- Hiperregalar trae como consecuencia que en estas edades tienen una mayor dependencia del consumo para sentirse bien. Lo consideran fuente de bienestar y una manera en la que se validan sus logros. Es decir, unimos lo material al reconocimiento.
- ¿Los padres regalamos mucho para tapar culpas, ausencias, mitigar heridas por separaciones, etc.?
- Lo hacemos cuando no estamos disponibles como nos gustaría, presencial o emocionalmente, y queremos compensarlo. Es una practica recurrente hacer regalos para responder al malestar de nuestro hijo, pero esto hace que aprendan que la tristeza, el enfado y la frustración se resuelven a través de cosas materiales y dificulta que desarrollen recursos internos para gestionar las emociones. Cuando hay una separación cada vez vemos más que se usan los regalos para reafirmar el amor y el vínculo con los hijos y competir con el ex que está más presente. Los niños ahí reciben el mensaje de que deben medir el amor de sus padres en términos materiales. Al final los padres se sienten muy culpables y deberíamos usar dinámicas para favorecer la conexion con los hijos que esten basadas en la escucha, la disponibilidad y el tiempo de calidad compartido.
- ¿En qué momento podemos reconocer que nos estamos pasando con los regalos?
- Si vemos que los niños pierden el interés por los regalos, sean caros o baratos, o si tiran cosas que están en buen estado o si se enfadan porque no reciben cosas nuevas... Ahí vemos que no le dan valor a los objetos en sí. Y si el adulto no quiere poner un límite porque cree que va a generar rechazo, una rabieta o frustración en su hijo también es síntoma de que hiperregala.
- Siempre decimos que se aburren de todo lo que tienen, pero que piden más y más.
- Los niños sobreexpuestos a los estímulos y a esas recompensas continuas, sean con cosas materiales o con experiencias, tienen un alto nivel de demanda de novedades. Se satisfacen a través de ellos y necesitan que sean más frecuentes o más caras. La consecuencia es que pierden el valor del juego de un modo profundo y creativo, y de sostenerlo a lo largo del tiempo. Quieren juguetes nuevos y más llamativos para experimentar el mismo nivel de entusiasmo que antes. Pero cuando lo tienen, vuelven a ser insuficientes.
- A veces los padres intentamos poner límites, pero sobre todo en estas fechas, los Reyes Magos y Papá Noel van dejando regalos en casas de abuelos, tíos... ¿Qué hacemos?
- La recomendación es poner límites si no queremos tantas cosas ni tan caras, pero eso no quiere decir que los abuelos no puedan regalarles cosas, sino que lo hagan de forma coherente. A los niños también podemos anticiparles el número de regalos que podrían recibir para ir ajustándoles sus expectativas. Y hay que normalizar con ellos la idea de que Papá Noel y los Reyes no tienen por qué traer todo ni traerlo inmediatamente. El niño que entiende esos límites va a vivir con menos frustración.
- Ponga ejemplos de buenos regalos.
- Que sean sencillos y experiencias que no tengan que estar ligadas a la parte material. El objetivo es crear, imaginar y lograr sostener la atención sin tanto estímulo. Un ejemplo es pasar tiempo de calidad juntos, sin móviles, sentarte y ver una peli, hacer un bizcocho, jugar a un juego de mesa sin mirar los Whatsapps... Estos son los deberes que tendríamos que ponernos los adultos para compartir tiempo con los pequeños: estar presentes de verdad. Si dices dos horas, que sean dos horas, sin interrupciones para mirar el teléfono.

