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Crianza

Andrea Ros, divulgadora perinatal: "Las madres están solas, vapuleadas, tristes y sobrecargadas, pero no derrotadas. Buscan otra forma de criar"

Siempre cañera, la también actriz catalana publica ahora 'Comadres', un ensayo en el que reivindica la necesidad de colocar la maternidad en el debate político.

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Andrea Ros
Andrea RosSERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL

Andrea Ros (31 años, Tarrasa) es divulgadora perinatal y actriz. En redes sociales se la conoce como @madremente, perfil desde el que ejerce un activismo singular. Su peculiaridad se debe a que mezcla con audacia la ternura y el espíritu más combativo. Su guerra son las madres, los niños, los cuidados. No se conforma con poco y es rotunda como un canto rodado, pero su batalla lleva implícitos el amor más primitivo y la delicadeza. Por eso, a veces parece que suaviza el discurso, pero no se confíen ni un pelo: está empeñada en incorporar la maternidad al debate político porque, dice, las madres en España están solas, ergo están mal.

Y así lo cuenta en su segundo libro, recién publicado, llamado Comadres (Destino), un ensayo en el que pone letras al reto de hablar de la experiencia materna y a una exigencia: devolverles a las mujeres la autonomía en sus procesos sexuales y reproductivos. Su objetivo es poner los cuidados en el centro para que el camino sea digno y placentero. Aborda también cuestiones áridas como la violencia obstétrica, la salud mental en el puerperio, la niñofobia...

Su planteamiento no se sostiene en la queja, o no solo. Ros hace propuestas concretas para que desde la política las madres tengan herramientas a su servicio, más allá de apoyarse en otras comadres, esenciales en la crianza; de iniciativas particulares (como el espacio de encuentro y coworking que capitanea en Barcelona, el Refugi de les Mares); o de tirar con todo a base de cortisol. Algunas son alargar el permiso de maternidad y universalizarlo; retribuir el cuidado de los menores; incluir la psicología perinatal en Atención Primaria y aumentar el número de matronas, entre otras medidas.

La labor de divulgación de Andrea Ros se sustancia en la escritura (su primer libro fue Lo hago como madremente puedo, de 2022), en el pódcast que comparte con la psicóloga perinatal Paola Roig La vida secreta de las madres con el que recorren, además, teatros por España y con el ejercicio de su propia maternidad: tiene dos hijos, de 5 y 7 años. "Soy madre joven y fue una decisión consciente. Quiero crecer con mis hijos. Cuando la gente se enteraba, no sabía si darme la enhorabuena o el pésame, pero a mí me daba igual. Siempre he sido una madre muy feliz", remata.

Cíclicamente en redes sociales se abre el melón de si madres y padres deben tener prioridad en el trabajo para elegir vacaciones, turnos, etc. Los ataques cruzados son hirientes como granadas de mortero. ¿Qué opina?
No conocía ese debate. Nuestros hijos nos impulsan a luchar por nuestros derechos y quienes no tengan que reivindiquen los suyos. Quizá haya detrás algo de niñofobia, porque se piensa que no necesitamos tiempo para cuidar a los niños, puesto que podemos mandarlos a colegios, campamentos, con los abuelos... En general, las necesidades de la infancia no se tienen en cuenta.
Hay lugares donde nos dejan claro que los niños molestan y otros en los que ni siquiera se permite su entrada. Con otros colectivos sería impensable.
La infancia se deshumaniza. Es como si los niños no tuvieran el carné de persona y por eso podemos vulnerar sus derechos sin problemas. Les podemos hacer llorar para que aprendan a dormir, dejarlos ocho horas encerrados en un edificio por su bien y decidir que no van a entrar a un determinado establecimiento. Hay sitios donde está permitido, pero la energía es contraria. Como cuando entras en el tren y la gente pone caras largas, pero luego son los que hablan a gritos con su jefe por teléfono. Al deshumanizar la infancia, vemos normal que los niños den pereza y no nos gusta que sean niños porque cuando se portan como tal, decimos que se portan mal. Me da mucha pena esa gente. Les preguntaría si de pequeños no les dejaron jugar.
Queremos que se callen y que estén quietos.
Y cuando tienen una rabieta, no queremos acompañarlos sino que cese, que no griten, que no lloren. Les preguntaría: '¿Qué te pasa a ti con que los niños lloren? ¿Qué te pasa a ti con que los niños sean niños?'.
Es bastante cañera con el famoso método del doctor Estivill para 'domar' el sueño de los niños. Yo lo hice, pero me arrepiento mucho. ¿Qué me diría?
Que no es tu culpa. Las madres que lo hicisteis sois tan víctimas como las criaturas. El método Estivill es violento con los niños pero también con las madres porque les arrebata el deseo materno. Les dice: 'Tu intuición no vale para nada, ese deseo que tienes de coger a tu bebé es basura. Desóyelo y haz lo que te digo, que soy un señor que sabe mucho'. Recuerdo a mi madre llorando en la puerta de la habitación y a mi hermana dentro, también llorando. A esas madres os diría que no pasa nada. Os hicieron creer que eso era cuidar a vuestros hijos. Y lo hicisteis.
Criamos en soledad. ¿A qué nos lleva?
A la locura. Ivone Olza, psiquiatra perinatal, dice que una mujer en puerperio sola con su bebé en su casa está en una situación de riesgo psíquico. La vida no está hecha para estar sola, y la crianza, menos. Hay cosas que no sabes hacer, de bebés o de más mayores, que las madres resuelven gracias a estar con otras mujeres. Yo soy mejor madre porque estoy con otras y las veo hacer de madres. Según el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal, el 30% de las madres en España sufre problemas de salud mental pero no hay estrategias públicas para cuidarlas. Así que sí, resumiendo: criar solas nos lleva a estar locas.
¿Quiénes son las comadres?
Las señoras que te cruzas por la calle, tus vecinas, las madres del cole, las que están en los parques... Las mujeres en general, porque compartimos un relato y nos entendemos entre nosotras. Nos han vendido que hay bandos según des teta o bibe, pero cuando sientas a dos mujeres, aunque hayan tomado decisiones distintas, se sienten igual. No sabemos nada de por qué una ha decidido teta y la otra biberón. ¿Quiénes somos para juzgarlas? A las que se sienten solas les digo que hablen con otras madres, son comadres.
Usted se queja de que nadie pregunta a las madres cómo están. ¿Cómo están?
Están mal, vapuleadas, tristes, sobrecargadas, ansiosas, pero no están derrotadas, sino que buscan otra forma de hacer, de criar. Eso es lo que define a las madres millennial. Buscamos otro modo de hacer las cosas, sin culpar a generaciones anteriores, para comprendernos mejor y liberar a los que vienen después.
Permisos de paternidad intransferibles, es decir, como están ahora, ¿sí o no?
No. La transferibilidad favorece el derecho de las criaturas a ser cuidados. Si no lo son, no permitimos a las familias tomar sus propias decisiones y si el padre es autónomo, por ejemplo, no cogerá nada más que la parte obligatoria [seis semanas]. El que pierde, entonces, es el bebé, una vez más. Comprendo cuáles son los motivos de hacer los permisos intransferibles, pero no estoy de acuerdo con esta fórmula porque encaja más con la realidad. Si en esa familia, ella quiere dar el pecho hasta los seis meses, por ejemplo, no puede aprovechar el permiso que le sobra al padre y va a tener que precarizarse. Todo se hace en nombre de la corresponsabilidad, y lo entiendo, pero creo que nos estamos equivocando. De todos modos, el debate correcto, a mi juicio, es por qué no tenemos permisos que cubran las necesidades auténticas de un bebé.
DESTINO

Muchos debates sobre crianza (coger a los niños en brazos, el acompañamiento en el sueño, etc.) se acabarían si conociésemos que existe la exterogestación, es decir, los segundos nueve meses después del parto en los que el bebé necesita cuidados básicos, entre los que está el contacto físico permanente. ¿Por qué no lo sabemos todos?
Porque en el colegio nos explican el sistema reproductivo, cómo poner un condón y cómo un támpax, pero poco más. Esto lo tienen que entender los políticos: que hay que hablar de infancia y que es un sujeto político de pleno derecho. Ione Belarra ya habló en el Congreso de la necesidad de alargar los permisos hasta los nueve meses.
Los padres y las madres leemos muchos libros de crianza. ¿Dónde se ha quedado la intuición?
No tenemos que aprender a cuidar con un libro, pero hemos llegado a esto por dos cosas: mi generación y la anterior han sido educadas en la importancia de la formación y el estudio. Y por otro lado, criamos solas. No tenemos con quién hablar así que buscamos la respuesta leyendo. Lo malo es que cuando lo pones en práctica no te sirve, porque el desarrollo de los niños no funciona como un reloj. Necesitamos conectarnos de nuevo con la intuición, porque cuando una madre se pregunta algo, en realidad ya tiene la respuesta. No deberían necesitar la aprobación externa, como si no fuesen válidas.
Quedarse a cuidar a los hijos no tiene prestigio. La mujer que decide hacerlo es juzgada por retrógrada.
Hay que redefinir y dignificar los cuidados porque sin ellos, morimos. Si dedicarnos a cuidar supone perder independencia económica, no tener acceso al ocio, etc., en efecto, son un problema. Pero los cuidados en sí son maravillosos. Ser cuidado y cuidar son derechos y yo no quiero ver a mis hijos una hora y media por la noche porque tengo que trabajar y que ellos estén en extraescolares o con los abuelos. No. Quiero vivir mi vida con mis hijos y esto sí que es revolucionario. Cualquiera que me diga lo contrario va a tener que explicármelo muy bien para convencerme.
¿Qué es el tiempo de calidad?
Una basura que tiene efecto placebo y nos anestesia. Tu hijo no necesita que le estés mirando fijamente una hora, sino que estéis cada uno a vuestras cosas y que él de repente pueda acercarse a ti para contarte algo. Los niños, además, necesitan observar el mundo de las madres y por eso ellas tienen que seguir trabajando, ocupándose de sus amigas, con aficiones...
¿Nos hacemos líos con lo de la crianza respetuosa?
Crianza respetuosa es tratar a la infancia con respeto. Ya está. En esos libros no están las respuestas a la rabieta de tu hijo, porque cuando pongas en práctica lo que pone, te llamará 'tonta' y si no tiras de tu intuición no sabrás qué hacer. Por eso creo que lo que se entiende por crianza respetuosa se ha convertido en una cárcel para las madres. Nos enseña a acompañar las emociones de nuestros hijos pero no las nuestras y es contradictorio. También nos ha llevado a no poner límites y es muy peligroso porque va a cruzar en rojo. No pasa nada por gritar, eso no es violencia. De hecho, creo que no se puede ser madre sin gritar. Tenemos que reapropiarnos de la rabia y de la furia, porque forman parte de la vida. También tenemos límites y podemos decir 'no puedo más, se acabó'.
La importancia de decirles 'no'...
Si no ponemos límites y un amigo no le invita a su cumpleaños puede llevarle a un intento de suicidio. Además de las redes sociales, en esto juega un papel no haberles dicho nunca que no. No podemos decirle a un niño de 2 años qué quiere desayunar, sí podemos darle dos opciones. Además, cuando decidimos por ellos les quitamos un peso de encima porque ellos no están preparados.
¿Cómo concilia usted?
Tengo hijos con un hombre corresponsable, agrupo los rodajes y los viajes de trabajo o mi familia viene conmigo, y también he aprendido a poner límites. Hace tres años pedí un día libre para acompañar al colegio a mi hijo, que empezaba Primaria. Expliqué los motivos y lo aceptaron. Cambiaron el horario de trabajo del equipo y quién sabe, a lo mejor hubo gente que gracias a eso pudo estar con sus niños el primer día de cole. Sé que tengo privilegios y por eso mismo debo usarlos. Lo mismo con la función escolar. A ver si nos enteramos de cuáles son de verdad las cosas importantes. Habrá quien piense que son ñoñerías, pero no debato con esa gente. En esto, soy inamovible.