YODONA
Verano

Las vacaciones de Ana, Jesús y sus nueve hijos (con otro en camino): "Tenemos amigos que han recorrido 100 países. Yo señalo a uno de los niños y les digo 'este es mi Vietnam'. Es lo que hemos elegido"

Mientras media España tiene el ojo puesto en playas o montañas, esta familia hace números para escaparse unos días. Un hotel para todos puede costarles hasta 6.000 euros una semana, así que prefieren ir a un apartamento en su minibús (de 17 plazas).

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Jesús y Ana, con cinco de sus hijos, esta semana en un parque de Madrid.
Jesús y Ana, con cinco de sus hijos, esta semana en un parque de Madrid.

Ana Iglesias (41) y Jesús García (46) se conocieron cuando trabajaban en un banco en 2010. Se casaron dos años después y desde entonces podríamos decir que les ha cundido bastante. Han tenido casi un hijo por año y, por el momento, la cosa asciende a nueve y otro en camino. El mayor tiene 13 y el pequeño, uno. Si todo va conforme a lo previsto, arrancarán 2026 con una criatura más. Es niña, cuentan. La foto que ilustra la página es un retrato sincopado de esta familia porque, aprovechando el verano, cuatro pequeños están pasando unos días con los abuelos. "Con solo cinco en casa parece que no tenemos niños", bromea el padre.

Con las cifras de natalidad en caída libre, una familia numerosa en España es como un trébol de cuatro hojas. Las mujeres tienen 1,12 hijos de media y cada vez esperan más para ser madres, puesto que lo hacen a los 32,18 años, según el INE. Nada de eso tiene mucho que ver con Ana y con Jesús, que son epítome de lo que comúnmente se conoce como liarse la manta a la cabeza. En tiempos de sequía demográfica, lo suyo ni siquiera es excepción, sino (casi) excentricidad.

Ni 'kikos' ni del Opus

Abordamos pronto la pregunta de marras -esa que alude a su posible pertenencia a algún grupo ultracatólico- para avanzar la conversación sin esa conjetura flotando: "La mayoría de la gente da por hecho que sí, pero ni somos kikos ni del Opus", dice Ana. "Profesamos la fe católica porque hemos nacido en España y practicamos cuando podemos, aunque últimamente nos echan de menos", continúa Jesús entre risas.

Según datos de 2024 del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, en nuestro país hay 851.156 hogares que cuentan con un título de familia numerosa en vigor. De ellos, 155.717 residen en la Comunidad de Madrid, como la nutrida prole de esta pareja.

Pero hay familias numerosas y familias numerosas. Existen las categorías General, a partir de tres hijos, y la Especial, que pone nombre a los más fecundos, aquellos con cinco hijos o más. Estos madrileños comparten clasificación con otras 16.081 familias más en la Comunidad y, de crearse, bien podrían ascender a la categoría premium.

Él estudió Estadística y ella, Publicidad y RRPP y después hizo un máster de Marketing. Jesús continúa empleado en el sector bancario y ella ha regentado varias tiendas online. La última, de calzado infantil, ha tenido que liquidarla. "Entre las redes sociales, el negocio y los niños estaba teniendo algunas contracciones y prefiero parar un poco", cuenta esta madre.

Por parar se refiere ella a continuar (¡sin colegio!) con el cuidado de sus hijos junto a su marido, contar sus tribulaciones de familia numerosa a una comunidad en internet de más de cuatro millones de seguidores bajo el nombre de Una locura de familia y apañar la logística doméstica que, en su caso, debe de ser casi como un ministerio. "En otro momento tuvimos ayuda en casa por las mañanas para tareas de limpieza, pero ahora mismo no contamos con nadie. Tampoco hemos tenido nunca niñera", aclara de carrerilla.

Ana, por su actividad en redes sociales (podríamos decir que es influencer), se sabe bien las respuestas, porque la curiosidad de la gente ante una familia como la suya ocupa bastantes lugares comunes. También suscitan comentarios un tanto levantiscos y cuchicheos, que en internet se traducen en irremediable hate. Por eso ella camina un poco a la defensiva y dice sin dudas que tener una familia numerosa «está muy mal visto». "En general lo llevo mal. Intento no contestar, pero hay veces que insultan, inventan... Creo que si todo el mundo estuviera identificado en internet no se atreverían a decir determinadas cosas", afirma rotunda. También tiene una opinión clara sobre las polémicas a propósito del sharenting: "Enseñar el rostro de tus hijos yendo al cine o paseando por el parque no es igual que mostrar su intimidad, sus notas o hablar de su orientación sexual. Tampoco los saco a la calle tapados. Veo clara la diferencia", espeta.

Vayamos al retrato costumbrista, más inocuo y exótico: "Ponemos como mínimo dos lavadoras diarias. A veces tres. Intento hacer una compra grande, pero no llega ni para 15 días. No tengo sitio para guardarlo todo", se sincera. Rápido llegamos a otro clásico, la pregunta sobre sus recursos, porque tantas visitas al súper requieren un cash correspondiente. "Contamos con mi sueldo del banco y con el de Ana, que proviene de las redes. Antes de cerrar la zapatería tuvimos que hacer números y vimos que nos llegaba", cuenta el padre.

Ana, Jesús y sus nueve hijos viven en un chalé en la periferia norte de Madrid, con seis dormitorios y una sala de juegos para toda la tropa. Como en muchas casas con niños pequeños, uno sabe cómo se acuesta pero no cómo se levanta. Además, practican colecho. "Los dos mayores duermen en su cuarto y los dos pequeños, con nosotros. Aunque tenemos sitio, los demás prefieren agruparse en la misma habitación y hay mañanas que amanecen dos o tres en una cama de 90", describe Ana.

¿Su coche? Un minibús de 17 plazas

Si para una familia más convencional salir de casa todos a la hora acordada, montarse en el coche y meter primera es una aventura, para los García-Iglesias es una odisea. Su utilitario es un minibús de 17 plazas. Parece un disparate, pero, al final, resulta más barato que dos vehículos de tamaño inferior. La cara b de circular con semejante trasto parece evidente: "Es muy complicado aparcarlo en el centro de Madrid". Si alguna vez tienen que desplazarse a las tripas de la urbe, mucho mejor en transporte público, explican.

Sobre las posibilidades de continuar con su fecundidad desatada también les preguntan a menudo. Ellos se han dejado llevar criatura tras criatura. Hasta ahora. "Todas las pruebas del embarazo salen perfectas. No tengo miedo, aunque si viniera un bebé con problemas sería igual de bienvenido. Pero tengo 41 y mi instinto me dice que es mejor parar. Por primera vez tengo claro que este será el último. Ya tengo la familia que quiero tener", lapida la madre.

A la sesión de fotos los niños llegan impecables, pese al sol abrasador de este julio impío. Un par de horas después, hay algún rastro verde en la ropa por hacer la croqueta en el césped del parque, alguna disputa entre hermanos y alguna lágrima con poca trascendencia. Peccata minuta. Los mayores, de 13 y 12 años, se ocupan de los pequeños por aquello de impedir que se caigan al estanque y para ayudarlos a beber de la fuente. No obstante, el padre tiene que acudir a rescates diversos, como advertir del paso de ciclistas a uno y pasear de la mano con otro.

Una vez acabada la entrevista, Martina y Luca, los pequeños, se empeñan en arrastrar las maletas, aunque abulten mucho más que ellos. Son una metáfora turística oportuna dadas las fechas, pero ¿adónde va de vacaciones una familia como esta? ¿Se lo pueden permitir? "Nosotros hemos elegido tener hijos, mientras que otros amigos han recorrido ya cien países. A veces señalo a uno de los niños y les digo 'este es mi Vietnam'", afirma Jesús. Para ellos, ir todos a un hotel está casi descartado: "Una semana nos salía por 6.000 euros y es imposible. Hay años que no hemos podido irnos de vacaciones, pero por suerte tenemos piscina en casa así que hemos pasado bien el verano. Nuestra opción para ir a la playa es ir en minibús a un apartamento que puede costar 1.200 euros seis o siete días. El año pasado, menos los dos pequeños, ¡cada uno se hizo su maleta!", exclama Ana contenta.

Vacaciones con el ojo puesto en la cuesta de septiembre

Pese al calor, tienen el ojo puesto en septiembre o, mejor, dicho, en su cuesta. Ana controla esa intendencia y explica que acaba de gastar 2.500 euros en material escolar para el próximo curso, aunque sus hijos heredan todos los libros de texto y los uniformes que pueden. Salvo la deducción por familia numerosa en la declaración de la Renta y las becas de comedor de la Comunidad de Madrid, no disfrutan de más ayudas públicas, aunque tampoco las buscan: "La gente cree que te dan todo gratis, pero ni es verdad ni sería viable. Con el descuento, que es de unos 45 euros por niño, pagamos unos 900 euros en comedores del cole cada mes", dice Jesús sin ningún asomo de queja, mientras reconoce que no pertenecen a ninguna asociación de familias numerosas. En realidad, son un verso suelto: en su entorno nadie replica su populoso hogar. "Mis hermanos, de hecho, ni siquiera tienen hijos", añade.

El último estudio de la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN), publicado en 2024 en base a 2.000 encuestas, hace un retrato robot de estos hogares. La mayoría, seis de cada 10, se compone de tres hijos y los más infrecuentes son aquellos con seis o más vástagos (5%). Con respecto al tipo de centro educativo al que acuden, existe un equilibrio casi quirúrgico entre la enseñanza pública (48%) y la privada (6%) o concertada (45%). Según el mismo informe, el 22% de familias numerosas tiene algún miembro con discapacidad, un factor que hace merecedor de esta condición a hogares con menos de tres hijos. En cuanto al empleo, casi la mitad de los padres y madres se ocupa en el sector privado, el 25% son empleados públicos y el 8% autónomos o empresarios.

No hay tregua en una casa con tanta gente, así que los planes en pareja son muy excepcionales. "No podemos dejar a todos los niños a cargo de una sola persona porque es demasiada responsabilidad, pero si surge la oportunidad de repartirlos entre la familia, la aprovechamos", cuenta Ana. En general, dicen ambos, sus niños sí quieren tener hijos, aunque Héctor, de nueve años, contesta cauto: "Yo uno".