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- Ana Sierra, psicosexóloga: "Es una falacia absoluta que para tener relaciones sexuales completas haya que seguir la rutina preliminares, coito y orgasmo
La piel es nuestro mayor órgano sexual. Representa alrededor del 6% del peso corporal y actúa como una compleja red sensorial. En ella, múltiples terminaciones nerviosas, como las fibras táctiles tipo C, los corpúsculos de Meissner y Pacini, se activan durante el contacto placentero. Ya sea a través de caricias suaves, presión, lametones o incluso azotes, el placer depende tanto del estímulo como del contexto y las preferencias personales.
Tocar es un lenguaje en sí mismo. Cuando el contacto es deseado, se liberan hormonas como la oxitocina, que promueve la confianza y el apego, y la dopamina, que estimula el deseo. La sexualidad erótica, individual o compartida, no se limita a la genitalidad: implica todo un universo sensorial que puede expandirse con atención y práctica.
Cada persona tiene un mapa erótico único. Aunque el cerebro dedica más espacio sensorial a zonas como las manos, la boca y los genitales, cualquier parte del cuerpo puede volverse una fuente de placer si se entrena para ello. Puedes consultar más sobre esto en mi artículo sobre el Mapa erótico.
Masturbación: romper el tabú
Hablar de masturbación sigue siendo incómodo para muchas personas, a pesar de ser una práctica natural y beneficiosa. Según Adnane Kabaj, cofundador de IntyEssentials, expertos en bienestar íntimo, "tocar y tocarse es una forma de autocuidado fundamental para nuestra salud sexual y general". Y añade, "Históricamente estigmatizada, hoy la masturbación se entiende como una herramienta saludable. Según la International Society for the Study of Women's Sexual Health (ISSWSH) y SIECUS, las personas que se masturban regularmente tienen una vida sexual más satisfactoria y se sienten más libres para comunicar deseos y límites".
Cómo tocar(se) bien: guía práctica
1. Empieza contigo
El autotoque activa rutas neuronales de placer. Puedes mirarte al espejo o cerrar los ojos: explora con curiosidad. Si al principio te cuesta, recuerda que el deseo también se cultiva. Prueba con aceites de masaje para tocar tu piel y lubricantes para tus genitales. Ahora con el calorcito, ¿qué tal si te descubres con la ducha, para experimentar con temperaturas? ¿O utilizas hielo?, que sea mojado para que no te queme ni se pegue a tu piel.
2. Consentimiento ante todo
Tocar a otra persona debe ser siempre consentido y deseado por ambas partes. Escucha su lenguaje corporal, observa señales de relajación o tensión, y si hay dudas, para y pregunta. El consentimiento no siempre se dice: se nota. Y si no lo notas, probablemente no esté.
3. Explora sin mapa
Nuestro cuerpo está lleno de zonas erógenas ignoradas. Toca, lame, frota, prueba y observa. Tú eres tu mejor guía. Y si lo compartes, podrás crear grandes exploraciones conjuntas.
4. Practica (aunque dé miedo)
Intencionalidad erótica, no relajante, y consciencia para degustar cada milímetro de piel y sentirlo todo. Tocar otros cuerpos, especialmente los genitales, puede generar inseguridad. Pero como todo en la vida, se mejora con práctica, comunicación y respeto.
Claves para que te sientas segura al tocar zonas íntimas
Masturbación compartida y juguetes sexuales
Con las manos, la lengua, la nariz o con juguetes sexuales, tú eliges. Puedes mostrar a tu pareja cómo usarlos y dónde, compartir fantasías y enriquecer la experiencia. Pregúntale cómo lo quiere. "Masturbarse mutuamente puede ser una forma muy íntima y poderosa de conectar con la pareja", comenta Mónica Chang, experta en bienestar sexual de Iroha, una deliciosa marca de juguetería japonesa. Y te servirá para aprender nuevas formas de dar y recibir placer.
Cosquillas: cuando el cuerpo se defiende
A veces el contacto provoca cosquillas, no placer. Esto puede deberse a incomodidad emocional, inseguridad, o simplemente a un reflejo evolutivo de protección. Nuestro cuerpo puede reaccionar para alejarnos de algo que, aunque aparentemente sea deseado, no se vive con seguridad interna. Escuchar esas señales es clave.
Entender la vulva y sus zonas sensibles
La vulva es la parte externa de los genitales femeninos, e incluye labios internos y externos, clítoris, entrada vaginal, pubis, meato urinario, ingles (yo las incluyo aunque no sea habitual) y zona perianal. "Muchos van directos a la vagina, ignorando todo lo demás", señala Lucía Jiménez, sexóloga de Diversual. ¡Craso error! Disfruta el camino, lo importante no es llegar al final, sino que la finalidad sea el placer en si.
Cómo estimular el clítoris
"El clítoris puede ser muy sensible, sobre todo conforme aumenta la excitación. A veces una estimulación directa resulta molesta", explica Jiménez y añade: "Recuerda que a mayor excitación, más sensibilidad. No dudes en utilizar lubricación si es necesario.
¿Te gusta la penetración vaginal?
Hay varias zonas sensibles en la vagina, pero puedes empezar por estas:
Zona G: No es un punto, sino un área a unos 5 cm de la entrada vaginal, en la cara anterior. Está conectada con el clítoris interno.
Zona C (cuello del útero): Algunas personas sienten molestia si no están excitadas; otras experimentan orgasmos profundos. Se estimula mejor con juguetes largos o que simulan movimientos de penetración.
Estimulando el pene y los testículos
El glande y el frenillo son especialmente sensibles, pero requieren lubricación para evitar molestias. Conforme aumenta la excitación, también lo hace el placer. Muchos juguetes se enfocan en estas zonas, como succionadores o masturbadores automáticos.
Los anillos de constricción en la base del pene pueden intensificar la erección y prolongar el placer.
Respecto a los testículos, que suelen olvidarse, muchas personas disfrutan de masajes suaves. Esta zona es delicada, así que la presión debe ser ligera. Los aceites eróticos ayudan a aumentar la temperatura y la suavidad del contacto.
Tocarse (y tocar) bien es un arte que combina conciencia, práctica, escucha y disfrute. Cada cuerpo es único y está lleno de posibilidades. Explorar sin prisa, con respeto y curiosidad, es una de las formas más hermosas de conectar contigo mismo y con los demás.
