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Del gatillazo del pene al del clítoris (sí, nosotras también los sufrimos, aunque reaccionamos de forma muy diferente)

La tan temida pérdida de estimulación en el pene en medio de una práctica sexual es más visible en los hombres, pero el clítoris puede padecerla

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Del gatillazo del pene al del clítoris (sí, nosotras también los sufrimos, aunque reaccionamos de forma muy diferente)
ANA JARÉN

El gatillazo es un término coloquial que siempre se ha utilizado para referirse a la pérdida de erección del pene, ya sea de manera puntual o asociada a una disfunción eréctil, lo que supone una continuidad de este mal funcionamiento. Sí, subrayado, pues no siempre es resultado de un funcionamiento anómalo, siendo la pérdida de la erección muy coherente.

Las causas son innumerables, pero se resumen en biológicas, psicológicas y sociales. Puede ser simplemente porque conocemos poco nuestro cuerpo y su formato de estimulación, o quizás el de nuestra pareja. O porque por distracción, preocupación, comunicación no efectiva, agotamiento, estrés o ansiedad, los estímulos no son adecuados, poco intensos o no deseados. O la pareja está en crisis. Puede estar asociado también a determinadas enfermedades o medicaciones. Ante señales de alerta, peligro o un encuentro no deseado o poco apetecible, el cuerpo reacciona y se permite hacer lo que necesita: parar.

Gatillazos en el clítoris

Pero no sólo le pasa a los penes. Las mujeres también podemos tener gatillazos en nuestro clítoris. Aunque al no ser tan evidente la pérdida de erección, aunque la notemos no damos valor a los efectos que tiene sobre nuestra salud sexual, física, relacional y comportamental.

No se ha dado mucha importancia a la capacidad eréctil de nuestro único órgano diseñado, exclusivamente, para el placer. Y no es un pene en chiquitito, como solían decirnos. La realidad es que el pene se desarrolla a partir de un clítoris con capacidad eréctil que continúa creciendo si los cromosomas son XY y se libera la testosterona asociada a ese sexo.

Parecidos pero diferentes

En cuanto a su anatomía, son estructuras muy similares, pero configuradas de diferente manera, denominación y tamaño. Ambos se erectan al inyectarse de sangre cuando se excitan, reaccionando ante una estimulación interna, como un recuerdo o una fantasía; o externa, a través de los sentidos.

Lo cuerpos cavernosos del pene se denominan raíces en el clítoris y el cuerpo esponjoso que abraza la uretra a lo largo del tronco del pene son los bulbos en su análogo clitoriano, que también protege la uretra y el meato urinario. En ambos casos hay glande, en los penes siempre se llamó así, pero se creyó que el glande clitoriano representaba la totalidad del clítoris.

Hasta 1998 no se visibilizó que el clítoris era como un iceberg y albergaba más de lo que se mostraba. Este descubrimiento lo protagonizó la doctora australiana Hellen O'Connell, cirujana y primera mujer especializada en urología.

Las consecuencias

En consulta he visto a demasiadas mujeres que, aún sin sentir excitación, continúan la práctica sexual invalidando así su propio deseo y pérdida de excitación física, y psicológica, por priorizar los de sus parejas sexuales, que en ocasiones también lo son emocionales. Por no molestar durante un encuentro sexual. Por no dañar autoestimas o por la creencia errónea de que nosotras tenemos más dificultad para obtener placer u orgasmos. También por su pareja, que se enfada si le dejan a medias.

El formato de prácticas sexuales está ajustado a la mirada masculina tradicional, que acaba siendo la femenina: coitocéntrica y finalista. Poca comunicación y escasa empatía. Pero, sobre todo, cargado de miedos, al rechazo, a no dar la talla, al abandono y a la soledad, y de vergüenza.

Si te has visto en alguna de estas situaciones o similar, no estás en una relaciona sana. Llegó el momento de cambiar formatos y marcar límites, como hacen ellos.

La conducta masculina

Cuando dan un gatillazo, la mayoría de los hombres se suele frustrar mucho, y es algo muy evidente. Surge vergüenza, culpa, miedos e hipervigilancia del rendimiento de su pene. Pero hay otros desarrollan formatos más adaptativos para resolverlo. Por ejemplo, algunos lo comunican con normalidad o lo disimulan muy bien cambiando la forma de estimulación. Por ejemplo, pasar del coito al sexo oral y estimularse el pene a la vez, esperando que la erección vuelva.

La sexualidad femenina es mucho más rica y potente que la masculina, les sacamos ventaja y ellos han de aprender de nosotras. Sin embargo, en cuanto a gatillazos las que tenemos que crecer somos nosotras.