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Por qué estos siete vestidos negros cambiaron la moda y son la prenda más versátil de nuestro armario

Convertido en icono por obra y gracia de Coco Chanel y Audrey Hepburn, el Little Black Dress no renuncia a su trono. Estos revolucionaron la moda y siguen siendo un must, e inspiración, para cualquier ocasión.

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Por qué estos siete vestidos negros cambiaron la moda y son la prenda más versátil de nuestro armario

No hay nada más difícil de hacer que un vestido negro. Así lo aseguraba Coco Chanel, aunque para ella pareciera facilísimo: consiguió dar con la fórmula perfecta para convertir el suyo en una prenda icónica que revolucionó el mundo de la moda. Gran parte del éxito se debió a sus dimensiones; mujeres de todo el mundo celebraron su corte relajado y que llegara hasta las rodillas en una época donde la mayoría de los vestidos resultaban restrictivos. Aunque, con todo, puede que lo más revolucionario fuera el color. "Hay quien dice que eligió el negro como una forma de rebeldía contra el uniforme que llevaba cuando era niña y vivía en un orfanato. Otros afirman que simboliza el profundo dolor que le causó la muerte de su gran amor, Boy Capel, quien en 1919 perdió la vida en un accidente de motocicleta. Y otros aseguran que se trataba de una declaración en favor de la independencia femenina, y que para ello se basó en las sirvientas y dependientas que vestían de negro mientras trabajaban", explica Mega Hess, la diseñadora gráfica y directora artística que en 2008 alcanzó la fama al ilustrar el éxito de ventas 'Sexo en Nueva York', de Candace Bushnell.

Sea como fuere, en 1920 el Little Black Dress (LBD) de Chanel redefinió el vestuario de la mujer. "Era el vestido que todo el mundo llevaría", dijo la prensa entonces. Y así fue, ocupó un trono del que nunca se ha bajado: un vestido negro siempre resulta apropiado y puede ser la prenda estrella en miles de ocasiones y eventos de cualquier clase. Como prueba, basta un simple recorrido por la historia de la moda y sus armarios más reconocidos, desde Audrey Hepburn a Michelle Obama.

Ese mismo recorrido es el que hace ahora Megan Hess. Conocida también por dibujar para Dior Couture, por sus emblemáticas ilustraciones para Cartier y Louis Vuitton en París y para Prada y Fendi en Milán, por ilustrar los escaparates de Bergdorf Goodman en Nueva York y por crear una colección cápsula de bolsas para los almacenes londinenses Harrods, Hess repasa en un preciosista volumen bajo el título 'Little Black Dress. El vestido negro que cambió la moda' (ed. Lunwerg) aquellos diseños que se han convertido en icono, como si de una pequeña carta de amor a la prenda más elegante y versátil de nuestro armario se tratara. "Se ha dicho miles de veces, pero no está de más repetirlo: un vestido negro es el componente esencial de cualquier fondo de armario", asegura la ilustradora de moda, que cuenta con Chanel, Dior, Fendi, Tiffany & Co., Saint Laurent, Harrods, Cartier, Balmain, Louis Vuitton y Prada entre sus prestigiosos clientes. "Uno de los principios universales del estilo es que un vestido negro resulta apropiado para cualquier ocasión. Tanto si deseas causar una buena impresión como pasar desapercibida, sentirte cómoda o despertar admiración, un Little Black Dress es siempre la respuesta. Ninguna otra prenda te permite obtener la máxima sofisticación con el mínimo esfuerzo. Puedes llevarlo desde que te levantas hasta que te acuestas, en situaciones formales o informales, y en distintas temporadas", añade.

Innumerables diseñadores han creado sus propias versiones del LBD, desde el femenino New Look de Dior hasta el icónico vestido de Givenchy para Audrey Hepburn en 'Desayuno con diamantes' o el singular diseño saco de Balenciaga. Todos han sido ilustrados de manera preciosista por la autora. A continuación, los siete con mucha historia que son pura inspiración.

El vestido Ford de Chanel

LBD de Coco Chanel.
LBD de Coco Chanel.

El éxito del vestido negro se lo debemos a Chanel, en 1926. El LBD original -un vestido de cóctel que llegaba hasta las rodillas, con el bajo caído, de manga larga y confeccionado en crepé de China- fue revolucionario. Su atrevida sencillez, su tejido asequible y su estructura relajada rompieron con todas las modas conservadoras de la época y permitieron que las mujeres que lo llevaran, con independencia de su edad o condición social, se sintieran cómodas y elegantes. La prensa lo bautizó como 'Vestido Ford', en honor del automóvil de Henry For, que también era accesible a todo el mundo y sólo se fabricaba en negro.

Liz Taylor, vestida de Oliver Messel

Liz Taylor, en la película 'De repente, el último verano'.
Liz Taylor, en la película 'De repente, el último verano'.

Oliver Messel fue ante todo escenógrafo, pero su valía en el mundo de la moda ha quedado más que demostrada: fue el creador de todos los looks que Elizabeth Taylor lució en la película 'De repente, el último verano'. Uno de ellos, este clásico y elegante vestido negro. De manga corta, con el escote en V y la cintura ceñida, es el paradigma del glamour del Hollywood de los años 50. Hoy sigue siendo tan actual como entonces.

Sofía Loren, vestida de Dior

Sofía Loren, de Dior.
Sofía Loren, de Dior.

Los vestidos negros de Dior, con cinturas ceñidas, corpiños estructurados y faldas con volumen, fueron concebidos para devolver la opulencia y el refinamiento a la moda francesa tras años de guerra y austeridad. Sofía Loren fue la imagen de la sofisticación y la elegancia del New Look cuando, en 1958, lució un vestido negro de Dior en el programa de entrevistas 'Person to Person'. Dior sabía cómo vestir a una estrella en ciernes y, gracias a ello, consolidó el LBD en la historia de la moda.

Lady Di, vestida de Christina Stambolian

'El vestido de la venganza' de Lady Di.
'El vestido de la venganza' de Lady Di.

Este diseño con nombre propio, conocido como 'El vestido de la venganza', con los hombros descubiertos, confeccionado con chifón y firmado por la diseñadora griega Christina Stambolian, había permanecido olvidado durante años en el armario de Lady Di, considerado poco apropiado por quienes pensaban que una princesa debía ser recatada y reservada. Sin embargo, en 1994, cuando salieron a la luz las indiscreciones de Carlos de Inglaterra, Diana tomó una decisión precipitada pero estratégica: cambió el vestido que había previsto llevar a la gala anual de la Serpentine Gallery por este otro. Era el de una mujer moderna y totalmente dueña de su imagen, y sorprendió al mundo.

Twiggy

La modelo Twiggy.
La modelo Twiggy.

Conocida como 'el rostro de 1966', la modelo devolvió con creces el LBD a sus dimensiones originales: la versión 'mod' del clásico vestido negro ni siquiera llegaba a las rodillas. Combinándolo con unos zapatos masculinos tipo 'brogue', su corte de pelo pixie y un atrevido maquillaje que marcaba sus ojos con un fuerte delineado, la modelo creó un look que marcó toda una época. Y que aún hoy sigue revisitándose.

Marilyn Monroe, vestida de Dior

Marilyn Monroe, en 'La última sesión'.
Marilyn Monroe, en 'La última sesión'.

Seis semanas antes de su muerte, Marilyn Monroe acudió al Hotel Bel-Air para un reportaje fotográfico. Ahora célebre y conocido como 'La última sesión', esa producción duró tres días en los que abundó el champán y se obtuvieron algunas de las instantáneas más genuinas de la actriz, incluida una secuencia con un vestido de Dior sin espalda, de manga larga y con una falda voluminosa. Babs Simpson fue la editora que propuso que Marilyn luciera ese vestido, ella defendía el look minimalista mucho antes de que se pusiera de moda. Una de sus asistentes afirmó entonces que "sólo llevaba vestidos negros y unas joyas enormes".

Audrey Hepburn, vestida de Givenchy

Vestido de Givenchy para Audrey Hepburn.
Vestido de Givenchy para Audrey Hepburn.

Audrey Hepburn entabló una amistad con Givenchy que perduraría hasta el final de sus días y lució sus creaciones tanto dentro como fuera de la gran pantalla. Esta relación daría lugar al vestido negro más famoso de la historia del cine, el que luce la actriz en la primera secuencia de 'Desayuno con diamantes'. Cuando protagonizó el filme, Hepburn ya era una estrella y podía exigir que la vistiera quien ella quisiera. "No hay nada más difícil de diseñar que un vestido negro, porque siempre hay que mantener su simplicidad", aseguraba Givenchy. Estos, y todos los recogidos en el libro de Megan Hess, son la mejor prueba.