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Cuando entras en el perfil en LinkedIn dePatricia de la Fuente Cid te quedas a cuadros. Bajo la sonrisa de oreja a oreja que luce en su foto, leemos: "Psicóloga. Máster en Mindfulness. Instructora de Compasión".
Lo primero que nos pasa por la cabeza en ese momento es -incluso antes de preguntarnos si sabemos qué es realmente la compasión- si necesitamos que nos den clases de esta materia. ¿Estábamos equivocados al pensar que la compasión es un sentimiento (de pena, ternura e identificación ante los males de alguien, lo describe la RAE) con el que los humanos venimos de serie? La primera en la frente: la compasión, en el sentido que se le da actualmente, no es un sentimiento. "Es una capacidad (y una además que podemos desarrollar), no una emoción. Con la compasión podemos trabajar las emociones, tomar consciencia de ellas", nos dice De la Fuente.
Qué es la compasión
Pero vayamos por partes. ¿De qué estamos hablando exactamente? Del latín compassio (compartir el padecimiento), nuestra idea de la compasión está directamente mediatizada por la religión. Y no necesariamente en un sentido positivo. Porque aunque, como escribe Javier Antolín Sánchez en 'La originalidad de la compasión cristiana' esta "es mucho más que la bondad o simple ternura de corazón. La compasión comienza conmoviéndonos interiormente e impulsa a la persona a salir de sí misma y acercarse al que sufre para aliviar o curar su dolor", su vinculación con la idea de caridad y la carga negativa que ésta acarrea en el imaginario colectivo, ha acabado aportándole un sesgo negativo al concepto. Si ser compasivo puede pasar a menudo por debilidad, recibir la compasión ajena, que alguien se compadezca de nosotros, puede hacernos sentir menospreciados, en peligro, débiles.
De la autocompasión ya ni hablamos. "Está muy estigmatizada", explica Patricia de la Fuente, "porque la identificamos con egoísmo. Pero si tú no tienes el cuenco lleno... no puedes darle de beber al otro. Es como cuando las azafatas de los aviones nos dicen que si hay un accidente de descomprensión y vas con un niño te pongas tú la máscara antes que al niño, para poder ayudarle".
El caso es que ni la compasión es un invento cristiano (ahí está Aristóteles para recordarnos que a los helenos ya les ocupaba el tema, aunque su visión de la compasión fuese distinta a la cristiana; o Buda, que pone la compasión en el centro de sus enseñanzas) ni vamos a vivir mejor sin ella. La que enseñan expertos como Patricia de la Fuente en sus cursos "proviene del budismo. Todos tenemos lo que llamamos bondad amorosa, algo innato al ser humano y que normalmente tienen los niños. Esa bondad lo que quiere es buscar la felicidad y el bienestar. Cuando esa bondad ve que hay sufrimiento, propio o ajeno, se orienta a aliviarlo. Ésa es la compasión".
Compasión no es empatía; ni tampoco una 'niña buena'
También erramos si confundimos la compasión con la empatía o con ser sencillamente la persona que escucha y ofrece su hombro al que sufre para que se desahogue. "La compasión no es lo mismo que empatía", explica la experta. "La empatía es la capacidad de ponernos en el lugar del otro. Es necesaria para percibir que la gente necesita compasión, pero no es compasión. Por eso en mi área también consideramos necesario el mindfulness, la atención plena, porque nos sirve para darnos cuenta de que esa persona necesita nuestra ayuda".
Existen además dos tipos de compasión. La suave y la fiera. La segunda es la que se expresa si hace falta con dureza, la que se enfada en pro de un bien posterior. Vamos, la que puede no parecer compasión pero lo es, "muy importante, por ejemplo, a la hora de poner límites en la educación de nuestros hijos", explica De la Fuente.
Autocompasión versus autoestima, who wins who lose
La psicología empezó a interesarse por la compasión alrededor de los años 80 y el enfoque actual, con el foco muy orientado hacia la autocompasión como una práctica básica para la salud mental y la convivencia, se lo debe principalmente a la profesora de Psicología Educativa estadounidense Kristin D. Neff, cuyo libro Self Compassion, The Proven Power of Being Kind to Yourself (autocompasión, el poder de ser amable contigo mismo) se convirtió en todo un bestseller a su publicación, en 2015.
El discurso de Neff aleja radicalmente la autocompasión de la pena, que considera perjudicial. Tampoco, dice De la Fuente, conviene confundirla con la autoindulgencia. La psicóloga estadounidense es además una de las críticas más activas contra la deificación de la autoestima que ha vivido nuestra sociedad en las últimas décadas, y que considera un camino a ninguna parte (en todo caso, al sufrimiento). Lo explica muy bien en esta charla TEDx titulada 'El espacio entre la autoestima y la autocompasión".
Para Neff, cuenta De la Fuente, la autocompasión, ser activamente amables con nosotros mismos, tratarnos "igual de bien que trataríamos a un amigo que tuviese un problema", se orienta a ofrecernos comprensión y apoyo. "Pero también a obtener un sentido de humanidad compartida (no estamos solos, otros también sufren los problemas que nos aquejan a nosotros, comenten los mismos errores, son humanos) y la atención plena del mindfulness (estar en el presente y ver las cosas como son, pero sin las exageraciones provocadas por una mente que le da vueltas constantemente a las mismas ideas para no llegar a niguna parte).
Para De la Fuente, la idea es "transformar esa voz tan autocrítica que nos han inculcado desde pequeños en una más compasiva que no nos lleva a la indulgencia, esto es importante, sino que nos mueve a la acción, pero desde un punto de partida mucho más amable, más cálido, que nos permite estar mejor emocional y psicológicamente". Para ella, el entrenamiento de esta autocompasión es básico para poder ayudar a los demás: "Te permite darte cuenta de que cuando tú te quieres y te aceptas, cuando aceptas tus luces y tus sombras, eres capaz de aceptar y ayudar también a los demás mucho más y mejor, a comprender mucho más sus situaciones".
Cursos para ser más compasivos
Una mirada rápida a Google nos lleva a descubrir la enorme cantidad de cursos que actualmente se ofertan sobre compasión y autocompasión. 'Entrenamiento en el cultivo de la compasión', 'Curso de compasión y autocompasión', 'Mindfulness y autocompasión', 'Curso online de compasión (con los demás y con uno mismo) con Javier G. Campayo' [uno de los grandes introductores del mindfulness en España], 'Terapia de compasión ABCT'... Vamos, que quien no se compadece es porque no quiere (porque también los hay gratuitos, sí).
"Yo llegué a la compasión a través del mindfulness", cuenta Patricia de la Fuente, que actualmente imparte cursos de MSC (Mindfulness Self Compassion) y se está formando en compasión basada en estilos de apego. Lejos de ser un tipo de disciplina 'heterodoxa', casi todos los protocolos de enseñanza han nacido en los departamentos de psicología de universidades, como la de Texas, donde trabaja la mencionada Kristin Neff, a la de San Diego. En España, destaca en la materia la Universidad de Zaragoza, que ha hecho su propio programa y donde De la Fuente se ha formado y prepara su tesis doctoral. ¿A quién están dirigidos los cursos que imparte? "A todo el mundo. Son cursos a los que acuden personas de todo tipo, por curiosidad, o para solucionar problemas tan diversos como dolor crónico, ansiedad, depresión...".
