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No hay una fórmula que mida el atractivo. Ni el de los otros ni el propio. Lo que a uno chifla a otro disgusta, y viceversa, así que buscar reglas universales en cuestiones de sex appeal es inútil, además de un despropósito. No obstante, aunque los gustos sean arbitrarios y dependan de una química imposible de descifrar, existen algunas convenciones que ordenan este aparente cajón desastre de filias y fobias. ¿A quién arrebata una boca repleta de dientes amarillos? ¿Unas uñas suspensas en limpieza? ¿Y una espalda bien velluda sin un ápice de claridad? Hablar de consenso aquí parece bastante sensato...
Hay otras líneas seguramente más difusas y para eso están las inclinaciones, tan diversas como los colores. Ante una entrepierna silvestre, lo que para uno es falta de depilación e higiene, para otro es arrebatadoramente sexi; o un olor corporal determinado puede atraer a una persona y repeler sin remedio a otra.
En cualquier caso, tenga fundamento o no lo tenga, es posible que algún día, algo -de forma inesperada o paulatina- le dé a usted repelús de su pareja o de quien aspira a serlo. Sí. Podemos usar otros sinónimos, como reparo, ick (en inglés, una expresión que se está popularizando), grima y, a lo mejor, hasta asco, pero todos caen como una lápida sobre el deseo sexual. Tampoco ayuda el hecho de que exista una etiqueta que le da nombre, Síndrome de Repulsión Súbita, así que el escenario es incómodo: tiene ante sí un amante de facto o en potencia y a usted le desagrada la idea de darse un revolcón con él (o ella), ergo tenemos un sexo-drama. ¿Y ahora qué?
Pongámosle delicadeza y un poco de humor
Para Ana Lombardía, psicóloga, sexóloga y conferenciante, no queda otra que coger el toro por los cuernos y afrontar una conversación incómoda con nuestro partenaire. O, atención, prepararnos para escucharla con autocrítica si somos nosotros los señalados. "Es importante comunicarlo de forma clara, concisa y, si es posible, con un poco de humor. Nuestra pareja entenderá que la petición es legítima, sobre todo si se trata de una cuestión de higiene básica, y agradecerá que tengamos confianza para plantear algo así de delicado", explica. En cambio, si se trata (únicamente) de preferencias personales, como lucir una piel depilada o no, la mejor opción es llegar a acuerdos que satisfagan a ambas partes.
La psicóloga y sexóloga Lucía Jiménez propone no utilizar palabras demasiado violentas, puesto que "asco" es un sustantivo demasiado potente para encajarlo con deportividad: "Es preferible plantearle a nuestra pareja que quizá se ha descuidado sin darse cuenta y que es bueno para la relación modificar algo si nos desagrada. Debemos escoger un buen momento para afrontar esa conversación con delicadeza".
En ocasiones, el repelús no procede de razones físicas gruesas; y toca escarbar. Ana Sierra, también psicóloga y sexóloga, explica que a veces, en el caso de relaciones en estado embrionario, se debe a una suerte de autoboicot: "En ocasiones subyace el miedo a establecer vínculos profundos con alguien por temor a la decepción. El cerebro activa alarmas emocionales para huir del dolor que podría causar esa persona y lo hace rechazando sus olores, sabores, sus besos, sus gestos...".
Sierra sostiene que repudiar ciertos aspectos de la pareja también es un efecto colateral de cambios hormonales y pone el foco en ellas: "Durante el embarazo, el posparto y los días premenstruales muchas percepciones sensoriales, como los olores, se magnifican, y rechazamos lo que antes nos pasaba inadvertido".
Habrá quien prefiera secundar la técnica del avestruz y no abordar este disgusto, pero las expertas coinciden en que esconder la cabeza trae consecuencias. "Hay quien prefiere dejar la relación antes que tener esa conversación. Otras veces deciden obviarlo y fuerzan el sexo, pero este rechazo va a canalizarse por otro lado y la situación termina estallando. Callarse no es una opción", sentencia Jiménez.

