YODONA
Entrevista

Dra. Noelia Samartín, neurocientífica: "Nos piden ser monjes budistas en una sociedad sin cinco minutos para meditar"

Vivimos tan ocupados cumpliendo rutinas y hábitos milagrosos que hemos olvidado lo más básico: escucharnos. Esta experta nos propone parar y reconectar con nosotros mismos.

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Dra. Noelia Samartín Veiga, especialista en neurociencia, cuestiona los hábitos milagrosos que nos han vendido.
Dra. Noelia Samartín Veiga, especialista en neurociencia, cuestiona los hábitos milagrosos que nos han vendido.LORENA DO MERLO

La filosofía clásica ya nos hablaba del memento mori (recuerda que morirás) con el fin de vivir con presencia, gratitud y virtud. Pero en nuestro urgente día a día apagando fuegos se nos olvida o pensamos que aún nos queda mucho para ir posponiendo. "Es difícil ordenar prioridades cuando no te da tiempo ni siquiera a pensar qué es importante", asegura la Dra. Noelia Samartín (Pontevedra, 21 de diciembre de 1993), especialista en neurociencia y psicología clínica (@neuro_con_ciencia).

Publica Has venido a vivir. Deja de hacer para ser. Sin presión, sin perfección. Solo tú (Bruguera), donde nos invita a rebajar esa productividad autoimpuesta hasta con el fin de ser saludable. "Podemos hablar de un síndrome de Estocolmo de los hábitos, que actúan como promesa de salvación. A su vez, la industria y el capitalismo potencian esta insatisfacción vital. Vivimos en un modelo neoliberal de estrés crónico".

Tendemos a pensar: "Seré feliz cuando acabe la carrera o la oposición", "cuando tenga trabajo estable", "cuando tenga mi casa", "cuando me jubile"... ¿Por qué nos cuesta tanto disfrutar el momento actual?
Todos tendemos a esperar el momento perfecto. Puede llegar, pero es altamente probable que no. Muchas veces nos centramos en empezar cuando esté todo bajo control porque tenemos mucha sensación de inseguridad, de quizá equivocarnos. Yo le digo a mis pacientes: inténtalo a pesar del miedo. Permítete decepcionarte a ti misma, a los demás y que te decepcionen. Es lo difícil: aprender a convivir con que el sufrimiento. Pasarlo mal es parte de una vida humana.
¿Hemos malentendido el hedonismo?
Esto de que el placer es el bien supremo y el fin último de la vida, que tanto se lleva en los últimos años, parece que es ausencia de malestar, y realmente no es así. Se trata de asumir que, en momentos puntuales vas a encontrarte mejor y vas a encontrarte peor, y que eso es transitorio. Aprender a adaptarnos genera fricción pero deberíamos pensar: con la situación actual, ¿cuál es la mejor forma de seguir?
Criticas la forma en que las redes sociales nos han vendido los buenos hábitos, convirtiéndolos en una lista interminable de tareas. Tal y como denunció Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias, ¿nos hemos vuelto esclavos de nosotros mismos?
Sí. Tenemos la sensación de no ser nunca suficiente. Una persona me dijo en consulta: "Es que parece que tengo un trabajo después del trabajo". Evidentemente, yo creo que hay una cultura lo suficientemente democratizada para saber lo que es bueno para nuestra salud y lo que no, pero aquí el punto es hacer cero o cien, no quedarse en un 25%. No se tiene en cuenta ni tu individualidad ni tu contexto. Parece que es tu decisión, pero a lo mejor, te acabas de mudar y estás en una ciudad nueva adaptándote, acabas de ser mamá o papá, vienes de un proceso de una pérdida y no tienes la energía... Quizá estamos poniendo el foco en el resultado y no en el camino, que al final es lo importante. Y de ahí el mensaje del libro: céntrate en habitar el momento actual de la mejor manera posible teniendo en cuenta tu contexto.
¿Y por qué crees que la sociedad nos ha grabado a fuego que en el hacer y en la productividad es donde tenemos más valor como personas?
A la propia industria y a la sociedad le interesa. Viene de largo. La era de la industrialización premiaba la productividad por encima de las experiencias vitales. Desde niños se nos inculcan etiquetas y no diferenciamos el ser del hacer. Si a ti te dicen "qué lista eres" porque apruebas tus exámenes, tú piensas que si dejas de aprobar, quizá ya no eres tan lista. Cuando crecemos, sostenemos esas etiquetas en el hacer. Por eso hemos de parar y revisar ese miedo a soltarlas. De todos modos, hace cinco años se veía mucho discurso de cómo ser más productivo, cómo tener una rutina perfecta... y ahora se está viendo una derivación a: "Muéstrame a personas normales que tengan los mismos problemas que yo". Que su casa no esté perfecta y que su trabajo no le guste.
Tenemos relojes inteligentes que nos recuerdan hasta el día del periodo. ¿Nos desconecta la tecnología de nuestras propias sensaciones o nos ayuda medir todo?
Cuando piensas en el sistema nervioso, el cerebro parece lo importante. Y en las últimas décadas se ha visto un cambio de paradigma en neurociencia: el cuerpo y la mente no son entidades separadas, sino que funcionamos como un todo. Incluso otros órganos, como el corazón o los pulmones, parece que a veces están por encima en la jerarquía del propio cerebro para tomar decisiones, por ejemplo. Tenemos que ampliar un poco la lupa, porque el cuerpo nos está diciendo lo que necesitamos. Lo que pasa es que lo hemos acallado con el reloj que nos dice el pulso cardíaco, con la app que nos dice cuándo tenemos que beber agua, con el pensamiento... Hay que aprender a entender y a escuchar el cuerpo, que te está diciendo exactamente lo que necesitas.
La procrastinación está mal vista y es símbolo de pereza. Pero dices que a veces puede ser una señal de agotamiento. ¿Por qué entonces nos sentimos mal cuando estamos descansando o entendemos que dormir es una pérdida de tiempo?
Nos hemos convertido en nuestro propio jefe. Y dormir, como en teoría no es en favor de una producción, nos chirría porque sentimos que perdemos el tiempo. Aunque en realidad se trata de una necesidad fisiológica para poder rendir. No somos Google Calendar, el cuerpo necesita descansar. Incluso parar el fin de semana es incómodo, porque el resto de días vamos a tope. Hay que tener en cuenta la sociedad: si te pide un rendimiento muy alto durante la jornada laboral, nos queda un margen bastante pequeño para parar. Y en este aprendizaje va a aparecer la culpa. Piensas que estás haciendo algo que socialmente quizá vaya a tener una consecuencia.
Cuando tienes ansiedad, te recomiendan meditar. Sin embargo, paradójicamente es cuando peor puedes centrarte. ¿Hay algún truco?
Hay que empezar por los oasis y no por las selvas. Una persona que va muy rápido en su día a día y que tiene un grado de activación muy alto no va a poder meditar. Aunque sienta beneficios, porque le va a generar mucha más conciencia de ese malestar, buscará la evitación y no tendrá herramientas para gestionarlo. En vez de coger el freno de mano para detener de golpe el coche, quizá es mejor moverlo un poco más despacio. Nos piden ser monjes budistas en una sociedad en la que no tenemos espacio para meditar cinco minutos. Poner atención al lavar los platos es una forma de meditación informal, por ejemplo.
"Quien te quiere bien, te quiere por ser, no por hacer", escribes. ¿Tienen que tener las mujeres más conciencia de ello por su tradicional rol de cuidadoras?
No hago diferencia en términos de género en el libro, pero sí creo que muchas mujeres sienten ese síndrome de la niña buena: en nuestra infancia nos crían especialmente para tener empatía y esa etiqueta nos refuerza. Hay una tendencia, sobre todo en mujeres, a que aprendamos a ceder nuestro bienestar en pro del bienestar del resto. Por eso no dejas de asumir trabajo cuando te lo piden tus jefes y sigues adelante sin poner límites. Nos sentimos mal cuando nos cuidamos.
Para ser saludable tenemos que consumir un matcha de siete euros, una clase de 25, un retiro de mil... y, sin embargo, acudes en el libro a herramientas gratuitas como la respiración o incluso sacar un papel y escribir. ¿Estamos convirtiendo el bienestar en lujo?
Hace unos años te vendían la felicidad y ahora se rentabiliza la calma. Se ha visto que la felicidad es un estado corto en el tiempo y no se le puede sacar tanto. Pero la serenidad en realidad es consecuencia de tu día. Un retiro te puede ayudar, pero si lo que trabajas en ese lugar idílico luego no lo llevas a casa, estás en lo mismo. Tú puedes necesitar huir de la rueda, pero al volver te tienes que implicar en ese cambio de manera responsable. Nuestros abuelos tenían una vida más lenta y presente y trabajaban mucho, pero integraban las pausas en el día mejor que nosotros. Somos seres sociales y necesitamos los vínculos y la comunidad para estar saludables, tanto física como cognitivamente. Y esto también se está perdiendo con este modelo social. Necesitamos volver a lo básico, un real fooding de los hábitos.
¿Cómo hacer que el ejercicio no sea una penitencia?
Entendemos una vida sedentaria como estar más de cuatro horas sentada al día. Todos los que estamos en un ordenador en la oficina, y me incluyo, tenemos un factor de riesgo para la salud. Una hora de ejercicio está muy bien para quien pueda, pero también necesitamos realizar pausas activas y levantarnos de la silla, caminar rápido, subir escaleras, etcétera. Hay muchas modas, desde el Pilates al CrossFit, pero escojas ejercicio de cardio o de fuerza, intenta que el placer esté presente. Si haces baile, el rato de risas con las compañeras; si vas a correr, ese momento de libertad fantástico en la naturaleza. La clave con el ejercicio es disfrutar la actividad, no esperar el resultado a dos meses vista, porque probablemente abandones el hábito.
¿A qué achacas que tanta gente duerma mal?
El sueño es la base de absolutamente todo. Siempre pensamos que depende de la noche, pero hoy se sabe que es una función fisiológica que vamos construyendo a lo largo del día. Si tienes un ritmo de vida muy acelerado y vives con mucho estrés, el cortisol -que, una vez se libera, dura bastantes horas en sangre- es como el sistema contrario a la producción de melatonina, la molécula que invita al cuerpo a prepararse para dormirse. Por eso es importante ser consciente de las pausas que hacemos a lo largo del día.
¿Y por qué tenemos microdespertares?
El sueño es un ciclo. Yo siempre lo explico como unas escaleras que bajamos y luego subimos. Tenemos varios microdespertares saludables durante la noche, pero normalmente no somos conscientes porque estamos en ese duermevela: nos giramos, nos movemos y volvemos a dormirnos. Cuando el nivel de activación y de preocupación es muy alto —por ejemplo, cuando estamos muy ansiosos—, en esos microdespertares es posible que enganchemos un pensamiento que nos preocupa. Ahí ya se activa un pequeño pico de cortisol, somos conscientes de la preocupación y nos despertamos del todo. El cortisol lo necesitamos cuando suena el despertador para levantarnos -ahí es bueno-; el problema es que aparezca durante la noche.
¿Qué hábitos de día nos pueden ayudar a dormir mejor por la noche?
Es importante exponernos a la luz solar. La melatonina también se segrega cuando nuestros ojos perciben oscuridad: cuando empieza la puesta de sol y nuestros ojos perciben esa luz rojiza. Si después del atardecer estamos expuestos a luces azules, se va a cortar esta producción y vamos a retrasar la hora de dormir. También es importante mantener horarios fijos. ¿Por qué? Porque nuestro cuerpo funciona con predicciones. Si yo me voy a dormir siempre, por ejemplo, a las once de la noche, mi cuerpo empezará a segregar melatonina. Por eso es importante que el fin de semana no haya mucha variación de horarios.

Has venido a vivir. Deja de hacer para ser. Sin presión, sin perfección. Solo tú

Está editado por Bruguera y se puede comprar aquí. 352 páginas. 19,90 euros.