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En el corazón de la Cordillera Cantábrica se esconde el rincón más salvaje de Asturias. Un lugar idílico con lagos ocultos y cumbres mágicas que parecen sacadas de un cuento. Se trata del Parque Natural de Somiedo.
Fue el primer espacio asturiano declarado parque natural en 1988 y también es Reserva de la Biosfera. Corresponde geográficamente con los límites del concejo de Somiedo. "El mapa lo conforman cuatro grandes valles: Saliencia, Valle, Somiedo y Pigüeña, discurriendo por su fondo sus correspondientes ríos del mismo nombre", explican desde el parque.
De su accidentado paisaje, que va de los 400 a los casi 2.200 metros de altura, destacan sus impresionantes lagos. Por su tamaño y emplazamiento, los más imponentes son los de Saliencia y el del Valle.
Los lagos de Saliencia son, en realidad, un conjunto: Calabazosa o Lago Negro, Cerveriz, Laguna de Almagrera o La Mina y La Cueva. Situados a unos 1.600 metros, se tiñen de colores cambiantes dependiendo de la luz del día y están rodeados de praderas bellísimas por las que pasta el ganado en verano. La ruta que los une es una de las más bonitas del parque.
El del Valle, por su parte, es el lago glaciar más grande de Asturias. Se encuentra encajado en un anfiteatro natural de montañas a 1.580 metros. La tradición local dice que en sus aguas habita una xana, un ser mágico de la mitología asturiana que protege el entorno.
Las cumbres que rodean Somiedo ayudan a crear un paisaje de ensueño. Picos como el Cornón, el Mocosu, el Albo o el Blanco se elevan orgullosos y ofrecen una panorámica espectacular de valles, bosques y aldeas.
Las brañas, otro tesoro del Parque Natural de Somiedo
Otro de los tesoros del Parque Natural de Somiedo son sus brañas, como las de Pornacal, Mumián o Sousas. "En ellas podemos encontrar los teitos, construcciones que utilizaban los vaqueiros de alzada realizadas con techumbre de escoba", detallan desde el parque.
El lugar sobresale igualmente por su fauna y su flora. Uno de sus símbolos es el oso pardo y también se encuentran otros mamíferos como el ciervo o el lobo. Además, allí habitan más de 100 tipos de aves, destacando el urogallo o el águila real.
En cuanto a la flora, abundan los bosques de hayas, así como los de robles y abedules. Estos se mezclan con prados, helechales y pastizales de montaña para crear paisajes increíbles.
