CRÓNICA
Atentado al líder republicano

"Trump se salvó por girar la cabeza"

Entramos en el cerebro de los magnicidas con la ayuda del francotirador absuelto por Grande-Marlaska que tuvo en su mira al rey y del autor de 'Magnicidio. Crónica negra de los presidentes asesinados de los Estados Unidos'

El ex presidente de EEUU y actual candidato republicano, Donald Trump, durante el mitin en el que sufrió un intento de asesinato.
El ex presidente de EEUU y actual candidato republicano, Donald Trump, durante el mitin en el que sufrió un intento de asesinato.CRÓNICA
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Por las calles de Madrid había desplegados 7.000 agentes policiales. 120 de ellos eran francotiradores ubicados en lo alto de edificios y en lugares estratégicos por los que debía pasar el rey Felipe VI, entronizado horas antes. Pero aquel día, el 19 de junio de 2014, Santiago Sánchez se encontraba en una habitación del Hotel Villareal de Madrid con su rifle. Cuando el Rolls Royce en el que viajaban el monarca y su mujer, la reina Leticia, cruzó por delante de la ventana de su alcoba, Santiago pudo apretar el gatillo y asesinarlo. Lo tuvo en la mirilla a una distancia de 50 o 60 metros durante los segundos necesarios como para aniquilarlo sin que su puntería apenas se viera exigida. «Pude clavarle varios balazos por la espalda y de frente», dice.

Diez años después de aquella posibilidad de cometer un magnicidio con Felipe VI, Santiago Sánchez coge el teléfono cuando Crónica se pone en contacto con él. Ya ha dejado de atentar. «Simulé todos esos asesinatos, que pude haber cometido perfectamente porque las armas estaban cargadas con munición real, por dos razones. Por un lado, quería demostrar los fallos de seguridad que existen en acontecimientos tan importantes como la coronación de un rey o los actos del 12 de Octubre (Día de la Hispanidad). Todo ese supuesto dinero que se invierte en seguridad es mentira. Por otro lado, hice aquello porque me considero un productor audiovisual y grabé cada uno de mis magnicidios con el fin de luego vender una serie de documentales a alguna plataforma o a algún canal de televisión».

Donald Trump, segundos antes del intento de asesinato del pasado sábado.
Donald Trump, segundos antes del intento de asesinato del pasado sábado.CRÓNICA

Felipe VI no era el primer alto mandatario español que Santiago Sánchez tenía a tiro. Empezó en 2009. Por la mirilla de sus armas habían desfilado antes los ex presidentes José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy. También Florentino Pérez o Cristiano Ronaldo. O la difunta Rita Barberá, aquella vez que este francotirador se desplazó hasta Valencia, en plenas Fallas, para matar a la entonces alcaldesa de Valencia.

Esta semana, Santiago no deja de analizar al detalle todos los vídeos e informaciones que existen en torno al intento de magnicidio del sábado pasado contra el ex presidente de EEUU y candidato republicano de nuevo, Donald Trump. Un joven de 20 años, blanco, Thomas Matthew Crooks, empuñó un rifle semiautomático del tipo AR-15 —«el mejor fusil de asalto de la historia», afirma Santiago— y disparó contra Trump. Thomas estaba tumbado sobre el cobertizo de un pequeño edificio. Trump, ofreciendo un mítin a sus seguidores delante de un atril. Les separaban entre 122 y 152 metros, según la cadena de televisión estadounidense CNN.

«En algún momento van a atentar contra Trump», se aventuró a comentar a su entorno José Luis Hernández Garví, escritor y divulgador histórico, días antes del intento de asesinato del republicano. Garví es autor de Magnicidio. Crónica negra de los presidentes asesinados de los Estados Unidos (Editorial Luciérnaga, abril de 2018). «Para EEUU, los magnicidios son una tradición».

«Tiene un arma», se escucha decir a un asistente en uno de los vídeos que el FBI analiza ahora. «En el tejado. Tiene una pistola», dice otra persona. Suenan tres disparos. Es Thomas. Una pausa. Se oyen cinco tiros más en rápida sucesión. Los servicios de seguridad del ex presidente de los EEUU abaten al terrorista. Pero el primer proyectil ha rozado la oreja derecha de Trump. Un pequeño río de sangre le recorre el pómulo al instante. La escena posterior produce imágenes para la Historia, con los guardaespaldas del republicano protegiéndolo y él levantando su puño derecho ante la bandera de su país. «¡Al suelo, al suelo, al suelo!», le dice uno.

«Trump se salvó porque no paraba de girar la cabeza constantemente mientras hablaba», explica Santiago Sánchez. «Pero yo a esa distancia no hubiera fallado jamás. Mi récord está en 2.200 metros. De un solo balazo le hubiera reventado el cráneo. Hay que apuntar justo en el centro de la cabeza. Si yo llego a estar ahí, recibe dos o tres (tiros) de golpe. ¡Bum, bum, bum!».

NI RASTRO DE SU MOTIVACIÓN

Durante la última semana, los medios estadounidenses están publicando numerosos perfiles sobre Thomas Matthew Crooks. The Washington Post, CNN, The New York Times, Boston Globe... El magnicida sufrió bullying en la escuela secundaria y no encajaba con otros estudiantes, según los testimonios descritos. Se metían con él y vivía medio apartado del resto de compañeros, aunque sí tenía un grupo de amigos con los que se mostraba cercano y tranquilo. Era un estudiante destacado en matemáticas y ciencias.

Imagen tomada por el francotirador Santiago Sánchez desde un habitación de un hotel de Madrid, el día de toma de posesión del rey Felipe VI.
Imagen tomada por el francotirador Santiago Sánchez desde un habitación de un hotel de Madrid, el día de toma de posesión del rey Felipe VI.CRÓNICA / CEDIDA

En la actualidad, estaba registrado para votar como republicano, aunque anteriormente había hecho una pequeña contribución económica a un grupo afín a los demócratas. Donó 15 dólares a Progressive Turnout Project, un comité de acción política alineado con el Partido Demócrata, cuando tenía 17 años. Aproximadamente una semana después de cumplir 18 años, Crooks se registró para votar como republicano, según un listado en la base de datos de votantes de Pensilvania que coincidía con su nombre, edad y dirección.

Los investigadores policiales señalaron que hasta el momento no han encontrado ninguna evidencia en redes sociales ni en otros escritos de Crooks que puedan ayudar a conocer el motivo del intento de asesinato. En el registro de la vivienda de sus padres, donde Thomas vivía, se encontró material explosivo. También en el vehículo que solía conducir. Crooks trabajaba en un asilo de ancianos a menos de un kilómetro y medio de la casa de su familia.

JAPÓN, ECUADOR, ESLOVAQUIA... «LA VIDA POLÍTICA ESTÁ MUY POLARIZADA»

A «toro pasado», reconoce José Luis Hernández Garví, «puede sonar un poco exagerado, pero fue así». Cuenta que días antes del intento de asesinato de Donald Trump, él mandó un mensaje a un grupo de Whatsapp que comparte con varios amigos. Lo hizo horas después del último debate entre el republicano y el actual presidente de EEUU, Joe Biden. Les decía: «En algún momento van a atentar contra Trump».

En conversación telefónica con este reportero, Hernández Garví se explica con más detalle. «Cuando fue presidente, Trump nunca sufrió un intento de magnicidio, a diferencia de casi todos sus predecesores, desde el primero hasta casi el último, ya que Biden tampoco lo ha sufrido, salvo que no haya trascendido, que cabe la posibilidad. Yo tenía esa sensación de que pronto le iba a llegar. Conociendo la historia de ese país, para mí no ha sido ninguna sorpresa, al contrario. Para mí es una tradición».

Magnicidio, el libro de Hernández Garví, está aupado en España como uno de los que mejor aborda y narra el fenómeno de los atentados a dirigentes estadounidenses a lo largo de la historia del país, desde James A. Garfield, asesinado a tiros en Baltimore en julio de 1881, al de John Fitgerald Kennedy, tiroteado en Dallas, en noviembre de 2013.

Durante la conversación con Crónica, Hernández Garví recuerda también cuando a Barack Obama le enviaron una carta con ántrax durante su presidencia, o cómo una avioneta se estrelló, burlando todos los sistemas de seguridad, contra el jardín de la Casa Blanca con Bill Clinton dentro de su residencia oficial.

Para explicar por qué pudo actuar así Thomas Matthew Crooks, el autor de Magnicidio señala que, a su juicio, en «casi todas las sociedades occidentales la vida está muy polarizada, con una sensación de enfrentamiento continuo entre simpatizantes de uno y de otro lado».

Recuerda los últimos ejemplos: en mayo pasado, el primer ministro de Eslovaquia recibió cinco tiros a quemarropa, pero consiguió salir con vida; en julio de 2022, Shinzo Abe, ex primer ministro de Japón, fue asesinado a tiros mientras participaba en un acto en favor del candidato actual de su partido; en agosto de 2023, durante un mítin, murió abatido el candidato a la presidencia de Ecuador Fernando Villavicencio. «Lo estamos viendo en países donde no existe esa tradición magnicida», insiste Hernández Garví.

«EN BÚSQUEDA DE FAMA EFÍMERA»

Sin embargo, dado que la investigación sobre el magnicidio de Trump todavía está en fase embrionaria, Hernández Garví señala que hay que saber los condicionantes concretos del atentado para poder para sostener conclusiones. «Habría que distinguir entre dos clases de magnicidios en EEUU», se aventura a clasificar.

«El magnicidio organizado por una conspiración que lo que intenta es un dar golpe de Estado, y la opción del lobo solitario. En esta segunda categoría, la razón está en la propia nación de EEUU, que genera muchas frustraciones. Eso de no poder alcanzar el tan manido sueño americano causa una desazón profunda en mucha gente».

José Luis Hernández Garví, autor de 'Magnicidio', con una foto de Thomas M. Crooks, el joven que quiso matar a Trump.
José Luis Hernández Garví, autor de 'Magnicidio', con una foto de Thomas M. Crooks, el joven que quiso matar a Trump.ANTONIO HEREDIA

El escritor, afincado en Madrid, también afirma que en la sociedad actual «las redes sociales influyen mucho». «Si Thomas Matthew Crooks, que parecía un joven inadaptado, estaba en búsqueda de fama efímera, las redes son un aliciante más para cometer atentados de ese calibre. Saben que su rostro va a dar la vuelta al mundo en cuestión de segundos o minutos, aunque ellos ya estén muertos, como fue su caso. Algo parecido sucede cuando se da alguna matanza en el país, donde algún perturbado mental ha llegado a retransmitir en directo su masacre. Si a todo eso sumamos que en EEUU existe la tradición al derecho libérrimo de portar armas, tenemos el caldo de cultivo perfecto».

«AHORA TENGO OTRA VIDA»

El francotirador Santiago Sánchez fue juzgado en la Audiencia Nacional en noviembre de 2016. Se le acusó de los delitos de depósito de armas de guerra y tenencia ilícita de armas. Aficionado al tiro olímpico y con título de vigilante de seguridad, había grabado todos los simulacros de atentado que había llevado a cabo durante cinco años, hasta que se le detuvo en 2014, cuando el Real Madrid lo denunció tras recibir del propio Santiago una comunicación sobre la inseguridad que afectaba al club.

La Sección Primera de lo Penal, presidida por el juez Fernando Grande-Marlaska, hoy ministro del Interior, consideró que debía absolverlo. Sánchez publicó en Youtube varios reportajes con los simulacros de magnicidios. El 12 de octubre de 2012 se alojó en la habitación 432 del hotel Palace de Madrid, cuya ventana da a la plaza de Neptuno, donde se hallaba la tribuna desde la que don rey emérito, don Juan Carlos, presidía el desfile militar de la Fiesta Nacional. Sánchez se deja ver en el vídeo con pasamontañas, con armas cortas y rifles de precisión con mira telescópica. La sentencia dice que eran réplicas no aptas para el disparo. Desde la ventana, grabó en vídeo a todas las altas personalidades del Estado que acudieron a presenciar el desfile en la tribuna y colocó una diana sobreimpresionada sobre la imagen del rey.

Un año después, aprovechando la misma celebración, Sánchez repitió la operación. Alquiló la misma habitación y, portando un rifle con mira telescópica, simuló disparar contra Felipe VI, que presidía, como Príncipe de Asturias, la parada militar. También grabó aquella escena, que luego fue publicada Youtube. También puso en la diana a la princesa Leonor, heredera de la Corona, y otras personalidades que asistieron al acto. Finalmente, fue absuelto.

Hoy, cuenta Santiago, está alejado de aquello. «Llevo otra vida que no quiero desvelar», dice. Pero insiste: «Yo hubiera aniquilado a Trump».