CRÓNICA
la lucha fuera del ring

Tania 'Sweet' Álvarez y su cruzada para seguir boxeando: "Para La Velada del Año de Ibai sí que hay marcas, pero por una deportista profesional no apuestan"

Sueña con ser campeona del mundo, pero fuera del cuadrilátero, la catalana de 23 años debe pelear cada día contra el alquiler, las facturas y una indiferencia que duele más que un gancho

La boxeadora se ha proclamado campeona de España y tres veces de Europa en el último año.
La boxeadora se ha proclamado campeona de España y tres veces de Europa en el último año.CEDIDA POR TANIA ÁLVAREZ@banlie.arts
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En la esquina izquierda...Tania Álvarez Alter, la boxeadora más joven en conquistar y defender tres veces el título europeo del peso supergallo (menos de 55,38 kg) y la primera española en pelear en el Madison Square Garden. En la otra... un rival sin nombre, pero con demasiados rostros: el precio del alquiler que golpea como un directo al estómago, la gasolina convertida en un jab constante, el coste de una dieta de alto rendimiento y los uppercuts disfrazados de facturas médicas, suplementos, material y sesiones de fisioterapia.

Fuera del cuadrilátero, el eterno combate de la catalana de 23 años ha sido siempre por conseguir financiamiento. Por eso empezó a limpiar casas con solo 16. Por eso también aceptó un trabajo como recepcionista en el Gimnasio Castellbisbal, donde entrena. Por eso cambió su apodo de boxeadora de La Violencia a Sweet Tania, con la esperanza de que el nuevo seudónimo atrajera patrocinadores. Y por eso mismo, hace diez días, mientras la Unión Europea de Boxeo la reconocía como la mejor campeona del año 2024, lanzó una campaña en la plataforma GoFundMe para recaudar fondos.

«Sigo sin llegar a fin de mes porque con lo que gano en los combates aquí en España no es suficiente para vivir de ello», resume a Crónica.

La idea vino de los más de 50.000 seguidores que acumula en Instagram, quienes le pidieron un medio para poder ayudarla a financiar su carrera profesional. Pero después de una travesía cargada de gloria y con un horizonte aún más brillante, considera que es surrealista —casi trágico— tener que seguir tocando puertas para sostener sus guantes en lo más alto.

«No me siento cómoda teniendo que pedir dinero, lo he hecho porque mis propios seguidores me han pedido que lo haga, porque el apoyo que me falta por parte de las instituciones, sí lo tengo con la gente que me sigue».

"Con lo que cobro, no me da para vivir"

La «Tania de fuera del ring», como ella misma se describe, no tiene nada que ver con la que se sube a la lona. Su voz es tranquila, suave, como si hablara desde una calma inalterable, y cada pocas frases se le escapa una risa tímida que desentona —o más bien desconcierta— si se piensa en su estilo dentro del cuadrilátero: agresivo, frontal, demoledor. El mismo que le ha hecho conseguir 13 victorias y solo una derrota desde su debut profesional en 2021. «Juego con estas dos personalidades. Con lo tranquila que soy, me subo al ring y me transformo en una persona completamente distinta», detalla.

Creció en Sant Esteve Sesrovires, un pequeño municipio de la provincia de Barcelona. Si se pudiera definir su vida como un combate, sus primeros pasos en el deporte serían como los asaltos iniciales, esos en los que se mide al rival. Probó natación, ballet, voleibol, balonmano, fútbol, hípica, gimnasia y zumba. Pero nada terminaba de convencerla. Hasta que, a los 14 años, se cruzó con el boxeo. «Me acuerdo de salir y quitarme los guantes. Tenía los brazos temblando y una sensación de liberación, de decir que lo había dado todo entrenando. Ahí fue cuando dije: "Quiero seguir sintiendo esto"».

Los siguientes rounds consistieron en compaginar su nueva pasión con los estudios.

«Iba en transporte público hasta el gimnasio cada día. Y todo esto estudiando. Había días que me pasaba entre tres y cinco horas en el tren para poder ir a entrenar. Haciendo mis deberes en el tren, pasándome las tardes en el gimnasio». También tuvo que convencer a su familia de que este era el camino que quería seguir por el resto de su vida. Y aunque fue difícil, lo logró: «Todos se sorprendían. No entendían por qué me gustaba, pero los amigos de verdad y la familia terminaron apoyándome. Al final, veían con la ilusión que yo entrenaba, que competía, y eso les encantaba», comenta.

El sacrificio no tardó en dar frutos: de sus ocho combates amateur, ganó siete y empató el restante, una racha que dejaba claro que ya estaba lista para dar el salto al profesionalismo. Y vaya que lo estaba. Sus buenos resultados la llevaron al principal escenario de combate en Nueva York, donde han peleado referentes como Muhammad Ali y la inquebrantable Amanda Serrano. Y aunque el resultado no fue el esperado, ya que perdió con la australiana Skye Nicolson, supo que aquel momento sería el giro en su carrera.

«Fue un grado de motivación para mí misma. En tan solo un año y medio he conseguido proclamarme campeona de España y tres veces de Europa», menciona. Pero la experiencia también le permitió anhelar una realidad diferente a la suya. «Vas a Estados Unidos y ves cómo viven el boxeo, la afición que hay, los escenarios en los que organizan los campeonatos, la televisión, cómo se implica el público. Aquí prácticamente tienes que rogarle a la gente que venga a ver un combate».

Para saber más

Hoy, tiene dos grandes sueños. Dentro del cuadrilátero, busca convertirse en campeona del mundo junto a su entrenador, Toni Moreno, y hacer del boxeo su vida.

Fuera de las cuerdas, su único anhelo es «vivir tranquila y feliz». Aunque este deseo se ve empañado por la dura realidad económica: «con lo que cobro, no me da para vivir. Mi equipo invierte y pierde dinero, yo cobro una miseria. A los que hay que poner colorados es a las instituciones públicas, a los ayuntamientos, a las marcas que no quieren trabajar conmigo porque me dedico al boxeo», cuestiona, en referencia a quienes la han rechazado por el deporte que practica.

«Es que luego también es muy hipócrita, porque, por ejemplo, para La Velada del Año que hace Ibai, para que los youtubers se peguen exactamente igual que yo hago, sí que hay marcas detrás. Pero en cambio, por una deportista profesional aquí en España, por ella no apuestan».

A pesar de todo, Álvarez seguirá peleando. Así como ha demostrado a lo largo de su carrera que no hay fuerza capaz de derribarla, seguirá, empujada por el mismo deseo de superación que la llevó a alcanzar lo que muchos consideran inalcanzable. «Eso es lo bueno que yo tengo tanto en el deporte como en la vida: que, por mucho que me tires, a mí me da igual; no me condiciono. Estoy ahí para aguantar los golpes y contragolpear».