CRÓNICA
Agresiones en Japón

Tokio a la caza de los pervertidos 'chikan' que también agreden sexualmente a hombres en el metro

El aumento de los casos de agresión y acoso ha motivado la organización de patrullas ciudadanas preventivas y hasta la creación de una 'app' para "repeler manoseador". Se señala a la cultura japonesa por trivializar lo que es un delito

Los vagones repletos de Tokio, como éste, juegan a favor de los agresores.
Los vagones repletos de Tokio, como éste, juegan a favor de los agresores.Christophe EnaAP
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Kenzo todavía se sorprende cuando recuerda lo que le ocurrió hace un par de meses en el metro de Tokio, en plena hora punta, en la Línea Ginza que atraviesa el corazón financiero de la capital japonesa. "Un hombre mayor me metió mano por debajo del pantalón", cuenta este veinteañero. "Íbamos como siempre en el metro, completamente aplastados. Noté que el hombre de detrás se restregaba, pero pensé que era cosa de lo abarrotado que estaba el vagón. Hasta que sentí que me tocaba por debajo de la chaqueta. Luego, bajó más su mano". Kenzo se giró y se encontró con su agresor. "Era más mayor que mi padre. No grité ni le increpé. No hice nada. Simplemente me aparté un poco".

El joven, que se graduó el año pasado y está haciendo prácticas en una empresa financiera, explica que aquella fue la primera vez que él fue víctima de una agresión sexual, pero que varios amigos suyos, tanto chicos como chicas, han sufrido episodios parecidos en el transporte público de Tokio. "En Japón utilizamos un término, chikan, para describir a los pervertidos que acosan y agreden en trenes y metros. Las mujeres siempre son las principales víctimas, pero los hombres jóvenes también lo sufrimos", asegura Kenzo.

Los datos oficiales le dan la razón. Uno de cada seis hombres que utilizan los servicios ferroviarios de la capital japonesa denuncia haber sido víctimas de algún tipo de acoso o agresión sexual. Esto es lo que apunta una encuesta publicada el año pasado por el Gobierno Metropolitano de Tokio, que reveló que el 15,1% de los usuarios varones del tren en la capital habían vivido alguno de estos episodios. Entre las mujeres, la cifra se dispara al 54,3%. Un editorial de Asahi Shimbun, uno de los periódicos con mayor tirada de Japón, subraya que ese porcentaje masculino desafía la idea arraigada de que estas agresiones se dirigen casi exclusivamente a mujeres.

Se han realizado varias protestas en contra de las agresiones sexuales en el transporte público.
Se han realizado varias protestas en contra de las agresiones sexuales en el transporte público.Policía Metropolitana de Tokio

En los vagones atestados, el anonimato juega a favor del agresor y el silencio social, a menudo, lo protege. La encuesta también desveló que una proporción muy significativa de víctimas, hombres incluidos, no denuncia. Otra investigación más amplia sobre acoso sexual realizada por el Gobierno japonés hace un par de años, apuntaba a que casi el 80% de los jóvenes que sufrieron acoso sexual no lo reportó a las autoridades competentes.

Conocemos el testimonio de Kenzo porque este chico forma parte de grupos de jóvenes voluntarios que colaboran con el Departamento de la Policía Metropolitana de Tokio en patrullas preventivas. Algunos recorren estaciones en busca de comportamientos sospechosos; otros reparten folletos explicando cómo usar Digi Police, la aplicación oficial contra el acoso.

La app es sencilla y directa. Al abrirla, un botón rojo: "repeler manoseador". Al pulsarlo, se envía una alerta geolocalizada a la policía. La petición de socorro también llega a otros usuarios que se hayan descargado la aplicación y que se encuentren en ese momento a pocos metros de la víctima. Esta tecnología, señalan los investigadores, intenta suplir lo que durante décadas, en una sociedad tan conservadora como la japonesa, fue una mezcla de vergüenza y miedo ante denuncias presenciales en estas situaciones.

Sexualización de mujeres muy jóvenes

Las campañas contra los chikan de Tokio han llegado hasta el barrio de Akihabara, la cuna de la electrónica, el manga, el anime y la cultura otaku. Aquí nacieron los primeros maid cafés a comienzos de los años 2000, que popularizaron la idea de que las camareras atendieran a los clientes vestidas como sirvientas de estilo victoriano o inspiradas en personajes de ficción. Estos locales, donde los clientes son recibidos como "amos" o "amas", siempre han estado envueltos en polémica porque su estética predominante -uniformes que evocan a la adolescencia, comportamientos muy infantiles y perversas dinámicas de sumisión- contribuyen a la sexualización de mujeres muy jóvenes y a la normalización de estereotipos.

Trabajadoras de estos maid cafés de Akihabara también han salido a la calle para repartir folletos frente a la estación de metro denunciando las agresiones sexuales que ellas sufren en el transporte público. "Por favor, ayúdennos a erradicar el abuso sexual", denunciaba un cartel en una de sus protestas, en la que también animaban a las víctimas a usar la aplicación Digi Polici.

Algunos de los afectados crearon la 'app' Digi Police para notificar casos de abuso y acoso sexual.
Algunos de los afectados crearon la 'app' Digi Police para notificar casos de abuso y acoso sexual.Policía Metropolitana de Tokio

El problema es que la propia cultura en Japón empujó hace décadas a trivializar lo que en realidad es un delito. Un reportaje publicado en 1999 por la revista estadounidense Wired explicaba que en Tokio no era difícil encontrar máquinas expendedoras que vendían bragas usadas de colegialas, cómics que fantaseaban con tocamientos en el metro, incluyendo mapas de las mejores estaciones para cometerlos, así como revistas vendidas en los quioscos donde se publicaban imágenes de agresiones sexuales reales.

Hoy el fenómeno ha mutado, pero no ha desaparecido. Una investigación de la BBC destapó la existencia de clubes donde hombres pagan por recrear la fantasía de acosar y agredir a una mujer. Estos lugares están llenos de habitaciones que imitan la estética de un vagón de metro tokiota. Incluso se escucha la vibración sorda del tren al arrancar, reproducida por altavoces ocultos. Algunas de esas fantasías no se quedaban en el teatro: la cadena británica también identificó grupos de Telegram con miles de miembros de estos clubes que compartían consejos y vídeos de agresiones reales.

La Policía de Tokio lleva tiempo luchando contra estos delitos. Actualmente, los trenes en hora punta cuentan con vagones exclusivos para mujeres y, además de los voluntarios, hay agentes femeninas encubiertas que patrullan las estaciones tratando de dar caza a los chikan, especialmente en la temporada de exámenes, en lo equivalente a la selectividad en Japón, que cae a mediados de enero.

"Cada año, en esas fechas, abundan las publicaciones anónimas en redes sociales que animan a abusar de estudiantes en los trenes porque van apuradas al examen crucial y, si denuncian tras ser agredidas, podrían llegar tarde a la prueba", explica un portavoz de la Policía metropolitana, añadiendo que, en estas situaciones, existe desde hace dos años un protocolo por el que el examen se repite a la víctima.

Tokio y su impecable orden urbano presumen de ser una de las ciudades más seguras del mundo. Y lo es en muchos indicadores. Pero esa postal pulcra se resquebraja bajo tierra. En el subsuelo, en esos vagones donde apenas cabe un suspiro, donde los cuerpos viajan comprimidos hasta borrar cualquier frontera física, miles de personas -mujeres y también hombres- siguen viajando con el cuerpo en tensión. En las estrechas horas punta (de 6:00 a 9:00 horas), cuando los vagones parecen latir como una sola masa humana, el anonimato se convierte en coartada y el silencio en aliado. Es ahí, en ese trayecto rutinario hacia la oficina o la universidad, donde el chikan sigue encontrando refugio.