PREGUNTA. ¿Cómo va a ser el concierto en el Movistar Arena?
RESPUESTA. Siempre es un escenario especial y tenemos preparado un concierto especial. El show es completamente nuevo y hemos añadido más canciones.
P. ¿Qué tal os acoge el público madrileño?
R. Siempre es fantástico y lo fue así desde el primer día. Nuestro concierto del primer disco lo hicimos en la Sala Costello y ya estaba llena.
P. ¿Qué sientes cuando te tiras al foso con la multitud en los conciertos?
R. Siempre intento guardarme un ratito para saltar con la gente ahí abajo. Es mi pequeña porción de vivir un rato el concierto siendo uno más. Además, en ese momento dejo que la gente cante y yo me quito de en medio. Es bonito celebrar ahí con ellos.
P. ¿A qué suena vuestro nuevo single "Dolor y gloria"?
R. Para mí suena a disculpa, a reconocer errores y a alegato de humanidad. Soy consciente de los errores que cometo y hay que saber pedir perdón.
P. ¿Es un guiño a Almodóvar?
R. Totalmente, es una película que me encanta. La canción no habla de la película, pero sí que tiene una temática común.
P. ¿Preferís tocar en grandes recintos o en lugares más pequeños como el Teatro Real?
R. Esa es una pregunta a la que nunca sé responder. O sea, no puedo elegir. El concierto en el Teatro Real fue una de las experiencias más maravillosas que hemos tenido. Pero la semana pasada dimos un concierto multitudinario en Valencia y fue increíble.
P. ¿Quién te enseñó más del oficio?
R. Pues mira, hay mucha gente que me ha enseñado muchísimas cosas a la que no he conocido nunca como Jeff Buckley o Luz Casal, en el caso de Luz he tenido la inmensa suerte de conocerla, incluso de poder cantar con ella. Pero aprendo no sólo a nivel musical sino cómo tratar la música desde la honestidad para no tener que ser siempre lo que esperan de uno o sobre la forma de tirar para adelante con todas las consecuencias sabiendo que puedes dejar de gustar a alguien.
P. ¿Lleváis encima esa carga de tener que gustar a todo el mundo?
R. No. Obviamente, siempre piensas en el público. Pero si hiciéramos los discos para contentar a la gente habríamos hecho todos nuestros discos como los dos primeros. Sin embargo, hemos tomado distintas direcciones, sabiendo que molestaría a alguna gente y acabamos gustándole a otra. En cualquier caso, siempre procuramos escucharnos a nosotros mismos y ser honestos para hacer el disco que queremos hacer, porque, al final, somos nosotros los que subimos ahí a tocar esas canciones.
P. ¿Qué disco fue ese punto de inflexión en vuestra carrera?
R. Yo diría que 'El amor de la clase que sea', que salió en un momento en el que dejábamos un sello independiente para firmar con una multinacional. Y entre el cambio de discográfica, la pandemia y que teníamos un disco, yo creo que no tan radicalmente diferente a lo que veníamos haciendo, pero por lo visto sí, fue un salto al vacío. Lo más cómodo habría sido sacar algo que fuera muy en la onda de lo que veníamos haciendo. Sin embargo, hicimos el disco que teníamos dentro y el que necesitábamos hacer. Y, en sus primeros meses, fue el disco más criticado de la banda. Y, con el tiempo, resultó ser el que más nos cambió la vida.
P. Dice Loquillo: «Soy el señalado, el ungido, el portador de la palabra. Soy lo que queda, el último clásico». ¿Cómo se definiría Rafa Val?
R. Pues todo lo contrario: no soy ni el elegido de nada ni el ungido por nada ni mucho menos un clásico. En nuestro caso, las canciones están muy por encima de todos nosotros. Mientras que alguien se acuerde de ellas y las cante de vez en cuando...
P. ¿Es cierto que antes de cada actuación cantáis un tema de La Pantoja?
R. Eso es así. El bajista Jess Fabric la cantaba en la prueba de sonido y empezamos a cantarla con él. Y se convirtió en un ritual bastante extraño. Es importante el añadido que vino con los años que es darnos un beso. Nos besamos todos los que estamos en el círculo y nos deseamos buena suerte. Ahora, en el círculo seremos unas veintipico personas.
P. ¿Qué hace un rockero cuando le toca ser el presidente de la comunidad de vecinos?
R. Espero no serlo nunca. No sabría hacerlo bien. Es que no sé cuál es la supuesta vida de un rockero. Yo tengo una vida bastante normal y corriente como la de cualquier otra persona.
P. ¿Qué hay de aquello de sexo, drogas y rock and roll?
R. Yo me levanto, me tomo un café en pijama, voy al gimnasio y resuelvo mis tareas perfectamente anodinas y sigo con mi vida.
P. Me estás desmitificando la leyenda que hay en torno a los músicos.
R. No soy un ejemplo de eso, pero no quiere decir que no exista. Me gustaría decirte que me estoy bebiendo una botella de Jack Daniel's y que acabo de venir de un after, pero es que no es verdad. [Ríe]
P. El otro día entrevisté al grupo Ultraligera y se quejaba de que las drogas legales son las mismas que hace 30 años y estaban a favor de experimentar con la ayahuasca y el LSD. ¿Qué opinas?
R. No tengo una opinión. Yo, en tanto que fumador y bebedor ocasional, te diré que debería dejar de fumar y deberían prohibirlo y deberían prohibir las apuestas y el alcohol. Pero mientras que estén ahí, pues supongo que seguiremos haciendo uso de ellas. Nunca he experimentado con la ayahuasca ni la tengo mitificada. Por suerte, soy capaz de escribir canciones sin ella.
P. Vuestro álbum se llama 'Hecho en tiempos de paz', que suena irónico con el panorama actual que tenemos, ¿no?
R. Sí, éramos conscientes. De hecho, nos preocupaba herir según qué sensibilidades, pero pensamos que no venía mal difundir la palabra paz. Nosotros sí que encontramos nuestra pequeña parcela de paz en una casita en la Sierra de Albacete, en la que estábamos aislados. Si todo el mundo busca su pequeña parcela de paz, estará predicando con algo que parece imposible en este mundo roto.
P. Afirmaste que éramos demasiado buenos con los que mandan y salíamos poco a quemar contenedores.
R. Aquello fue bastante sonado. Aguantamos demasiadas cosas y expresamos poco nuestro descontento. No hace falta quemar contenedores, pero deberíamos salir y decir que estamos hartos más a menudo. Creo que hay desencanto general con un montón de temas, no en este país, en todo el mundo, y lo enseñamos poco.
P. El presidente Pedro Sánchez es fan vuestro. ¿Qué le dirías si fuese a uno de vuestros conciertos?
R. Lo mismo que a cualquier persona que paga su entrada. Muchas gracias y espero que nos sigamos viendo.
P. ¿Cuál es la clave para seguir los cuatro juntos en el grupo?
R. El amor, que suena muy manido y todo lo que tú quieras, pero es real. Nos queremos más ahora que antes. Y el respeto, que a veces está basado en meternos con nosotros y hacernos bromas. A veces, la falta de respeto es nuestra manera de expresar respeto.
P. ¿Por qué discutís?
R. Tenemos discusiones sanas acerca de tal portada y tal canción, pero no nos peleamos. No tenemos ego. Ninguno de nosotros quiere colgarse la medalla de nada ni nadie quiere ser el líder supremo de la banda ni nadie cree que sea un genio. Somos cuatro tíos a los que les encanta hacer canciones y salir a tocar.
P. Un poco de ego tendréis. Además, tú eres cantante y guitarrista, o sea, tienes que tener ego por partida doble.
R. Yo siempre fui guitarrista, lo de cantante me vino con esta gente. Entonces no tengo ese chip instalado de frontman ni necesito ser un imán de miradas.
P. Pero sí que contáis con un fenómeno fan importante. ¿Qué es lo más loco que han hecho por vosotros?
R. ¡Guau! Unas cuantas. Gente que se coge un vuelo desde no sé qué parte del mundo para venir exclusivamente a un concierto en España. En 12 años eso ya me parece bastante locura. Y nos han dejado notas en la casita del monte donde vamos a componer.
P. ¿Os tiran sujetadores en los festivales como antaño?
R. No, ni falta que hace. [Ríe] Alguna vez nos han tirado camisetas, pero sujetadores no.
P. ¿Es difícil ser fiel con tanta legión de fans dispuestas a todo?
R. En mi caso no lo es. Soy perfectamente fiel y no me cuesta ningún trabajo. Tengo una relación muy sana y muy bonita.
P. Sois muy buenos con los temas de rupturas amorosas. ¿Alguna ex pareja os lo ha echado en cara ?
R. Creo que no, pero puede haber pasado y lo entendería perfectamente. No debe ser fácil escuchar una canción en la que se habla de tu relación.
P. ¿Sentís que la crítica os castiga por haber tenido éxito?
R. ¡Que va! No hacemos los discos para la crítica. La crítica es muy buena opinión, como hay 350.000 más que no hay que desatender. Siempre hay que escuchar todas las que vengan con buena fe, no las que van a destruir.
P. ¿Os ofendió aquel comentario de la revista Rockdelux de que eráis un grupo de pseudoindie, vulgar y mediocre?
R. En mi caso no, porque no era una crítica musical o sea, de hecho, eso dice más del crítico que de la crítica. Me parece una estupidez de un nivel que ni siquiera voy a entrar a calificar.
P. ¿Os han despreciado alguna vez por ser de Murcia?
R. No, despreciado, pero sí minusvalorado, no como músicos, sino como murcianos. Una vez me preguntaron: «¿Tenéis escaleras mecánicas allí?». Eso sí me sonaba a descalificación, pero también tenemos sentido del humor y hemos aceptado ser el Lepe de esta época. Ahora se nos ha empezado a valorar mucho y la gente habla muy bien de Murcia.
P. ¿Os preocupa convertiros en algo que de jóvenes criticabais?
R. Todos somos hipócritas por naturaleza. Todos hemos despreciado algo que nos ha acabado gustando tiempo después y al contrario. O sea, seguramente hagamos muchísimas cosas que hemos criticado de otros solistas hace 20 años o hace cinco días. Pero es muy sano cambiar de opinión y de manera de ver el mundo.
P. ¿Qué os da más miedo ahora mismo: fracasar o acomodaros?
R. Si tengo que elegir, acomodarnos. Fracasar es una palabra que tiene también muchas aristas. Acomodarnos, en tanto en cuanto dejar de divertirnos con esto.
