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Olivier Assayas: "Lo que más me asusta no es Trump, sino la impotencia de los demócratas frente a él"

El director francés compone en El mago del Kremlin un retrato de la ascensión del líder ruso al poder como paradigma actual del asalto de la extrema derecha a las instituciones democráticas

Jude Law y Paul Dano en un momento de El mago del Kremlin.
Jude Law y Paul Dano en un momento de El mago del Kremlin.MUNDO
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Olivier Assayas (París, 1955) llegó al cine por la escritura. Hijo del guionista y director Raymond Assayas, alias Jacques Rémy, su primer trabajo consistió en sustituir (o ayudar, según se mire) a su padre en la confección de guiones para la televisión. De ahí, pasó a crítico para la revista Cahiers du Cinema. Y de ahí, a escribir uno a uno sus propios guiones con un gusto por la literatura detectable tanto en la precisión de la palabra como en el modo en el que la elegante y precisa puesta en escena se amolda al fluir mismo de la narración, del diálogo, de la palabra dicha. Ahora, un paso más allá, adapta un texto ajeno, un texto esencialmente político. Según la novela homónima de Giuliano Da Empoli y con la ayuda para su adaptación de Emmanuel Carrère, se cuenta, de la mano de un personaje ficticio inspirado en Vladislav Surkov, la transformación de Rusia y del mundo desde la Perestroika a la llegada de, en efecto, Putin.

"Venía de estar centrado excesivamente en mí mismo. Mi película anterior, Tiempo compartido, trataba sobre mí y sobre mi familia en tiempos de encierro y pandemia. Y el proyecto anterior, la serie Irma Vep, también tenía mucho de autobiográfico al ser una transposición de una película mía anterior", dice el director, se toma una pausa y sigue: "De tanto en tanto, siento la necesidad de asomarme al mundo. Lo hice en Carlos, sobre el famoso terrorista de los años 70, y volví a hacerlo en La red avispa. Cuando mi amigo Da Empoli me ofreció adaptar su novela El mago del Kremlin no me lo pensé mucho. Se me abrió una oportunidad y sentí la obligación de hacerme cargo".

Sea como sea, y más allá del protocolario origen del proyecto, que ahora se estrena tras su presentación en la pasada edición de Venecia, lo que sedujo a Assayas no fue tanto ni el personaje protagonista ni la propia figura de Putin que permanece detrás (o delante, según se mire), sino lo que uno y otro representan. "No se trata de una historia sobre un personaje, sino sobre los métodos que les encumbraron y que son los que ahora mismo nos tienen a todos rehenes", dice. Para situarnos, la película arranca en la Rusia de los años 90. En el fragor del hundimiento del imperio soviético, un joven que responde al nombre de Vadim Baranov y al que da vida Paul Dano encuentra los modos de estar siempre en medio. Y en los medios. Primero como productor de televisión, luego como consejero de imagen, más tarde como gurú y finalmente como casi todo a la vez. Su gran creación tiene un nombre: Putin, encarnado más allá de la perfección por Jude Law. Pero como si de una nueva versión de Frankenstein se tratara, no hay manera de controlar al monstruo una vez que cobra vida y, sobre todo, poder.

"Las estrategias que llevaron a Trump y al extrema derecha al poder fueron ensayadas previamente por Putin"

"En verdad, de lo que habla El mago del Kremlin", sigue el director, "es de la transformación moderna de la política. Y no solo en Rusia. La Rusia de Putin de algún modo inventó el poder del algoritmo. Lo creó él. Y ahí se encuentra el principio de todo, ahí de definieron las herramientas modernas de la guerra cultural en internet, de la guerra cultural, que es una guerra política. Putin es fascinante en la medida que encarna la estrategia del nuevo poder antes de Trump. Miradas con distancia, las estrategias que llevaron a Trump al poder fueron ensayadas previamente en Rusia".

No es la primera vez que Assayas se ocupa del poder de internet para transformar el mundo y el propio concepto de realidad. Ya en Dobles vidas (2018), el argumento de marras lo ocupaba todo. "El digital", reflexiona Assayas, "ha cambiado nuestra relación con la verdad. Internet es un sujeto activo y responsable de todo tipo de conspiraciones, noticias falsas y simples mentiras. Eso se puede vivir como la desgracia que es, y abandonarse a un lamento nostálgico por los viejos tiempos, o aceptarlo como un hecho. Y darle explicación. Lo que ha cambiado es el sentido mismo de la ficción que acaba por ser más verdad que lo que entendemos por realidad". Y continúa: "No en balde, la ficción es un resultado directo de nuestra experiencia del mundo. Cuando escribes o inventas una escena, has experimentado esas emociones, piensas a través de ellas. Y eso independientemente de que el punto de partida sea la realidad. De hecho, el problema de internet es que se pierde esa referencia con el mundo. Se trata, por tanto, de identificar los ámbitos en los que la ficción es cierta y no una herramienta de manipulación y mentira".

Hasta aquí la teoría. ¿Y cómo contempla lo que ahora mismo sucede en Estados Unidos y en el planeta como, a decir de usted y su película, consecuencia de lo ideado por Putin y su gente? "La verdad es que lo que está ocurriendo me tiene obsesionado. El segundo gobierno de Donald Trump está resultando mucho más monstruoso de lo que nadie pudo imaginar. Es un proceso parecido al vivido con Putin. Da pánico. Estamos presenciando el triunfo de un poder antidemocrático en el país que siempre se ha asociado a la libertad de expresión. Pero con todo, lo que más me asusta no es el propio Trump, sino la impotencia de los demócratas. Viendo lo que estamos viendo, uno esperaría una estrategia, que se hiciera algo o que alguien se lo planteara al menso... Pero nada. Ves a los países democráticos que están paralizados, atemorizados".

Pausa larga.

"En la película hay una escena basada en hechos reales en la que el régimen de Putin elimina un programa satírico de televisión. Recuerdo que cuando la planeamos y la filmamos, la planteamos como el límite al que un poder autocrático puede llegar. Pero lo asombroso es que eso mismo lo hemos visto con Jimmy Kimmel o Stephen Colbert en Estados Unidos. Son los mismos métodos que luego ha usado la extrema derecha. Esa censura es un poco como el canario en la mina. Es la señal de que algo va muy, pero que muy mal". Y al llegar aquí el director amante de las letras, exige menos literatura y más acción.

En la película se dice que Putin es el más peligroso de los políticos vivos. ¿No cree que se expone demasiado con una película asi?
Estoy convencido de ser el último en la lista de Putin de enemigos a eliminar.