Luís Montenegro ha ganado muchos enteros en los 13 meses que lleva al frente del Gobierno de Portugal a pesar de la fragilidad parlamentaria de su Ejecutivo. Casi nadie apostaba por él, ni siquiera en su partido, antes de la sorprendente crisis de Gobierno que estalló con la dimisión del primer ministro socialista, António Costa, en noviembre de 2023.
Abogado de formación como su padre, político profesional desde los 24 años, diputado nacional durante cinco legislaturas, líder parlamentario delPartido Social Demócrata (PSD) de 2011 a 2017 (durante los duros años de recortes por el rescate de Portugal y las exigencias de la troika)... Durante ese periodo, apoyó firmemente la puesta en marcha de un riguroso programa de austeridad fiscal negociado por Portugal con la Unión Europea, el BCE y el FMI a cambio de un paquete de ayuda financiera. Fueron los duros años del rescate que los portugueses aún recuerdan de forma muy dolorosa..
Nacido en Oporto en 1973 y crecido en Espinho, Montenegro consiguió liderar su formación en su segundo intento -perdió en 2000 frente a Rui Rio y consiguió la Presidencia del PSD por fin en 2022-.
Cuando Costa dimitió y el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, convocó elecciones anticipadas para marzo de 2024, el PSD no tuvo tiempo para reaccionar y le presentó como candidato, a pesar de que hasta entonces no había tenido experiencia de Gobierno.
Montenegro se presentó como un hombre "eminentemente tranquilo, inalterable y previsible", según un dirigente que lo conoce bien. Con ese perfil aburrido pero fiable y con pocos, pero firmes compromisos, ganó las elecciones por la mínima al impulsivo dirigente socialista Pedro Nuno Santos, que también se estrenaba como cabeza de cartel.
Desde su toma de posesión en abril de 2024 y a pesar de su debilidad parlamentaria -sólo ha tenido el apoyo de 80 diputados de los 230 que tiene la Asamblea de la República-, Montenegro ha cumplido sus principales compromisos, con lo que ha consolidado su imagen de fiable.
No se desdijo, por ejemplo, de su promesa de no pactar con Chega -partido de la derecha radical socio de Vox en Portugal-, con el que ni siquiera negoció su investidura.
Un acuerdo entre el centroderecha y la derecha dura de André Ventura, que sí trató de negociar, le habría dado mayoría absoluta y probablemente ahora no habrían tenido que repetirse las elecciones. Pero Montenegro prefirió mantener su "no es no" a Chega y sufrir en cada encrucijada parlamentaria.
Durante su año al frente del Gobierno, el primer ministro de centroderecha "ha recompensado a los olvidados de la etapa de António Costa", explica a este diario el consultor de Comunicación Política Octávio Lousada: ha subido el sueldo de los médicos, los profesores, los funcionarios, ha mejorado el poder adquisitivo de las pensiones y ha bajado los impuestos -el IRPF, Sociedades y, sobre todo a los menores de 35 años-. Con esas medidas, "«ha habido menos conflictos sociales en las calles en el último año", continúa Lousada.
Todas estas medidas, sumadas al hecho de que la impresión general de los ciudadanos es que el Gobierno "no ha tenido casi tiempo" para ejecutar su programa y sus promesas, han conseguido que los portugueses refuercen su confianza en un líder político tranquilo y alejado del showman que sí representa, por ejemplo, el candidato de la extrema derecha de Chega.
En el anverso de la moneda, la imagen de Luís Montenegro ha sufrido un intenso desgaste desde que distintos medios de Comunicación -desde Correio da Manhã hasta Expresso- comenzaran en febrero a desvelar el supuesto conflicto de intereses que existía entre la empresa privada que fundó hace años -Spinumviva- y su actividad como primer ministro.
La Fiscalía General de la República ha abierto una "investigación preventiva" sobre estos negocios, pero el caso judicial ni siquiera ha avanzado hasta su imputación.



