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A finales de 2020, cuando Japón mantenía una de la políticas de confinamientos más estrictas de la pandemia, en YouTube aparecieron una serie de vídeos promovidos por un nuevo partido político, el Sanseito, que defendía que el Covid, las vacunas, las mascarillas y los encierros formaban parte de un siniestro plan de las élites globalistas. Estas, jugando con el miedo a un virus manipulado desde un laboratorio, pretendían controlar a la población mundial inyectando microchips a través de los sueros.
Poco a poco, según avanzaba el hartazgo de muchos japoneses por los largos cierres y aplicaciones de rastreo, los vídeos se fueron haciendo más populares. Detrás de muchos de ellos, como cara más visible, se encontraba un reconocido político llamado Sohei Kamiya, quien había hecho carrera en el gobernante Partido Liberal Democrático (PLD).
Después de fracasar en la carrera para ser candidato de la formación conservadora en las elecciones generales, Kamiya, quien pertenecía al ala más dura del PLD, la que lideraba el ex primer ministro Shinzo Abe, decidió montar su propio partido, que obtuvo su primer escaño para el Senado en 2022. En las elecciones legislativas de 2024, logró tres escaños en el Parlamento.
El domingo se celebraron de nuevo elecciones para renovar la mitad de los 248 asientos de la Cámara Alta. La sorpresa fue la irrupción del Sanseito de Kamiya ganando 14 escaños y colocándose como la tercera fuerza de la oposición, avanzando a la primera línea política desde el espacio marginal que ha ocupado hasta ahora en la cuarta economía del mundo.
Kamiya (de 47 años), ex reservista de las Fuerzas de Autodefensa, ha capitalizado muchos votos de los votantes de derecha hastiados de las políticas fracasadas de la coalición gobernante liderada por el PLD, que ha perdido la mayoría de la cámara en estos comicios.
La actual crisis por los elevados precios del arroz, un alimento fundamental en la dieta japonesa, ha pasado mucha factura al primer ministro Shigeru Ishiba. Pero los analistas locales sostienen que el mayor éxito del Sanseito ha sido convencer a los japoneses, sobre todo a hombres de entre 30 y 50 años cabreados con los partidos tradicionales, de que se avecina una "invasión silenciosa de inmigrantes" en un país en el que los residentes extranjeros apenas representan un 3% de una población de más de 120 millones de personas.
Una campaña que nace de la flexibilización de algunas políticas migratorias del Gobierno en un momento en el que Tokio necesita cada vez necesita más mano de obra extranjera debido al envejecimiento del país: alrededor del 30% de la población tiene 65 o más años.
Durante la campaña, Kamiya explicó que se había inspirado en la figura de Donald Trump para presentar su eslogan "¡Los japoneses primero!" También ha cargado contra la comunidad LGTB y contra las "engañosas" políticas feministas. En un discurso, llegó a decir que las mujeres deberían quedarse en casa cuidando de sus hijos.
El líder ultra, que se ha declarado públicamente fan del "estilo político audaz" de Trump, es ahora el rostro de un partido en auge que ha pedido que se rompa la Constitución pacífica de la posguerra y defiende viejos eslóganes de la época imperial que justifican la expansión de Japón por otros rincones de Asia para extender su dominio.
Una serie de polémicos mensajes que ha ido lanzando sobre todo por redes sociales en una campaña muy bien coordinada, evitando el escrutinio directo de los medios tradicionales, muy críticos siempre con el bautizado como el 'Trump japonés'.

