INTERNACIONAL
Europa en guerra

Deconstruyendo el plan de Trump: un texto indefinido lleno de concesiones a Rusia y mal redactado

Washington presiona a Kiev para que acepte antes del jueves su plan de 28 puntos mientras Europa prepara una anternativa contrarreloj

Zelenski, antes de grabar su discurso a la nación.
Zelenski, antes de grabar su discurso a la nación.AP
Actualizado

El tratado de paz que se firme para ponerle fin a esta invasión sangrienta de Ucrania determinará si Europa se encuentra ante una posguerra o una preguerra. De momento, este texto nos coloca más cerca de lo segundo. No hay diferencia alguna entre cómo el Kremlin proponía desmantelar Ucrania en las conversaciones de Estambul en 2022, en las de Riad en 2025 y en el plan actual. En ese sentido, la Rusia de Putin ha sido coherente. Pero la novedad es que ahora cuenta con la complicidad de Donald Trump. Si no acepta el texto, EEUU cortará toda entrega futura de armas y la ayuda de inteligencia a Ucrania. "A Zelenski tendrá que gustarle y aprobarlo", dijo ayer el presidente de EEUU.

Con el paso de las horas, y tras la filtración rusa del documento de 28 puntos para la paz en Ucrania, se van conociendo más detalles de la propuesta, elaborada por dos hombres de negocios ajenos a la diplomacia y la política: Steve Witkoff, ex promotor inmobiliario y enviado de Trump para Oriente Próximo, y Kiril Dmitriev, director del fondo soberano de Rusia. El texto dejaría indefensa a Ucrania ante un futuro ataque ruso y le otorgaría a Putin y sus criminales de guerra una inmunidad judicial total.

Redactado en ruso

Los que dicen que el acuerdo parece redactado en el Kremlin quizá no exageren: el reportero Luke Harding, del diario The Guardian, comprobó ayer que el texto completo o alguna de sus partes fue redactado originalmente en ruso, ya que la traducción en inglés del cirílico incluye errores típicos de transcripción como el tercer punto: «Se espera que Rusia no invada los países vecinos y que la OTAN no se expanda aún más». La construcción pasiva «it is expected» es inusual en inglés, pero es un calco directo del ruso.

El punto más controvertido, y que resulta intragable para Ucrania y Europa, es otorgarle el control de la región de Donetsk aún no ocupada a Rusia (punto 21): ayer mismo, la representante de Ucrania en la ONU rechazó el acuerdo, pero Zelenski se mostró más críptico después: «Ucrania podría enfrentarse a una decisión muy difícil: o bien perder su dignidad o correr el riesgo de perder un socio clave, o bien aceptar 28 puntos difíciles o bien afrontar un invierno extremadamente duro, el más duro de todos», afirmó el presidente en un mensaje a la nación.

«La próxima semana será difícil. Habrá mucha presión, tanto política como informativa, para dividirnos», siguió el presidente de Ucrania. «Propondré alternativas, pero definitivamente no le daremos al enemigo motivos para decir que Ucrania no quiere la paz». Friedrich Merz, canciller de Alemania, se mostró contrario al plan con el siguiente argumento: «La línea de contacto debe seguir siendo la base de cualquier negociación», en referencia a la entrega total de Donetsk a Rusia. Y Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, resumió ayer la postura de la Unión: «El plan europeo tiene dos puntos: primero, debilitar a Rusia; segundo, apoyar a Ucrania». Europa (Macron, Merz, Starmer y Von der Leyen) busca a contra reloj una versión alternativa del texto para convencer a Trump de lo inaceptable de la propuesta de Witkoff. Tienen hasta el próximo jueves, fiesta de Acción de Gracias en EEUU, que es el día que Donald Trump ha elegido como ultimátum. "Él tendrá que aprobarla. Es muy triste. El mes pasado perdieron 25.000 soldados. No hemos visto nada parecido desde la Segunda Guerra Mundial", reiteró ayer Trump. .

Punto por punto

El primer punto del acuerdo dice: «La soberanía de Ucrania será confirmada», pero en el resto de 27 puntos, el documento se esfuerza en derrumbar esa soberanía. Por ejemplo, en el punto 7, el acuerdo dicta: «Ucrania acepta incluir en su Constitución que no ingresará en la OTAN, y la OTAN acepta incluir en sus estatutos una disposición que impida la futura adhesión de Ucrania». Es decir, que Ucrania ya no será soberana para decidir sus alianzas militares, ni su propio marco educativo (punto 20): «Ucrania adoptará normas de la UE sobre tolerancia religiosa y protección de minorías lingüísticas». Incluso, en el punto 6 se limitan sus fuerzas armadas en 600.000 soldados (actualmente tiene 850.000).

El punto 3, por ejemplo, es tan vacío como absurdo: «Se espera que Rusia no invada a países vecinos y que la OTAN no se expanda más». ¿Cómo que «se espera»? ¿Qué clase de compromiso es ese? No sólo suena a bronca infantil de una profesora a su alumno más revoltoso, sino que compra la narrativa rusa (la expansión de la OTAN) sin contar lo que en realidad fue: un realineamiento voluntario de los países del Este con una alianza defensiva para que Rusia no volviera a engullirlos.

El acuerdo marca también la obligación de que Ucrania celebre elecciones en 100 días tras la firma del acuerdo (punto 25), una de las exigencias rusas que considera ilegítimo el Gobierno de Zelenski, pese a haber salido democráticamente de unas elecciones mucho más limpias que cualquiera de las celebradas en Rusia en los últimos 25 años.

Algunos puntos pueden tener sentido, como el 19, o sea, que la central nuclear de Zaporiyia funcione bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y alimente de electricidad a la Ucrania libre y a la ocupada, pero otras son directamente una prolongación de la propaganda rusa, como el punto 20, que dice: «Toda ideología y actividad nazi deberá ser rechazada y prohibida». El asunto de la desnazificación siempre fue una excusa del putinismo para deshumanizar al pueblo ucraniano en la invasión. Que la Casa Blanca compre este marco mental a estas alturas resulta, cuanto menos, sorprendente.

El texto es deliberadamente indefinido en un punto (el número 5) clave para Ucrania: Kiev recibirá garantías de seguridad fiables, pero impone que ningún ejército extranjero ponga un pie en el país, es decir, que con ese enunciado reventaría todos los planes de la llamada «coalición de los dispuestos» comandada por el primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente galo, Macron. EEUU se compromete a ofrecer esas garantías de seguridad, pero a la vez, en el texto, se dice explícitamente que no habrá ejércitos occidentales en Ucrania. Entonces, ¿cómo piensa defender Washington esas garantías?

En ese mismo asunto de las garantías de seguridad, EEUU asegura que busca un marco parecido al del Artículo 5 de la OTAN para proteger a Kiev de otra invasión rusa: «EEUU declara que un ataque armado significativo, deliberado y sostenido por parte de Rusia a través de la línea de armisticio acordada hacia territorio de Ucrania se considerará un ataque que amenaza la paz y la seguridad de la comunidad transatlántica. En tal caso, el presidente de EEUU, en ejercicio de su autoridad constitucional y tras consultas inmediatas con Ucrania, la OTAN y sus socios europeos, determinará las medidas necesarias para restablecer la seguridad». El problema de este punto es que se parece bastante a los compromisos ya existentes firmados en el memorando de Budapest de 1994, firmado con Rusia y EEUU, y que no se han respetado.

El punto 8 alcanza el paroxismo de la indefinición: «Cazas europeos serán estacionados en Polonia». Ya hay cazas europeos en Polonia, pero, ¿significa eso que no pueden estacionarse en los países bálticos, por ejemplo? Más bien parece que Rusia prohíbe a Ucrania contar con su flota de F16 y Mirage, además de los cazas aliados que pueda adquirir, en suelo ucraniano, otro punto que resultaría inadmisible para Kiev.

Pérdidas

El Instituto de Estudio de la Guerra asegura que «la asistencia militar occidental oportuna y suficiente, junto con la venta de armas a Ucrania y medidas económicas firmes por parte de EEUU y otros países occidentales contra Rusia, permitiría a Ucrania infligir mayores pérdidas en el campo de batalla a Rusia y, por lo tanto, desafiar la teoría de la victoria de Putin. En cambio, el plan de paz propuesto cede toda la influencia occidental y ucraniana a Rusia».

Bridget Brink, la anterior embajadora de EEUU en Ucrania, escribió en su cuenta de X: «Este plan es impensable para Ucrania y socava la seguridad nacional de Estados Unidos. Apaciguar a los dictadores nunca logra una paz duradera. No funcionó en 1938, y no funcionará ahora». Jessica Berlin, analista del Centro para el Análisis Político (CEPA, en sus siglas en inglés), cree que este plan «está diseñado para ser rechazado, de modo que Moscú y los aislacionistas estadounidenses puedan decir: 'Ofrecimos la paz; Europa la rechazó'».