INTERNACIONAL
Guerra en Europa

La 'guerra híbrida' rusa tensiona Polonia y obliga a desplegar al ejército

Varsovia se ve obligada a desplegar el ejército para vigilar las infraestructuras civiles ante los sabotajes a las vías férreas

Un hombre camina bajo la luz de una excavadora durante las horas de apagón en Kiev, este miércoles.
Un hombre camina bajo la luz de una excavadora durante las horas de apagón en Kiev, este miércoles.AFP
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En Polonia han entendido que la guerra de Ucrania también se libra en las vías férreas polacas y sobre sus aldeas fronterizas. La Fiscalía polaca investiga como terrorismo al servicio de Moscú una serie de sabotajes llevados a cabo este mes contra la línea Varsovia-Lublin, uno de los corredores que conectan directamente con la frontera ucraniana y por donde circulan trenes con ayuda militar y miles de pasajeros cada día. Los sospechosos no son agentes rusos, sino ciudadanos ucranianos que, según las autoridades polacas, trabajaban para los servicios de Inteligencia de la Federación Rusa a cambio de dinero, a menudo pagado en criptomonedas mediante canales informales como grupos cerrados de Telegram. Los autores materiales huyeron y los cómplices salieron libres por falta de pruebas o se les han imputado delitos menores.

En Polonia, donde se sienten el siguiente objetivo ruso tras Ucrania, una palabra se propaga con mal augurio: hybrydowa. Porque estas dificultades a la hora de afrontar esta guerra híbrida han tensionado la política y la relación entre fuerzas de seguridad y organismos judiciales. El país se ve obligado a desplegar tropas para vigilar la infraestructura civil. Sin necesidad de un ataque formal, el país está ya a la defensiva.

Varsovia ha anunciado el despliegue de miles de soldados para proteger "infraestructuras críticas" -vías, puentes, refinerías, nodos energéticos- como respuesta al patrón de sabotajes atribuido a Rusia. En medios polacos se habla de la operación Horyzont, que implica la participación sistemática de las Fuerzas Armadas en la protección de la retaguardia.

Todo esto en medio de la incertidumbre sobre el rumbo que tomará la guerra el año que viene. El Kremlin confirmó este miércoles que el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, visitará Moscú la próxima semana mientras los esfuerzos para encontrar un consenso para poner fin a la guerra cobran impulso.

SABOTEADORES 'LOW COST'

A principios de este año, la Agencia de Seguridad Interior (ABW) había detenido al menos a 44 personas sospechosas de espionaje o sabotaje para Rusia o Bielorrusia en Polonia desde el inicio de la guerra a gran escala. Entre ellas se encontraban rusos, bielorrusos, ucranianos y polacos. Grzegorz Cielak, experto en prevención antiterrorista del Collegium Civitas, cree que los servicios rusos cada vez lo tienen más difícil "bajo su propia bandera", pero que tienen un gran margen de presión sobre ucranianos, pues pueden chantajearlos a través de los familiares que viven en territorios ocupados. Así, estos saboteadores aceptan cantidades "ridículas" de dinero.

Cuatro ucranianos, antiguos residentes del Donbás ocupado por Rusia y afincados en Polonia, fueron detenidos en relación con el caso. Uno de los detenidos fue imputado, pero por ocultar documentos, incluidos pasaportes rusos. Hay un claro malestar de la agencia de seguridad interior porque la Fiscalía liberó por falta de pruebas a tres de los detenidos que habían transportado a los sospechosos, lo que se presenta como un choque entre servicios y jueces en plena guerra híbrida. En Rzeczpospolita, un mando de la ABW se desahogó diciendo que si las pruebas no bastan "que atrapen ellos mismos a los espías". Desde la Fiscalía puntualizan que ninguno de ellos ayudó a sabiendas a los saboteadores.

Varios expertos en seguridad consultados indican un salto cualitativo: Rusia experimenta con una "fase cero", ataques de baja intensidad que no justifican una respuesta militar directa, pero desgastan al adversario y causan tensiones internas. Más allá del daño material, el objetivo de estos sabotajes es múltiple. Por un lado, ralentizar el flujo de armas y suministros que cruzan Polonia hacia Ucrania.

Mariusz Brzozowski, ex funcionario de los servicios especiales, señala que "tenemos miles de kilómetros de vías". Por eso cree que tan importante como la Defensa es la capacidad de recuperación: "Lo decisivo es cuánto tardas en restaurar el funcionamiento tras un ataque, más que la ilusión de blindarlo todo".

Polonia acoge a una de las mayores comunidades ucranianas de Europa, y el apoyo a Kiev ha sido hasta ahora una política de Estado. Pero los saboteadores identificados son ucranianos, y eso alimenta un discurso que ya explotaba la extrema derecha: los refugiados como riesgo de seguridad. Varios observatorios de desinformación polacos detectan que, en redes sociales, muchos comentarios culpan más a "los ucranianos" en general que a los servicios rusos en la sombra. Exactamente el tipo de fractura social que Moscú busca. Además, sirve para cimentar la narrativa rusa de que muchos ucranianos en realidad quieren liberarse de un régimen que los somete y de una Europa que se aprovecha de ellos.

Mientras Moscú responde acusando a Polonia de "rusofobia", Darrell Blocker, ex jefe del centro de entrenamiento de la CIA, especialista en lucha antiterrorista, explica al medio Onet: "No tengo ninguna duda de que detrás del daño a la infraestructura ferroviaria polaca están los rusos. Este tipo de acción está tan cerca de lo que llamaríamos una declaración de guerra como se puede llegar... sin querer realmente declarar la guerra a la OTAN".