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Kim Jong-un ha sido reelegido secretario general del gobernante Partido de los Trabajadores de Corea del Norte. Una noticia que no pilla a nadie por sorpresa porque forma parte de un teatro orquestado al detalle, un acto ceremonial en un escenario, la novena edición del Congreso del Partido, que funciona más como un acto de propaganda que como un foro de debate.
Los votos, las elecciones del Comité Central y las modificaciones de normas internas anunciadas son gestos cuidadosamente ensayados para mostrar unidad y disciplina, mientras la realidad política interna no cambia: Kim sigue siendo el líder absoluto del país, con control total sobre el Estado, el Partido y el ejército.
El domingo, cuarto día de un cónclave que se celebra cada cinco años, la agencia estatal KCNA informó que Kim fue reelegido y que se realizó una votación para elegir a los miembros del Comité Central, el órgano de poder interno más importante después del líder supremo, aunque sin revelar detalles concretos.
Desde la muerte de su padre, Kim Jong-il, en 2011, Kim ha consolidado un poder monolítico, reforzado en 2019 por cambios constitucionales que lo establecieron formalmente como jefe de Estado y le otorgaron autoridad plena sobre todos los asuntos del país.
"La decisión se tomó de acuerdo con la voluntad inquebrantable y el deseo unánime de todos los delegados", señalaba el comunicado de la KCNA. "Bajo su liderazgo, la disuasión bélica del país, con las fuerzas nucleares como eje, ha mejorado radicalmente".
La agencia reconoció a Kim el fortalecimiento de la capacidad militar del país, afirmando que las fuerzas armadas están preparadas para responder a posibles amenazas y que la capacidad de disuasión nuclear "se ha fortalecido significativamente a pesar de los graves desafíos".
Según los observadores internacionales, el Congreso de este año está sirviendo como un foro en el que Kim está delineando las metas económicas y militares de la próxima década. En su discurso inaugural, el líder describió el periodo anterior como un "período de orgullo en la implementación de la causa socialista con nuestro propio estilo", mientras reconocía desafíos externos, como las sanciones internacionales.
"Hoy, nuestro Partido se enfrenta a las tareas históricas pesadas y urgentes de impulsar la construcción económica y el nivel de vida del pueblo y transformar todos los ámbitos de la vida estatal y social lo antes posible", dijo Kim. "Esto exige que emprendamos una lucha más activa y persistente, sin permitir ni un solo momento de estancamiento".
Durante el Congreso, el cual se desconoce cuando concluirá, los medios estatales citaron la intervención de otros funcionarios de alto rango, como el Ministro de Asuntos Exteriores Choe Son-hui, quien reforzó la narrativa de unidad y disciplina que el régimen busca exhibir frente a su propia élite y a la comunidad internacional.
Con estas reuniones en Pyongyang, Kim busca reforzar su autoridad, reconfigurar la estructura interna del Partido y proyectar hacia afuera la imagen de un país fuerte, resiliente y decidido a mantener su independencia estratégica. Pero Corea del Norte continúa aislada, con fronteras estrictamente controladas y relaciones internacionales limitadas a un puñado de aliados, especialmente con Rusia.
Se espera que, al concluir el Congreso, Kim revele lo que ha llamado "la siguiente fase" del programa de armas nucleares del país. También que se celebre un gran desfile militar, siempre escrutado al milímetro por satélites y analistas internacionales. En muchas ocasiones, estos eventos han servido para presentar nuevos misiles, drones y sistemas tácticos.

