COLUMNISTAS
El mundo en breve

Las características de quienes nos gobiernan: el DAO, 'los Pocholos' y el presidente de Adif

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.CAM
Actualizado

1. El poder de 'Los Pocholos' y aquella Ayuso inicial

En los últimos días hemos sabido que un círculo llamado los Pocholosha venido dirigiendo la política educativa de la Comunidad de Madrid (7,1 millones de habitantes). Es el descubrimiento grupal más alucinógeno tras la poderosísima Banda del Peugeot.

Los Pocholos eran un clan de chicos bien que se regían por su obediencia a un tipo culto y excéntrico llamado Antonio Castillo Algarra. Dramaturgo y profesor de Humanidades, muy barbudo, muy de derechas, muy católico y muy crítico con el PP de centro-centrado, Algarra ha ejercido como gurú de la batalla cultural que Isabel Díaz Ayuso libra con vocación existencial. Y eso es impactante.

El asunto ha acabado moderadamente bien, con la presidenta destituyendo al consejero de Educación pocholo y tirando a la basura su dogmática y chapucera ley universitaria. Pero cuesta no observar una relación entre Algarra y la progresiva deriva identitaria y conservadora de la primera Ayuso.

Si la prioridad es frenar a los profesores rojos asfixiando a las universidades públicas; si lo esencial es combatir a los artistas plurinacionales programando obras del Siglo de Oro en los teatros; si el acercamiento a Milei y al mundo de Trump o el aplauso de Vito Quiles son el mal menor... ¿no será que el antiwokismo se ha convertido en la última y más popular versión de lo woke?

2. Si este era el DAO feminista, qué no pasará en un bar

También hemos sabido que el jefe de la Policía Nacional era un tipo poco presentable. Grosero sin ocultarse. Y esto es poco tranquilizador. Las proclamas de Irene Montero que Pedro Sánchez canibalizó tan pronto son inflamadas y han hecho daño: si todo es violencia, nadie se cree nada -los jóvenes, en primer lugar-.

Pero, como ocurre siempre, también en este feminismo ultra existe un sustrato de verdad: son cada vez menos, pero aún hoy hay hombres en la cúspide del poder, en las élites más selectas, que se conducen públicamente sin respeto hacia las mujeres. Y esos hombres pueden ser muy listos, muy eficaces, ¡muy bien mandaos!, pero no están socialmente capacitados para dirigir una empresa, un gobierno, un partido ni la Policía Nacional. Ábalos, Salazar, el DAO... son demasiados nombres como para no descubrir la mentira tras el telón.

Al otro lado, el PP se escandaliza. Cómo no. Y sin embargo, con las distancias obvias, su gestión de la denuncia contra el alcalde de Móstoles también se resume en el consabido cállate. ¿Tanto cuesta entender que intentar ligarse a una subordinada es siempre un problema en potencia, para ella y para él?

Aunque la pregunta más incómoda es otra: si el DAO ha sido DAO y Salazar, Salazar, ¿qué no puede ocurrir en un bar o en una empresa de camiones?

3. La Fundación Hay Derecho y lo que une a Podemos y Vox

Hace unos días, cuando fue al Congreso para hablar de los trenes, Pedro Sánchez pronunció al menos una mentira comprobable: dijo que la Fundación Hay Derecho había elogiado la profesionalidad del presidente de Adif, cuando en realidad había reprobado su perfil político.

Hay Derecho, que es una organización cívica que dice la verdad duela donde duela, ha lanzado ahora una recogida de firmas para exigir al Gobierno que la dirección de empresas públicas como Adif, Renfe o Aena sea profesional. ¡Qué revolución! El político no gestiona necesariamente mal, pero es más difícil que lo haga bien, porque su interés natural no es el servicio público sino sobrevivir. Y cuando las cosas se tuercen -una tragedia ferroviaria, mordidas, un apagón-, la desconfianza hacia el sistema se dispara.

Así que esa colonización, practicada por el PP pero elevada al máximo por Sánchez, también explica el auge de la antipolítica. ¿Cómo no sentir que asistimos al reparto de un botín? Es cuando aparece el populista y dice que lo arreglará.

Eso ya lo vivimos. Podemos prometió acabar con «la casta» y ahora Pablo Iglesias tiene un chalé y pronto un canal en Movistar+. Las similitudes son tan milimétricas -purgas, guerra a los medios, hambre de poder- que todo indica que Vox acabará igual. Con la diferencia de que el aliado de Santiago Abascal -su jefe, más bien- no está en Atenas ni en Caracas, sino en la Casa Blanca. Y que el chalé se lo compró antes de ser vicepresidente, en 2020.