- Discurso de Xavier Colás El poder siempre es más vicioso que sus contrapesos
- Discurso de Michael Reid El periodismo se ha vuelto más difícil y necesario que nunca
- Discurso de Joaquín Manso EL MUNDO, 35 años como institución periodística de un espacio de valores
Majestad,
La presencia de la Corona, simbolizada hoy en su persona, hace valer su compromiso con lo que significa para todas las personas que hacen EL MUNDO la conmemoración de nuestro aniversario.
Nos permite también agradecerle a Usted aquí, en primera persona, el gesto valiente y reconfortante de la Corona en Paiporta, en aquellos días desoladores para los españoles, haciendo así necesariamente presente al Estado en su máxima expresión, mostrando al mismo tiempo su rostro más humano, cercano y empático, que a todos nos consoló y nos alivió, estuviéramos o no en Valencia.
A todos los afectados está dedicado este acto.
[Saludo a las autoridades]
He dejado para el final al señor alcalde de Madrid, aunque no correspondiera así por protocolo, para agradecerle a él especialmente que en este año diferente y redondo para nosotros ejerza como anfitrión en este edificio de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi que fue, en su inauguración en 1919, la Catedral de las Nuevas Comunicaciones en España. En su hall central se prestaron por primera vez simultáneamente en nuestro país los servicios de correos, de telégrafos y el verdaderamente revolucionario entonces, que era el telefónico, la comunicación instantánea a larga distancia.
La siguiente gran revolución de la comunicación es probablemente la más importante de la historia y se inició 70 años después, precisamente en 1989. Contando hacia atrás desde hoy, son tres décadas y media, exactamente también los que han pasado desde la fundación de EL MUNDO.
"No es atractivo lo seguro, en el riesgo hay esperanza". La máxima de Tácito que iluminaba la primera portada es una buena síntesis de los principios fundacionales de EL MUNDO.
EL MUNDO se presentó el 23 de octubre de 1989 como «un nuevo periódico para una nueva generación de lectores», el que esperaba la sociedad dinámica de la joven democracia española, conectado con la modernidad constitucional y la agenda de valores del siglo XXI. EL MUNDO es, sobre todo, el primero fundado casi enteramente por periodistas, periodistas que no se conformaron ante una injusticia. Aquella simiente contestataria dio como resultado un diario que entiende el periodismo como una forma de vida, un compromiso apasionado con la verdad y un deber ineludible de fidelidad ante nuestros lectores. Y durante 35 años, las exclusivas, reportajes e iniciativas periodísticas más impactantes se han publicado en EL MUNDO para contribuir de forma decisiva a la regeneración de la democracia y a la transformación social del país.
Este es, también, el primer aniversario que celebramos sin uno de nuestros más queridos fundadores. A Víctor de la Serna le debemos muchas cosas, pero sobre todo su decisiva influencia en la evolución del lenguaje periodístico, la introducción del estilo intencionadamente directo y punzante que es la estética de los valores editoriales con los que este periódico defiende de manera radical una concepción integral de la libertad.
Descansa en paz, Víctor de la Serna.
Ocurrieron tantas cosas extraordinarias en 1989 que podríamos decir sin equivocarnos que aquel año se produjo el punto de partida irreversible de la sociedad del cambio. Dos semanas después de la fundación de EL MUNDO, una pregunta impertinente del periodista italiano Riccardo Ehrman desencadenó la caída del Muro de Berlín, el acontecimiento que sacudió para siempre el orden mundial.
Parecerá mentira, pero en 1989 sucedió algo aún más relevante que representa un verdadero salto en la historia de la humanidad. Cuando se fundó el periódico en octubre probablemente no lo supieran, pero sólo unos meses antes, el ingeniero de software Tim Berners-Lee había inventado en el laboratorio de física de partículas de Ginebra la World Wide Web, el hito que puso en marcha el internet comercial y, por tanto, el medio de comunicación e intercambio de información global más poderoso jamás conocido.
Estas nuevas tecnologías de la información han cambiado para siempre las reglas del juego en el sector de la prensa y representan un desafío permanente para su credibilidad y su función social, y también para la sostenibilidad operativa del negocio. Son una oportunidad para llegar más lejos que nunca, una exigencia permanente de innovación y de creatividad, una excitante puerta abierta para contar historias que son más conversacionales, más casuales, más frescas, más accesibles. Historias que no se limitan a contar, sino que muestran.
Internet encierra también el hecho cultural más significativo del siglo XXI, que es el declive de la palabra impresa y, con él, un desplazamiento de la idea de la verdad, piedra angular de las democracias, anegada por un mar embravecido de irrelevancia del que a nosotros nos corresponde rescatarla, precisamente cuando los algoritmos intentan reemplazar nuestra labor de intermediación. El auge de la subjetividad, la sentimentalización de la conversación pública y la proliferación de cámaras de eco han conducido a una crisis del discurso racional, del debate informado y de la política deliberativa.
Sigue siendo nuestra responsabilidad cultivar la confianza en el espacio de la moderación y, sin abandonar la combatividad como indispensable perro guardián, corregir los sesgos que nos empujan a competir hacia el dogmatismo y la polarización.
Todos queremos creer que escapamos de esas etiquetas y muy pocos lo consiguen. No hay peor prejuicio ni idea preconcebida más perniciosa que la convicción de que la desinformación siempre son los otros.
En una de sus mejores columnas con nosotros, Arcadi escribió que "si los hechos del mundo no pudieran describirse a pesar de las convicciones personales, no sólo no habría periodismo, sino que no habría hechos ni mundo". Encontrar la verdad desde nuestro posicionamiento de valores es nuestra obligación intransferible en este momento crítico en el que la mentira goza de una cuota de prestigio social mayor que nunca antes en la historia.
No se trata sólo de lamentar las injerencias de desinformación de los gobiernos autoritarios, sino de advertir de que las mentiras de los gobiernos democráticos son ya una luz roja que anticipa, cada vez con mayor desparpajo, su desprecio por las normas e instituciones, como la propia prensa o los jueces, que ponen límites al poder y le exigen rendición de cuentas.
Nunca había estado tan normalizada la patología de la mentira institucional. Tanto, que ni siquiera llama a escándalo. Se confunde interesadamente un problema real, como es del de la desinformación, con exclusivas tribulaciones políticas o personales para hacer así indistinguibles las certezas de las falsedades. Se habla de regeneración democrática pero se trata, entonces, de sembrar la incredulidad para permanecer inmunes.
Estos premios internacionales de periodismo de EL MUNDO representan nuestro reconocimiento a la audacia y la asunción del riesgo como valores intrínsecos del mejor periodismo. En muy pocos meses habrán pasado 25 años desde que el fanatismo asesinó a José Luis López de Lacalle en su casa de Andoain. Ya son 23 desde que Julio Fuentes fue tiroteado en una curva de la carretera de Jalalabad a Kabul y en abril se cumplieron 21 desde que Julio Anguita Parrado fue alcanzado por un misil iraquí junto a un acuartelamiento norteamericano cerca de Bagdad. El recuerdo de su coraje cívico y de su arrojo es la llama que ilumina nuestros pasos. Ejemplo de sacrificio por la más noble de las causas, que es el derecho a saber de los demás.
En el nombre de José Luis, de Julio Fuentes y de Julio Anguita Parrado, estos premios internacionales galardonan hoy a dos de los grandes periodistas de nuestro tiempo. En el jurado me acompañaron Ana Palacio, Felipe Sahagún, Carlos Franganillo, Silvia Román, Sandrine Morel, Sam Jones y Andrea Nicastro. El secretario fue Víctor de la Serna.
El premio Libertad de Prensa es para Xavier Colás, en representación de todos los periodistas que han sufrido persecución o represalias por informar de Rusia o que han muerto en el ejercicio de su labor. Este galardón se enorgullece del periodismo que, a través del conocimiento de la verdad, construye una conciencia crítica en torno a los valores universales de la sociedad abierta, la razón y la libertad; sobre la autoridad moral de la democracia liberal frente a la bajeza, la brutalidad y la intolerancia de las autocracias. Que nos advierte de que lo que se pone en juego en la invasión de Ucrania es nuestra forma de entender la vida. En Putinistán, la disección más lúcida sobre el régimen de Vladimir Putin que se ha escrito en castellano, Xavier Colás sitúa en ese preciso instante un punto de inflexión histórico: el final de la era posterior a la caída del muro, caracterizada por la confianza en que la guerra nunca regresaría a Europa.
Enhorabuena, Xavier Colás.
El premio a la Mejor Labor Periodística es para Michael Reid, el corresponsal en España por antonomasia. Aquel que por su sabiduría, serenidad y claridad de diagnóstico es capaz de desprenderse de nuestras razones emocionales y de alejarse de nuestras trincheras para así contarnos la verdad que nos sirve para conocernos a nosotros mismos mejor que nosotros mismos. En nuestra decisión ha pesado desde luego su prestigiosa trayectoria en The Economist en nuestro país y antes en América Latina, pero también su libro España, manual de referencia de nuestra escena política, social y económica a la luz de nuestra historia reciente que concluye, finalmente, que Spain is not that different.
Enhorabuena, Michael Reid.
Treinta y cinco años han sido suficientes para consolidar EL MUNDO como la institución periodística de referencia de un espacio de valores, convencido de que ninguna razón hay para no confiar en la recuperación de España como un país moderno y pujante, cohesionado y con voz propia en el mundo. Somos el periódico de la sociedad y de la economía abiertas. Reivindicamos la iniciativa individual, el empuje creativo de la sociedad civil y la igualdad de oportunidades. Somos combativos en la defensa de los derechos fundamentales y la separación de poderes.
También de la Corona como garante de la estabilidad del Estado.
Creemos firmemente en el valor de la verdad como fuente de confianza, imprescindible para el funcionamiento de las instituciones que son la garantía de la libertad y del progreso.
Como nos recuerda Felipe VI, en su discurso en la Colegiata de San Isidoro en junio de 2023: "Democracia es debate, confrontación de ideas y posiciones, pero dentro de un espacio común en el que se comparte la creencia en el valor de la verdad, del respeto y la tolerancia frente al rechazo y la negación del otro".

