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127 horas con el brazo aplastado por una enorme roca. Ese fue el tiempo que Aron Ralston pasó atrapado y solo en una grieta en un cañón perdido en el desierto de Moab, en Utah, hasta que tomó la decisión de amputarse el antebrazo para liberarse así de la implacable prisión de piedra. Cinco días incomunicado, sin poder moverse, sin agua y sin comida, soportando temperaturas de 40ºC durante el día y bajo cero durante la noche, y grabando lo que creía que iban a ser sus últimas horas de vida con una cámara subjetiva...
En una decisión extrema, Aron logró cortarse el antebrazo con la pequeña navaja que llevaba encima, que encima tenía una hoja que no cortaba casi nada - "la que te regalarían tras comprar una linterna", explicaría después. Sin desmayarse escapó del cañón y conservó la adrenalina suficiente para enfrentarse primero a un rápel de 20 m. y luego a los treinta kilómetros que le separaban de su coche hasta que en el camino se encontró con unos senderistas que dieron el aviso a los servicios de rescate. Nada de esto le hubiera ocurrido si hubiera cumplido alguna de las reglas de la seguridad en la naturaleza, o al menos, no hubiera estado tanto tiempo perdido.
El primer error: no decir a alguien la ruta que iba a hacer. Ese es el primer consejo que enseñan en el curso de supervivencia de 24 horas que imparte la escuela Supervivencial. "Nunca hay que salir solo o al menos, hay que evitarlo, porque cualquier tontería que te pase te puede complicar la situación, una torcedura de tobillo, por ejemplo", explica Robert Turcescu, gerente y monitor del curso. "Y si sales solo, siempre hay que decir dónde vas a ir y una duración estimada del tiempo que vas a estar fuera, por si no vuelves en el tiempo previsto, que salte la alarma".
Esta situación la podemos evitar en gran medida si contamos con unos conocimientos básicos de supervivencia en la montaña para saber cómo actuar cuando las cosas se ponen difíciles ahí fuera. "No se trata de vivir en el miedo, sino de no tenerlo cuando haya una emergencia, que la habrá", reza el lema de Supervivencial. Pero que nadie se asuste: no es una escuela con el objetivo de formar a imitadores de Rambo. "Nosotros hacemos supervivencia deportiva y educativa, organizamos sobre todo cursos de 24 horas que no requieren de ninguna preparación previa y donde se aprende de forma controlada, los hacemos en fincas privadas, tenemos los coches cerca...", aclara Robert.
técnicas para situaciones complicadas
Así que tranquilos, tranquilas, no nos soltarán en medio del bosque a buscarnos la vida en plan Los juegos del hambre, al contrario, aprenderemos muchas técnicas que nos resultarán útiles si tenemos que enfrentarnos a una situación complicada, entre otras: hacer un refugio para pasar la noche, a hacer fuego o buscar agua, a preparar el equipo mínimo o a identificar las plantas que son comestibles.
"Puede que en España no haya entornos naturales extremos como la selva amazónica, pero hay casos de emergencia cada día que te pueden afectar", continúa Robert. "Por ejemplo, no has cogido una chaqueta porque vas en coche y te quedas tirado en medio de una carretera secundaria a varios kilómetros de cualquier población a - 8ºC; o estás en una caminata con amigos, uno se tuerce el tobillo y no podéis seguir, cae la noche y estáis lejos de cualquier parte. Estás practicando algún deporte y vas ligero: hay un cambio climático inesperado, incluso una catástrofe (inundación, desprendimiento, incendio...).
Estas cosas pasan, y estamos seguros de que hay habilidades que cualquiera puede aprender y que pueden salvarte la vida". Por eso en Supervivencial han creado este curso de supervivencia de 24 horas de duración, al que se apunta todo tipo de público, desde gente que sale a la naturaleza habitualmente a urbanitas ("después del apagón de 2025 tuvimos mucha gente interesada en hacer los cursos") y hasta familias con niños pequeños.
Le pedimos a Robert que nos adelante algunos de los consejos que enseñan con detalle en el curso y que tenemos que aplicar si nos encontramos en una situación de peligro, como perdernos en la montaña: "Lo primero es no entrar en pánico, que es uno de los mayores enemigos en una situación de supervivencia porque bloquea la toma de decisiones. Una pauta muy sencilla es pararse, literalmente. Lo que más mata es el miedo.
Sin brújula ni cobertura
Cuando te empiezas a poner nervioso, comienzas a andar a lo loco, y te puedes caer en un momento y matarte. Hay que detenerse unos minutos, sentarse si es posible, respirar profundo varias veces y aceptar la situación. A partir de ahí, ayuda mucho aplicar una regla básica de supervivencia: detente, observa, piensa y actúa. Tener conocimientos previos de supervivencia da muchísima tranquilidad, porque sabes que hay opciones y que no todo depende de la suerte. La calma se entrena, y se entrena antes de que ocurra el problema".
¿Y si nos desorientamos en una zona que no conocemos y no tenemos brújula, mapa ni cobertura?... "Lo primero es no caminar sin rumbo. Muchas personas empeoran la situación por seguir andando sin criterio. Si no sabes exactamente hacia dónde ir, lo más seguro es permanecer en una zona relativamente despejada y visible. Observa el entorno: ríos, valles, senderos marcados, líneas eléctricas o pistas forestales suelen conducir a zonas habitadas. Si decides moverte, hazlo siguiendo referencias claras y dejando señales de tu paso".
Y ahora en invierno, que hay más riesgo de hipotermia, si tenemos que pasar una noche en la montaña, ¿qué debemos hacer? "Buscar refugio es prioritario, incluso antes que el fuego. Si no llevamos lona ni equipo, hay opciones: aprovechar una pared rocosa, un árbol caído, una depresión del terreno o incluso una pequeña gruta, siempre comprobando que sea segura. Con ramas, hojas y vegetación se puede crear un refugio muy básico que corte el viento y conserve el calor corporal. No tiene que ser perfecto, solo funcional. Muchas veces, algo sencillo marca la diferencia entre pasar la noche con seguridad o no".
Y, por último, ¿cuál es el kit básico de supervivencia?... "No se trata de ir cargado, sino de ir preparado. Un frontal, algo de abrigo, agua, un silbato, una navaja o incluso una simple manta térmica puede cambiar por completo una situación complicada. Pero tan importante como el material es el conocimiento: saber usar lo que tienes, incluso cuando no tienes casi nada. Eso es lo que enseñamos en los cursos de supervivencia: pensar, adaptarse y mantener la calma". Ya saben, si no quieren estar perdidos 127 horas "ahí fuera", apúntense a este curso de 24.
Curso de supervivencia
· Dónde: en Madrid y Guadalajara y otras zonas de España.
· Con quién: Escuela Supervivencial.
· Consultar fechas en: www.supervivencial.com
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