YODONA
Entrevista

Lucía Yturriaga, activista de la menopausia: "El estigma de que estás acabada como mujer es muy dañino"

La emprendedora que convirtió el climaterio en su cruzada a través de la comunidad Womanhood publica su primer libro: Hace calor y soy yo, donde explica que los famosos sofocos de esta etapa son lo de menos.

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'Hace calor y soy yo' es el grito que necesitábamos, dice su autora, Lucía Yturriaga.
'Hace calor y soy yo' es el grito que necesitábamos, dice su autora, Lucía Yturriaga.Womanhood

Una menopausia complicada se convirtió en la cruzada personal de Lucía Yturriaga (Madrid, 9 de diciembre de 1972). "Aguantar no es el plan" fue su mantra a partir de todos los silencios, tabúes, mitos y respuestas de que eso era "lo normal", incluso de sanitarios muy formados. Pensando en todos los años que le quedaban por delante, se resistió a no tener calidad de vida.

Tras más de 30 años dedicada al mundo del retail, Yturriaga dio un giro a su carrera y se propuso ayudar a las nueve millones de mujeres que están en transición menopáusica en España. Investigó por su cuenta, se rodeó de los mejores profesionales y creó la comunidad Womanhood. "Las hormonas no desaparecen: cambian. Y entender cómo bajan y qué pasa en tu cuerpo es tu mejor arma", explica.

Así descubrió que el fin de la regla no son solo sofocos: afecta al corazón, al metabolismo, al cerebro, al sueño, a los huesos, al deseo y a la salud emocional. Ahora publica su libro Hace calor y soy yo (Grijalbo), una guía directa y sin paternalismos para entender esta etapa -y todo lo que la rodea- desde una mirada moderna, informada y tomando las riendas.

Tu propia experiencia con la menopausia fue un punto de inflexión. ¿Qué fue lo que más te enfadó de lo que te encontraste?
Mi padre es médico, vivo en una gran ciudad y tengo acceso a muchos sanitarios. Y aún así me costó que se me hablara claro. Así que imagínate en los pueblos...
¿Hay discursos dañinos o desfasados incluso en sanitarios?
El estigma de que estás acabada como mujer es muy dañino. El poder de la palabra es enorme y a veces en consulta se puede machacar a una persona por cómo le hablas. El propio concepto de qué es la menopausia se ha explicado muy mal. Aún me encuentro a mujeres de 40 años diciendo que todavía les queda mucho para llegar. La menopausia es la pubertad invertida. Pero, mientras se habla de lo que ocurre en tus hormonas en etapas como esa en la adolescencia o en el embarazo, sobre el climaterio ha habido silencio. Todo está basado en mantenerte joven y se ha visto como el horror.
¿Un mensaje para esas mujeres de las nuevas generaciones que ya acceden a la información?
Si te cuidas antes de los 40 años, tendrás una buena menopausia. Y que no pasa nada: no se acaba la vida.
En el libro evitas mucho ser catastrofista y también edulcorar esta parte de la vida. ¿Por qué crees que estos extremos, que se suelen utilizar en la conversación pública, son perjudiciales para nosotras?
Sí. Al final, conocerte es importante, pero también lo es esforzarte. Las dietas milagro no existen, y tampoco vas a ponerte en forma haciendo ejercicio cinco minutos al día. Hay que trabajárselo: crear hábitos y ser constante si quieres tener calidad de vida. El problema es que vender que todo es fácil hace mucho daño, pero presentar esta etapa como un horror permanente también. No lo es. Se vuelve difícil cuando no sabes qué te está pasando, cuando nadie te lo explica y vas a la deriva, sin herramientas. Pero pensar que no haciendo nada no pasa nada también es un error. Si quieres encontrarte bien, tienes que implicarte.
También hablas de la información rigurosa y aportas herramientas prácticas. ¿Cuál dirías que es el error más común que se comete en esta etapa?
Precisamente el problema es la falta de información y que muchas veces no nos cuestionamos lo que nos dicen: entiendo que no siempre es fácil hacerlo. Se habla mucho de la terapia hormonal de la menopausia y está hipermegademonizada. Nosotras no decimos que sea para todo el mundo, pero sí que hay que informarse. Cuando vas al médico y te recetan un ibuprofeno, no te detallan todos los riesgos: te dicen que tienes dolor o inflamación y te dan algo para tratarlo. Y, sin embargo, todos los medicamentos tienen contraindicaciones. Yo misma, cuando era joven, tomaba la píldora, que también son hormonas, y nadie ponía el foco en los riesgos. En cambio, la terapia hormonal de la menopausia se ha convertido en la gran señalada, cuando muchas mujeres podrían beneficiarse y en España solo alrededor de un 4% la usa o la tiene pautada.
¿Cuál ha sido tu experiencia?
A mí, por ejemplo, la primera vez me dijeron que no podía porque mi hermana había tenido un cáncer hormonodependiente. No me hicieron ninguna prueba. Después, un experto me pidió estudios y valoró mi caso de forma individual; no se limitó a descartarlo en consulta. Por eso creo que también depende de nosotras preguntar: "¿Esto que me están diciendo es normal?". Informarnos y buscar una segunda opinión si algo no nos cuadra.
Durante años pesó mucho aquel gran estudio británico que luego se matizó, pero el miedo parece persistir tanto en profesionales como en pacientes.
Efectivamente, no todos los especialistas (en endocrinología, ginecología, medicina general o interna) están actualizados, y son quienes primero atienden a muchas mujeres que se encuentran mal. ¿Qué pasó? Que se quedaron aquellos titulares. Aunque la FDA ya retiró la advertencia más dura -la famosa black box- sobre la terapia hormonal de la menopausia, muchas mujeres nos siguen contando que su médico se la desaconseja por el riesgo de cáncer de mama. El problema es que el bombo de la noticia negativa no ha sido el mismo que el de la evidencia posterior más tranquilizadora. Y es una lástima, porque nosotras no decimos que sea para todo el mundo; decimos que se pueda elegir con información. Como me recuerda siempre el oncólogo Ricardo Cubedo, médico especialista en el hospital MD Anderson Cáncer Center Madrid, que ha participado en el libro: no es ni mejor ni peor que otros medicamentos. Si leyéramos el prospecto de muchos fármacos de uso común, probablemente tampoco los tomaríamos. Un vaso de vino diario puede ser más arriesgado que la terapia hormonal. Así que sí: hace falta actualización.
¿Crees que existe cierto sesgo de género todavía, aunque afortunadamente está cambiando, en cómo se investigan y tratan estos temas?
Por supuesto que sí. De hecho, antes a las mujeres nos apartaban de los estudios precisamente porque, como teníamos cambios hormonales, desvirtuábamos los resultados. Como no éramos "estables", entendían que no podían sacar conclusiones. Por eso la mayoría de los estudios están basados en hombres. Hace falta muchísima investigación, porque ahora mismo no se sabe, por ejemplo, por qué a unas mujeres nos afecta tanto y a otras no. ¿Qué peso tiene la genética y cuál la epigenética? No se sabe. Hay mujeres asintomáticas. ¿Por qué? Tampoco se sabe.
Normalmente la palabra estrella relacionada con la menopausia son los sofocos. ¿Qué más hay detrás de estos síntomas que muchas veces se invisibilizan?
Para mí los sofocos son incómodos, pero quizá de lo menos importante. Desde los 40 o incluso antes empiezan síntomas que muchas mujeres no identifican. Lo primero que baja es la progesterona: duermes peor, estás más irritable... y solemos achacarlo al estrés. Las hormonas empiezan a descender desde los 35, por eso a algunas mujeres les cuesta más quedarse embarazadas a partir de esa edad. En mi caso, uno de los síntomas que peor llevo es la niebla mental: llegué a preocuparme pensando que podía ser algo neurológico. También está el insomnio, muy infravalorado, y la irritabilidad, que puede ser intensa. Por supuesto, la sequedad vaginal es muy incómoda. Pero debemos prestar mucha atención a la fragilidad muscular, la pérdida de masa ósea y el aumento del riesgo cardiovascular. Son los que realmente van a marcar que tengamos una vejez con independencia. Solo con el cambio hormonal, incluso manteniendo hábitos, el colesterol puede subir alrededor de un 15%.
¿Estamos resignadas las mujeres a sufrir todo este listado que has soltado y no quejarnos?
Yo creo que esto de "hay que aguantar" lo llevamos en las venas desde pequeñas. Incluso con los dolores menstruales. Y no tiene por qué ser así. Cuando empecé con mis reivindicaciones, mi padre, que es médico, me decía: "Pues tu madre aguantó como una jabata". Y yo pensaba: ¿qué necesidad tenemos de aguantar? Nos han acostumbrado a normalizar el dolor. Es mejor saber que tienes herramientas. Yo, por ejemplo, me cuido mucho más que antes. Y me siento mucho mejor, simplemente porque sé que tiene solución.
¿Y si hablamos de prevención?
El primer hábito es una buena nutrición: ser consciente de que tu plato está equilibrado y tiene suficientes proteínas, fibra, grasa saludable, carbohidratos complejos... El segundo, el ejercicio físico. Hay quien te dice fuerza, hay quien te dice cardio... Yo te digo un mix: un plato Harvard llevado al deporte. El tercero es el sueño. Decir que duermes seis horas y es suficiente no es de superwoman. La cultura del sueño es vital, porque es cuando tu cuerpo y tu mente se recuperan. Y añadiría las relaciones sociales. Para mí son importantísimas. Y además cada vez se les está dando más importancia.
Y en cuanto al sexo, ¿qué importancia crees que tiene involucrar a la pareja en esta etapa?
Es vital, muy importante. En mi caso, llegó a pensar que a mí ya no me gustaba. Me daba vergüenza hablarlo. Pensaba: "¿Cómo voy a explicarle sin que se sienta rechazado?". Por un lado, a nivel hormonal te baja la libido sí o sí, porque tienes mucho menos nivel de testosterona. Pero además se junta con el cansancio, con que no te encuentras bien, con que ves que tu cuerpo cambia, te miras al espejo y no te reconoces... y eso afecta muchísimo. Y suele ocurrir que llevas muchos años con la pareja. Esto es lo que le dije a mi marido para no tener que separarnos: contarle lo que me estaba pasando y cómo me sentía. Y él me ha ayudado muchísimo. Hemos reconectado. Es como una reconquista de ese territorio. Es muchísimo mejor hacerlo acompañada que ir por libre.
¿Y dónde crees que está la línea entre visibilizar la menopausia y banalizar esta experiencia?
Hay que tener cuidado porque no todo el mundo está formado, por eso nosotras sólo contamos con expertos en cada campo. Y es verdad que hay gente que cae en el mercantilismo mal llevado. Me parece deleznable subirse a este carro porque sea un nicho. A mí me encanta que haya productos pensados para esto, porque antes no había. Otra cosa es hacer lo mismo y cambiarle la etiqueta, tomándonos el pelo.
¿Qué le dirías a una mujer que no se siente al 100% por la menopausia pero se autoimpone presión?
Yo me presiono a mí misma para hacer deporte, por ejemplo. No me levanto todos los días pensando en hacer una maratón de 20 km; tengo mucho trabajo, cargas, y a veces me apetece más ver una serie. Pero cumplo con unos mínimos. Al final, la presión que te pongas tú misma. Pero que no te la ponga la sociedad. Decidir dónde te quieres mover.
¿Qué papel crees que están teniendo las comunidades como la tuya?
Nos mandan mensajes tan bonitos que dices: "Mira, solo por esto ya ha merecido la pena". Porque, aparte de dar información, también acompañamos. Hay mucha gente muy sola. En un momento en el que históricamente la mujer ha dejado de ser relevante, es muy bonito decir: "Estás aquí y ahora nos vamos a comer el mundo". Es positivo.
Y mirando al futuro, después de escribir este libro y de todo lo que estás viviendo con el proyecto, ¿te gustaría un abordaje diferente?
El gran cambio está en la ciencia. Necesitamos estudios realizados en mujeres. No solo por la terapia hormonal en sí, sino para conocer mejor el funcionamiento de nuestros cuerpos y nuestras mentes con evidencia.
¿La idea más equivocada sobre la menopausia?
Que ya se ha acabado lo bueno de la vida.
¿El hábito más infravalorado y que más ayuda?
Dormir.
¿La pregunta más frecuente que te hagan?
¿Dónde encuentro un buen especialista?

Hace calor y soy yo: la guía más real y descarada de la menopausia

Está editado por Grijalbo y se puede comprar aquí. 288 páginas. 20,80 euros.