CATALUÑA
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Pleno el miércoles

El "acto equivalente" del Parlament con el que Josep Rull complica la investidura de Salvador Illa

El presidente de la Cámara catalana activa mañana el reloj electoral sin que se haya celebrado un primer pleno de investidura

El presidente del Parlament, Josep Rull, el domingo en un acto tradicional de la verbena de San Juan.
El presidente del Parlament, Josep Rull, el domingo en un acto tradicional de la verbena de San Juan.Toni AlbirEFE
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«Acto equivalente a una investidura fallida». Bajo esta denominación, el Parlamento catalán presidido por Josep Rull (Junts) celebra mañana una sesión plenaria que pone en marcha el cronómetro de dos meses para elegir un nuevo presidente de la Generalitat o, en caso fallido, ir a una repetición electoral.

La penúltima astucia del independentismo no modifica el calendario, pero el orden de los factores sí altera el producto. La celebración de un pleno de investidura cuyo plazo máximo llegaba hoy a su fin era la ocasión elegida por Carles Puigdemont para su regreso a Cataluña tanto fuese él el candidato como si lo fuera Salvador Illa. Con la aplicación de la amnistía aún en ciernes, el ex president gana ahora tiempo antes de consumar su prometido retorno.

Con el escrutinio del 12 de mayo aún caliente, el líder de JxCat y el del PSC, partido ganador de los comicios autonómicos, se postularon para una investidura que en ambos casos tiene a Esquerra como pieza más codiciada. Los republicanos, con su caída de 13 escaños, fueron la principal cara de la derrota del 12-M, pero sus 20 diputados son claves en cualquiera de los escenarios abiertos en el tablero de juego catalán. Una situación de pieza angular condicionada, eso sí, por la crisis interna que ha dejado en calidad de provisional el liderazgo del partido hasta que celebre un congreso en noviembre.

A principios de la semana pasada, Illa anunció que iba a pedir «más tiempo» a Rull para intentar conseguir el apoyo de ERC y los comunes, una suma con la que el primer secretario de los socialistas obtendría la mayoría absoluta (68 diputados). Los neoconvergentes dieron también un paso atrás, conscientes de que sus números son inferiores (siete escaños menos que el PSC).

Mientras Illa insiste en que solo existe una posibilidad, la de «la mayoría progresista» con Esquerra y Comuns Sumar [la réplica del tripartito de hace dos décadas], Puigdemont ha exhibido durante estas semanas una aspiración, basada en la ilusoria unidad del independentismo, que contrasta con lo manifestado hasta el momento por ERC y la CUP. Ni los republicanos ni los anticapitalistas conceden hoy sus votos al líder de Junts para una ecuación que igualmente sería insuficiente para ser investido (59 diputados) salvo abstención socialista. Un extremo que Illa se ha encargado de dar por imposible en repetidas ocasiones.

Tras la constitución de la Mesa del Parlament el 10 de junio, en la que el independentismo se aseguró el control con la presidencia y otros tres asientos [por tres del PSC], Rull disponía de diez días hábiles para la convocatoria del pleno de investidura en que el candidato debería conseguir el apoyo de la mayoría absoluta o, en una segunda votación a los dos días, la mayoría simple [más votos a favor que en contra]. Si la investidura no prosperaba, el presidente podría volver a realizar nuevas consultas para proponer de nuevo un candidato en el plazo de dos meses.

"Acto equivalente"

Tras comprobar durante la ronda de entrevistas con los grupos parlamentarios que no había aspirante por falta de apoyos, el jefe del órgano rector de la Cámara confirmó la celebración del «acto equivalente», que ya llevaba unos días flotando sobre el ambiente rescatado por el propio Rull. El único precedente de este mecanismo que no aparece en la Ley de la presidencia de la Generalitat y del Govern se remonta a hace menos de cuatro años, cuando el entonces presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), lo empleó para no designar candidato a suceder al inhabilitado jefe del Ejecutivo Quim Torra (JxCat), a raíz de su desobediencia con la pancarta por los «presos políticos y exiliados» en el Palau de la Generalitat, lo que llevó a la convocatoria de las elecciones del 14 de febrero de 2021.

Los servicios jurídicos de la Cámara lo habían avalado, a principios de 2018, como mecanismo sustitutivo en situación de bloqueo por la situación originada con la imposibilidad de investir a Puigdemont a distancia por orden del Tribunal Constitucional, aunque finalmente no llegó a activarse y el actual secretario general de Junts, Jordi Turull, se sometió a una investidura sin éxito antes de la definitiva de Torra en mayo de aquel año. Ambos casos difieren de la actual coyuntura parlamentaria.

Para dar el paso, Rull arguyó que tanto el PSC como JxCat le manifestaron su voluntad de «explorar la posibilidad de proponer un candidato a la investidura en el transcurso de los dos próximos meses». De este modo, el calendario comenzará este miércoles a pasar páginas con una fecha en rojo, el plazo límite del 26 de agosto para la disolución del Parlament y la convocatoria automática de unas nuevas elecciones, con la probable fecha del 13 de octubre y una campaña que duraría una sola semana.